En esta sección, invitamos al lector a apreciar cómo se juegan las diferencias en el campo de la información.  Ante un mismo hecho puntual, dos miradas bien distintas destacan aspectos y consecuencias bien diversos.

Grobocopatel cedió el control de la empresa a un grupo internacional

Victoria Capital Partners lideró la inyección en Los Grobo de US$ 100 millones con la CFI, un fondo holandés y otro de la Universidad de Texas; se queda con entre el 70 y el 75%

En lo que constituye la primera inversión internacional en una empresa local de agro en el gobierno de Mauricio Macri, la firma Los Grobo, del empresario Gustavo Grobocopatel, pasará a ser controlada por un grupo inversor de escala global.

Los Grobo, que posee una facturación de US$ 550 millones al año, 1,8 millones de toneladas de originación de granos, 50.000 hectáreas de producción y ventas por US$ 130 millones con su firma de agroquímicos Agrofina, tiene un plan para duplicar su tamaño en cuatro años. En esa línea, a las cuatro de la madrugada de ayer, en un estudio de abogados donde en un momento se quedaron sin toner de tantos papeles para imprimir y fotocopiar, terminó de cerrar un acuerdo con el grupo inversor Victoria Capital Partners por el cual éste y los socios actuales capitalizaron la empresa con US$ 100 millones.

Como la mayoría de ese capital lo aportó el grupo extranjero, en los hechos éste se alzó con el control de entre el 70 y el 75% de Los Grobo.

Victoria Capital Partners es un grupo que se dedica a hacer inversiones de capital de riesgo en Sudamérica y administra fondos en la región por US$ 2000 millones. El 52% del capital que administra es de Canadá y Estados Unidos, hay otro 25% de Europa y el resto proviene de Medio Oriente y Asia. En sus carteras intervienen inversores institucionales como fondos de pensión, compañías de seguros, fondos soberanos, entre otros. Su presidente es el argentino Carlos García. En la firma, en realidad, son siete socios: tres argentinos, tres brasileños y un colombiano. El grupo es la continuación de DLJ, que entre otras cosas hizo inversiones en su momento en Peñaflor, Santillana, Zucamor (cajas de cartón y papel), Satus Ager (semillas en contraestación), entre otras.

Para la operación de Los Grobo, Victoria Capital Partners aparece como la cabeza del grupo de inversión junto a la Corporación Financiera Internacional (el brazo del Banco Mundial para el sector privado), el banco de desarrollo holandés FMO (una de sus patas fuertes está en agricultura) y el fondo Utimco, de la Universidad de Texas, líder en inversiones en agronegocios.

Con los US$ 100 millones de inversión, más la compra no precisada en dinero del 22% que el grupo brasileño Vinci tiene en Los Grobo y de las acciones de dos hermanas de Grobocopatel, Andrea y Gabriela, el grupo inversor tendrá el control mayoritario de la empresa. Gustavo y otra hermana, Matilde, siguen en la firma. Gustavo Grobocopatel fue ratificado como presidente y Horacio Busanello, como CEO.

“Victoria [por el inversor] pasa a tener el control de los Grobo, una porción mayoritaria”, contó a LA NACION Grobocopatel. “Ahora son mis jefes”, agregó, en tono de broma. Si bien por un tema de “ajuste” aun no están cerrados los porcentajes, el grupo inversor tendría entre el 70 y el 75% del control y Gustavo Grobocopatel y su hermana Matilde, del 25 al 30%. Para Grobocopatel, la operación, no obstante el traspaso del control, no es una venta. “Lo que sucede es que hay una ampliación de capital, el grupo crece y hay un cambio de accionistas como en cualquier empresa”, afirmó.

El empresario, que calificó de “relevante que empieza a haber inversiones en agronegocios en el país”, señaló que “esa capitalización tiene como objetivo mejorar la estructura financiera de la empresa para hacer factible en tiempo y forma su plan de crecimiento”.

“Si uno quiere ser competitivo y sustentable en los tiempos que corren, necesitás acceder a los flujos de conocimiento y los flujos de capital. Los Grobo incorpora con esto una red de inversores que tienen, a su vez, muchos contactos globales, con conocimientos y flujos de capital”, agregó. La empresa tiene un modelo orientado a la venta de insumos, semillas, servicios financieros y logísticos y agricultura de precisión (Frontec).

