La intendente municipal de San Martín de los Andes viene extremando sus esfuerzos para mantener bajo control -ya que no extinguir- algunos de los focos de incendio que amenazan su gestión.

Aún al precio de dar por vencido un contrato político, como el que le permitió contar con los decisivos votos de la colectora Unión Popular, Brunilda Rebolledo bajó a su máximo referente local, Ricardo Pellico, de la Subsecretaría de Transporte. Promovida por el propio personal afectado a esa área, esta necesaria corrección deja un dato preocupante por lo recurrente.

Se viene escuchando, sintiendo, comprobando una grave falla en la “planta política” que acompaña a la jefa comunal. La situación en otras áreas, como la Delegación del Arenal y algunas Secretarías, así como la enrarecida relación con los trabajadores municipales ensombrecen el panorama del gobierno por un costado especialmente sensible, y las cuentas del rosario de denuncias -internas o públicas- por malos tratos laborales ya son una carga en el cuello del ejecutivo.

Lo llamativo es que la mayor parte de estos conflictos proceden de lo que podría llamarse “fuego amigo”, ya que se originan en la impericia, discrecionalidad y eventual arbitrariedad de los funcionarios responsables “propios”, designados por quien hoy conduce la administración municipal.

Por eso asume especial importancia el gesto de Brunilda de bajar personalmente a la Plaza San Martín, y convocar a una reunión a los Vecinos sin Techo y otras organizaciones, tras haberse pronunciado duramente contra ellas días atrás. En ese encuentro en el salón municipal, las reconvenciones y advertencias se convirtieron en precisiones y respuestas, algunas de las cuales eran el objeto del reclamo de los vecinos organizados.

Al parecer, ante este frente potencialmente combustible, la Intendente cambió el fluido de la manguera y, en vez de nafta, esta vez echó agua.