Un experimento de alcance desconocido se cierne, literalmente, sobre nuestras cabezas. Esos trazos que pueden observarse en el cielo de nuestra región no son las huellas de condensación (con-trails) de un vuelo a gran altura. Las estelas que vemos, cada vez con más frecuencia son los rastros químicos (chem-trails) que ponen en evidencia un peligroso intento de intervención humana sobre el clima del planeta.

Es una aspiración histórica la de poder controlar, modificar, desviar o atraer determinadas condiciones de la atmósfera. Consecuencias estratégicas, económicas, sociales y políticas se derivan de un poder semejante. Como siempre, lo que podría ser utilizado en beneficio de las necesidades del conjunto, se instrumenta a favor de unos intereses cuya opacidad sugiere objetivos no confesables.

La campaña de desinformación, confusión y engaño deliberado es tan visible como los chem-trails que cortan los cielos, e igualmente se pretende que la opinión pública acepte mansamente tales operaciones, tanto químicas como mediáticas.

Una explicación, tampoco muy difundida, es que se trata de acciones de geoingeniería. Esta novísima rama (también llamada ingeniería climática) es, según Wikipedia, una prouesta que surge de las teorías científicas que abordan el problema del cambio climático, formulando técnicas especialmente desarrolladas para influir en el clima terrestre estipulando como su propósito combatir el calentamiento global.

The Royal Society define la geoingeniería como: «manipulación intencional a gran escala del clima planetario para contrarrestar el calentamiento global».

Los métodos de la geoingeniería se catalogan en dos categorías principales:

Por un lado, la Gestión de la radiación solar, para lo cual se utilizan técnicas conocidas como “siembra de nubes” y los “aerosoles estratosféricos”. Éstos últimos serían los chem-trails, y allí mismo se los define como la introducción de compuestos sulfúricos como el anhídrido sulfúrico y el ácido sulfúrico, para reducir la radiación solar que alcanza a la superficie terrestre. Otros compuestos considerados son el sesquióxido de aluminio o alúmina y el titanato de bario.

Por otro lado, la geoingeniería procura la Reducción del dióxido de carbono, a partir de diversas técnicas, algunas “amigables”, como la aforestación, que es la plantación de bosques donde históricamente no los ha habido, o la captura de dióxido de carbono. Y otras de consecuencias no verificadas en el tiempo, como la Fertilización oceánica con hierro u otros nutrientes, a fin de propiciar un crecimiento intensivo del fitoplancton, que mediante fotosíntesis extrae el CO2 atmosférico, y así, al morir estos organismos, llevarían consigo este contaminante al fondo del mar.

Semejantes responsabilidades han generado un fuerte debate acerca de la geoingeniería.

Científicos de la Universidad de Oxford han propuesto una serie de principios que deberían guiar la práctica investigadora sobre geoingeniería, que se resumen en:

Principio 1: La geoingeniería debe ser regulada como un bien público.

Principio 2: Debe haber participación pública en la toma de decisiones acerca de la geoingeniería.

Principio 3: Divulgación de la investigación sobre geoingeniería y acceso libre a las publicaciones.

Principio 4: Asesoramiento independiente sobre el impacto.

Principio 5: Regulación antes de su implementación.

Como vemos, los vuelos que ya se observan, no respetan ninguno de esos principios, lo que nos lleva, nuevamente, a preguntarnos acerca de sus verdaderos objetivos.

Quienes se oponen abiertamente a la geoingeniería señalan algunas de sus consecuencias más graves:

Posible incremento de la acidificación del océano, como consecuencia de la lluvia ácida, agravada por las inyecciones estratosféricas, especialmente de azufre; el sumidero de carbono, causado por hundimiento del fitoplancton, podría causar acidificación en el océano profundo, y las técnicas de GRS (Gestión de la radiación solar), que no reducen el CO2. Por lo tanto continuaría el incremento de la acidificación oceánica.

Destrucción de la capa de ozono

Los aerosoles sulfúricos y el enfriamiento de la estratosfera contribuyen a la destrucción de la capa de ozono.

Como es sabido, la cantidad de luz solar y la cantidad y la calidad de agua disponible afectan la producción vegetal. La GRS propicia un tipo de oscurecimiento global. Hasta el momento no existe consenso entre los científicos en cuanto a los efectos negativos o positivos de la “difusión” de la luz solar en los procesos de fotosíntesis.

Disrupción del ciclo hidrológico

En un gran porcentaje de la Tierra, la GRS podría causar sequías, ya que mayor contenido de aerosoles sulfúricos y reducción en la radiación solar disminuyen las precipitaciones pluviales.

Lo cierto es que, en aquellos sitios en que se efectúan con regularidad estas descargas, las poblaciones perciben determinados cambios en la flora y fauna y en los contenidos de las aguas. En algunos casos, la alcalinidad de las lluvias se ha incrementado de 10 a 12 veces más. Los análisis realizados indican presencia de metales en el aire, el suelo y el agua, tales como óxidos de aluminio, bario y estroncio, sulfato de cobre y yoduro de potasio, esparcidos sobre amplias franjas de la atmósfera y el territorio por estos vuelos de los que “nadie sabe nada”.

En nuestra región no estamos exentos de estas intervenciones silenciosas y a la vista, y cualquiera puede observarlas cuando las condiciones de visibilidad en la atmósfera lo permiten. Lo que desbarata la recurrente argumentación de que se trata de vuelos comerciales a gran altura (el transpolar) es la larga permanencia del rastro en el cielo, cuando los de condensación no pasan de minutos, así como la forma en que se va “deshilachando” su forma. Y, definitivamente, como puede apreciarse en muchas imágenes, no hay dos, tres o más vuelos transpolares al mismo tiempo.

Es por lo menos llamativo que ninguna autoridad, nacional, provincial o siquiera municipal, haya presentado pedido alguno de informes sobre estas operaciones que, en nuestras narices y sobre nuestras vidas, acondicionan el mundo a sus intereses

Sobre chemtrails y geoingeniería