Con la presencia de Lidia Papaleo de Graiver, la viuda de David Graiver, el principal accionista de Papel Prensa, de su hermano Osvaldo, y del ex vicepresidente de la empresa Rafael Ianover, se realizará un acto este miércoles 2 de noviembre a las 18 hs., durante el cual se recordará la venta “a precio vil y bajo tortura” de esa empresa a los diarios La Nación, Clarín y La Razón, durante la última dictadura cívico militar.

De la convocatoria  que tendrá lugar a metros del domicilio legal de Clarín, en el barrio porteño de Constitución, participarán distintas agrupaciones sociales, políticas y gremiales, entre las cuales se encuentran las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, la CTA conducida por Hugo Yasky, la Federación Gráfica Bonaerense, así como Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, la agrupación HIJOS y el periodista y abogado Pablo Llonto, entre otros.

Una novela negra

La historia difundida por Clarín y La Nación dice que para 1976 la mayoría accionaria de la empresa pertenecía a la familia Graiver, con negocios e inversiones en bancos, principalmente y conexiones tanto con los militares como con el grupo Montoneros. El titular del grupo, David Graiver, murió en un accidente de aviación en México, en agosto de 1976 -para algunos, sospechoso-, lo cual aceleró la caída de las empresas del holding, que ya sufría problemas con sus finanzas. El hermano de David Graiver y la viuda -Lidia Papaleo- quedaron a cargo de las empresas.

El 2 de noviembre de 1976, mientras el grupo intentaba desprenderse de otras firmas propias para afrontar deudas, se firmó el traspaso accionario de Papel Prensa a una sociedad llamada Fapel, integrada por los diarios Clarín, La Nación y La Razón (esta última publicación quebraría años más tarde, pasando su porción de las acciones al Grupo Clarín a un precio irrisorio).

El 3 de noviembre de 1976 era la asamblea extraordinaria de Papel Prensa. La farsa estaba armada. Los Graiver, acorralados. Lidia Papaleo y los padres de Graiver habían llegado esa noche a las oficinas de La Nación. Dentro del lujoso despacho, se le indicó a Lidia de Graiver que se ubique en una mesa aparte. Minutos después se sentó con ella Héctor Magnetto, el cual le “recomendó” que “firme o le costará la vida de su hija y la suya”.

Así Clarín, La Nación y La Razón se apropiaron de las acciones de la familia Graiver tan esperadas por ellos, y las cuales servirán para delinear su imperio comunicacional.

Aunque la venta se congela por unos meses, las presiones sobre la familia y allegados, no. A principios de 1977 el Juzgado de Menores paraliza la venta, porque el traspaso de los bienes de David a su hija no estaba concluido. Por esto, Lidia Papaleo termina de firmar los últimos papeles de la transacción el 9 de marzo de ese año, en medio de las constantes amenazas que sufría desde su llegada al país, y los llamados de Juan Graiver (padre de David, cual había sido secuestrado por la Junta dos días antes), pidiéndole por su vida, que culmine la venta. Cinco días más tarde de la firma, Lidia es secuestrada, lo que agudizó el terror.

Entre fines del 76 y principios del 77, el terrorismo de Estado secuestra a Lidia Papaleo, Juan e Isidro Graiver, Ionover, Jorge Rubinstein, Miguel Anchorena, Osvaldo Papaleo, la madre de David, Eva Graiver y dos secretarias privadas. Más de la mitad de la familia y colaboradores son puestos “a disposición” de la Junta Militar. Los centros clandestinos de detención, el Pozo de Banfield y El Puesto Vasco, fueron elegidos para interrogarlos bajo métodos de torturas. Ramón Camps, entonces jefe de la policía bonaerense, “gestionó” las mayorías de las torturas, especialmente en El Puesto Vasco.

Finalmente la Junta genocida decreta la incautación de los bienes de la familia Graiver, por su situación de cautiverio y la teoría de una “vinculación” con la organización Montoneros. “Fui forzada a vender todo. No hubo sugerencias, fue ‘firmás o te mato’(… ) testimoniaría años después Lidia Papaleo de Graiver. “Yo desaparecí y todo el resto (cesión definitiva de los títulos de propiedad de Papel Prensa) sucedió mientras estaba secuestrada. Firmé en La Plata estando desaparecida”.

“Hice los careos con (Jacobo) Timerman y todo lo relacionado con La Opinión estando desaparecida, porque desde el departamento de Policía me llevaban a declarar envuelta en una manta gris, porque estaba totalmente quemada, perdí mis pechos, mi abdomen y también mis genitales durante la tortura y me operaron en la cárcel de un tumor cerebral por los golpes que recibí” relata Lidia Papaleo en el 2009 al directorio de Papel Prensa. Jorge Rubinstein muere en cautiverio por causas de las torturas aplicadas para sacarle información. Juan e Isidro son sometidos también a este horror con el mismo fin, bajo el mando de Camps.

Finalmente Papel Prensa S.A. ya no pertenecía “ni a judíos ni extranjeros”, y estos tres diarios argentinos ya gozaban de la pastera, gracias al “lobby” de la Junta Militar. Estos crudos testimonios y la realidad escalofriante conocida por todos de los años del genocidio, comprueban que sin la participación y presión del gobierno de Videla, esta “venta” no hubiera resultado así.

Julio Saguier, (presidente del directorio de La Nación y de Papel Prensa), brindó una conferencia de prensa, por la cual su abogado (Adrián Ventura) afirmó que la venta de Papel Prensa fue legítima, ya que: “Anchorena (abogado de los Graiver) firmó en conformidad”. En la misma sintonía, Clarín argumenta que: “Graiver muere en un accidente de aviación en México, nunca esclarecido. Su viuda y sucesora, Lidia Papaleo, comienza entonces el procedimiento de venta de sus bienes. Entre septiembre y octubre -del 76- la familia Graiver negocia con Fapel la venta de su parte de Papel Prensa. En noviembre se efectivizó la operación”.

¿Por qué La Nación y Clarín ocultan que la familia Graiver firmó bajo amenazas? ¿Por qué esconden que Lidia y su cuñado no tenía pensado desprenderse de Papel Prensa? ¿Por qué encubren esta trágica historia?

El 15 de agosto de 1978 fue inaugurada la planta de Papel Prensa en la localidad de San Pedro. En la celebración Jorge Rafael Videla participó del brindis y los festejos con Mitre, Ernestina de Noble y Héctor Magnetto, flamantes dueños de la empresa. En su discurso, Videla se explayó sobre la libertad de expresión y fue aplaudido por todos los invitados. Pero, ¿cuál fue el acuerdo implícito de estos empresarios con la Junta? Simple, ya que los militares no se beneficiaban económicamente con la venta, sí se aseguraban de la protección mediática de las atrocidades cometidas. Un contrato de palabra de encubrimiento mutuo.

Mientras en San Pedro celebraban los nuevos dueños de la pastera, la familia Graiver estaba secuestrada y sometida a torturas. Recién tres años más tarde, el 30 de diciembre de 1981 fueron dejados en libertad.