En tanto, García, acompañado del senior partner Santiago Cotter, dijo que el grupo inversor identificó en Los Grobo “una plataforma” para poder apostar “a un segmento donde el país tiene ventajas competitivas y capacidad para ser un líder en los mercados globales”. Luego destacó los cambios en el país. “Veníamos conversando de la posibilidad de asociarnos y este año se dieron las circunstancias. Los cambios que están ocurriendo en la Argentina favorecieron para concretar la transacción”, concluyó.

Fuente: La Nación

La burguesía nacional y la lluvia de inversiones

Hemos dicho antes que la “burguesía nacional” era para el peronismo algo así como el unicornio azul: un objeto del deseo permanente, que se perdió una vez y que parece destinado a nunca recuperarse.

Y no es que el planteo peronista estuviese errado, sino todo o contrario: una de nuestra grandes carencias como país es -justamente- no tener una clase empresaria con vocación auténticamente burguesa, emprendedora y con sentido nacional; que sin dejar de perseguir su beneficio propio, pusiera una miradas más amplia en el desarrollo y el crecimiento del país.

Por el contrario, la oligarquía terrateniente (la clase que hizo y para la cual se hizo la Argentina moderna) fue siempre rentista y poco afecta al riesgo, aferrada a las ventajas comparativas de nuestro suelo y clima que proveían la renta agraria diferencial; y ausentista: con la mirada siempre puesta en Europa, y lista a la fuga de los excedentes apenas tuviera la menor posibilidad.

Rasgo éste último -la propensión compulsiva a la fuga- que comparte como característica estructural con el empresariado industrial, con alguna que otra honrosa excepción. Ese empresario que muchos tildan a su vez de prebendario, prendido a la teta de los subsidios y la protección estatal, o poco propenso a invertir y asumir riesgos.

Con el paso del tiempo y las transformaciones en la estructura productiva (en especial a partir del desarrollo del modelo de agronegocios) quizás haya cambiado la caracterización del empresariado agropecuario, que pasó a incorporar tecnología para mejorar la producción, pero también ingresó en una escala que lo hizo más vulnerable a las corrientes del capital financiero internacional, en el marco de la globalización.

Sin embargo, pese a esos cambios y los evidenciados en el mismo lapso en la estructura industrial, al compás de los vaivenes económicos del país, otro rasgo permaneció indemne junto a la tendencia atávica a fugar capitales que se retaceaban a la inversión, y a  la concentración económica: la extranjerización del tejido productivo nacional, transfiriendo la propiedad de las empresas nacionales a manos de capitales del exterior.

Como acaba de hacer Gustavo Grobocopatel, el “rey de la soja”, con inversiones en el país y en otros de la región, cediendo el control del 75 % del paquete accionario de “Los Grobo”: si él hace eso en pleno boom agropecuario como consecuencia de las políticas del macrismo ¿qué quedará para una Pyme textil o metalúrgica, o para cualquier rama de la industria que cuenta hoy con una capacidad instalada ociosa del 40 % en promedio?

Va de suyo que en esas condiciones no captarán inversiones extranjeras (¿quién invertiría en un mercado interno que se contrae mes a mes?), pero es muy probable que tampoco logren subsistir.

Sin embargo, el caso de los Grobo expone claramente los límites y los efectos del modelo económico de “Cambiemos”, tanto como los límites del horizonte de nuestra “burguesía nacional”, de la que Grobocopatel  es uno de los exponentes más esplendentes en todos estos años de boom sojero: muchas de las inversiones extranjeras que Macri celebrará como prueba de la confianza en su gobierno no son sino excursiones de shopping de capitales extranjeros, para quedarse a precios de ganga con el control de empresas argentinas que operan en nichos de rentabilidad, aprovechando las ventajas de la devaluación.

Inversiones que no ayudan a ampliar o transformar la estructura productiva del país, o su capacidad exportadora, ni a superar la restricción externa; y que colocan las palancas de sectores claves para el desarrollo del país o para su acceso a las divisas (en éste caso más lo segundo que lo primero), en manos extranjeras.

Fuente: Corriente Kirchnerista de Santa Fe