El pánico cunde en Francia. Tras el triunfo de Donald Trump y el Brexit, quienes consideraban imposible que el Frente Nacional pudiera ocupar el Eliseo viven con gran preocupación el avance a paso firme del ultraderechista partido liderado por Marine Le Pen. Los sectores privilegiados y el resto de la clase política apuestan a que el sistema de ballotage, ideado hace quince años con el propósito de frenar al Frente Nacional, de obligarlo, si es que llega a obtener la mayoría de los votos, a enfrentar en la segunda vuelta al conjunto de las fuerzas, desde comunistas y trotskistas hasta conservadores de múltiple pelaje, en el entendimiento de que no dudarían en unirse para derrotarlo. Una confianza sustentada en un error: creer que los votos del FN siguen siendo un voto castigo contra un sistema corrupto que se arrodilló ante Merkel y vendió al país. Y si bien esta contingencia no puede descartarse, muchísimos electores están convencidos de que las propuestas de Marine Le Pen son las que más le convienen a Francia, lo que puede darle una victoria contundente en la primera vuelta.

La hija del ultraderechista Jean-Marie Le Pe, es una mujer con una personalidad arrolladora. Una líder nata, capaz de hipnotizar a quienes se detengan a escucharla. Histriónica, brillante, apasionada, sabe que recursos emplear para convencer a los escépticos. Imaginen esta escena. Miles de “patriotas” franceses desocupados viendo a Marine terminar su encendido discurso envuelta en la bandera y cantando a voz en cuello La Marsellesa…

Marine Le Pen, quien milita en el FN desde los 18 años, consiguió en 2011 la presidencia del partido. Su primera medida fue eliminar la imagen fascista que impregnaba  al partido y que su padre había cultivado durante décadas. Luego, expulsó a los militantes nazis y adoptó un  discurso que presentaba al FN como una fuerza nacional y patriótica.

¿Qué propone Marine en su campaña? Reducir la deuda externa y devolveler poder al Banco Central Francés prescindiendo de la gran banca y los mercados internacionales. Salir de la Unión Europea, abandonar el euro y el regreso de la economía mundial al patrón oro. Plantear un férreo proteccionismo que permita la reindustrialización de Francia y fortalecer los servicios públicos. Proteger a las PYMES y defender “los valores republicanos”. También la intervención estatal en todos los grandes sectores de la economía: alimentación, agricultura, energía, transporte. Reafirmar los “valores franceses” y rechazar el multiculturalismo imperante en el mundo anglosajón.

Fuente: Pájaro rojo