Puede decirse que este es un signo de los tiempos: Ceos, gerentes, directores, empresarios y bolicheros de diversa magnitud transitan -desde diciembre pasado- desde altos despachos privados a altos cargos estatales. Una migración, hay que decirlo, temporal y, en muchos casos, un cambio puramente escenográfico ya que en algunos casos los resortes del verdadero control ya operaban en poder del sector privado.
Una tendencia muy estimulada en la victoriosa Alianza Cambiemos, que ha sabido ser emulada por movimientos pro vecinales en todos sus estamentos.
No hace falta redundar en esos ejemplos ilustrísimos de Ministros y Secretarios que siguen siendo accionistas -eufemismo administrativo para no decir socio- de empresas del sector cuya repartición debiera o debiese regular. A nivel nacional se puede apreciar un verdadero perfeccionamiento de la custodia de gallineros a cargo de muy connotados zorros.
No hace falta, se insiste, salir a buscar tan lejos si aquí nomás, en este rincón andino patagónico, un viejo y caracterizado planeador de desarrollos del interés y beneficio particular es designado al frente del área administrativa que es el límite natural a los avances sobre los codiciados espacios públicos.
Sin mucho esfuerzo, es para preguntarse cómo quien hace de intendente en ausencia de la titular y sabe ser un fuerte jugador del ámbito legislativo local -sí, allí donde se dirimen proyectos que impactan sobre lo público y común- sigue conservando la conducción de una respetable organización que representa sólo a los socios que la integran. Tal vez el reciente bochorno legislativo de declarar de interés un proyecto que jamás fue presentado ilustre un poco al respecto.
Y con sólo levantar la mirada, se puede hallar a otro actual Secretario municipal nombrado en tal función por sus vínculos empresariales antes que por su trayectoria profesional en el sector o su afinidad política con la mandataria comunal. Algo que la misma parece estar cuestionándose estos días.
Apenas un poco más abajo, es posible dar con otros kioskeros menores, pero lo cierto es que hay que invertir grandes volúmenes de credulidad para abrigar una mínima esperanza de tener en estos hoy funcionarios a cabales defensores de nuestro bien común.