La mesa está servida

La calidad de lo que comemos, la soberanía alimentaria, los agrotóxicos, la comida transgénica. Especialistas dan su punto de vista.

Paul Krugman, economista.

Estamos en mitad de una crisis alimentaria mundial. Los precios de los alimentos batieron un récord en enero, impulsados por los enormes aumentos de los precios del trigo, el maíz, el azúcar y los aceites. Estos precios desorbitados sólo han tenido un efecto limitado en la inflación estadounidense, que sigue siendo baja desde un punto de vista histórico, pero están teniendo un impacto brutal para los pobres del mundo.

Las consecuencias de esta crisis alimentaria van mucho más allá de la economía. Después de todo, la gran pregunta acerca de los levantamientos contra los regímenes corruptos y opresivos en Oriente Próximo no es tanto por qué se están produciendo como por qué se están produciendo ahora. Y hay pocas dudas de que el hecho de que el precio de la comida esté por las nubes ha sido un desencadenante importante de la cólera popular. (…)

La pregunta, por tanto, pasa a ser qué hay detrás de estas condiciones meteorológicas extremas. Hasta cierto punto, estamos viendo las consecuencias de un fenómeno natural, La Niña, un acontecimiento periódico en el que el agua del Pacífico ecuatorial se enfría más de lo normal. Y los fenómenos de La Niña se han relacionado históricamente con crisis alimentarias mundiales, entre ellas, las crisis de 2007 y 2008.

Pero la historia no termina ahí. No se dejen engañar por la nieve: en conjunto, 2010 está vinculado con 2005 por ser el año más cálido del que se tienen registros, aun cuando nos encontrábamos en un período de actividad solar mínima y La Niña fue un factor de enfriamiento durante la segunda mitad del año. Los récords de temperatura no sólo se batieron en Rusia, sino en al menos 19 países, que representan una quinta parte de la superficie terrestre del planeta. Y tanto las sequías como las inundaciones son consecuencias naturales de un mundo que se calienta: las sequías porque hace más calor, las inundadciones porque los océanos más calientes liberan más vapor de agua.

Como siempre, no es posible atribuir ningún acontecimiento meteorológico concreto a los gases de efecto invernadero. Pero el patrón que estamos viendo, con máximos extremos y en general un tiempo extremo que se vuelve mucho más habitual, es justo lo que uno esperaría del cambio climático.

Por supuesto, los sospechosos habituales se pondrán como locos ante las insinuaciones de que el calentamiento global pueda tener algo que ver con la crisis alimentaria; quienes insisten en que Ben Bernanke tiene las manos manchadas de sangre suelen ser más o menos los mismos que insisten en que el consenso científico sobre el clima es el reflejo de una descomunal conspiración de la izquierda.

Pero las pruebas indican, de hecho, que lo que estamos viviendo ahora es un adelanto de la alteración, económica y política, a la que nos enfrentaremos en un mundo recalentado. Y dada nuestra incapacidad para actuar frente a los gases de efecto invernadero, se avecinan muchas más cosas, y mucho peores.

 

El País, España

Noam Chomsky. Lingüista, filósofo.

El caos que se deriva del llamado orden internacional es doloroso si uno se encuentra en el extremo receptor del poder que determina la estructura de ese orden.

Hasta las tortillas entran en juego en el nada honroso esquema de las cosas. Hace poco, en muchas regiones de México el precio de la tortilla tuvo un alza de más de 50 por ciento. En enero, en la ciudad de México, decenas de miles de trabajadores y campesinos se manifestaron en El Zócalo, la plaza central de la ciudad, para protestar contra el alza en el precio de las tortillas.

En respuesta, el gobierno del presidente Felipe Calderón pactó –con los productores mexicanos y los minoristas– poner un límite al precio de las tortillas y de la harina de maíz, medida que probablemente será temporal.

La amenaza que representa el alza del precio de este producto de primera necesidad para los trabajadores mexicanos y los pobres se debe en parte a lo que podríamos llamar el efecto etanol, una consecuencia de la estampida de Estados Unidos hacia al etanol derivado del maíz como sustituto energético del petróleo, cuyas fuentes principales están, por supuesto, en las regiones que más severamente desafían el orden internacional.

También en Estados Unidos el efecto etanol ha provocado el alza de los precios de una amplia variedad de alimentos, así como de otros cultivos, el ganado y las aves de corral. La conexión entre la inestabilidad en el Medio Oriente y el costo de alimentar a una familia en América no es directa, claro está. Pero, tal como ocurre con todo el comercio internacional, el poder inclina la balanza (…).

En general las grandes potencias están dispuestas a aceptar hasta cierto punto el libre comercio cuando están convencidas de que bajo su protección sus intereses económicos se verán favorecidos. Esta ha sido y sigue siendo una característica principal del orden internacional.

En marzo, durante el viaje que realizó el presidente Bush a América latina, el único logro pregonado fue un acuerdo con Brasil para la producción conjunta de etanol. Sólo que Bush, mientras peroraba su discurso sobre el libre mercado a la manera convencional, insistió vigorosamente en que desde luego perduraría el elevado arancel para proteger a los productores estadounidenses, junto con las múltiples formas en que el gobierno subsidia a la industria.

A pesar de los subsidios agrícolas, financiados por los contribuyentes, el precio del maíz –y de las tortillas– ha ido subiendo rápidamente. Un factor es que los usuarios industriales de maíz importado de Estados Unidos están comprando cada vez más las variedades mexicanas, más baratas, que se utilizan para las tortillas, y esto eleva los precios. El régimen de “libre comercio” aleja a México de la autosuficiencia y lo empuja a la dependencia alimentaria de las exportaciones estadounidenses. Y a medida que en Estados Unidos aumente el precio del maíz, impulsado por el poder corporativo y la intervención gubernamental, cabe anticipar que el precio de los productos de primera necesidad proseguirá su aguda alza en México