por Rubén Boggi

Juan José Aranguren está cerrado en poner como precio del barril de petróleo el que la cotización internacional indica. Omar Gutiérrez está parado en la posición opuesta: manejar el mercado nacional con un precio sostén, un piso (sin techo). ¿Y Mauricio Macri…qué dice? ¿Qué hará el Presidente?

Es un momento crucial, y como suele suceder en los momentos cruciales, hay posiciones divergentes. El Presidente escucha, y pregunta. Todavía no dice para qué lado inclinará la balanza. Pero se habla de un proyecto de desarrollo federal, a corto, mediano y largo plazo. En eso están todos de acuerdo. La diferencia es simple, en el fondo: hay que elegir por cuál camino se comienza.

Macri está preocupado, bastante, por la economía. Tiene un déficit fiscal creciente. El tema energético es clave. Sin energía no hay economía. Una mala decisión puede ser letal para la Argentina dificultosa de estos tiempos.

El encuentro en Olivos de este miércoles marcó un punto importante en este largo desvarío que todavía no termina con la cuestión energética. Hubo un respaldo del Presidente para frenar la libre importación de crudo y combustibles. Sin derogar ese decreto contra el que embistió el senador Guillermo Pereyra, se puso sobre el tapete una modalidad controlada, según la cual sólo se importará si es necesario por exceso de demanda interna. No por una cuestión de precios.

La posición de Aranguren es clara. Opina que el mercado fija los precios. Que hay que equiparar el precio nacional con el internacional para impedir todas las distorsiones. Que es la única manera de avanzar con seriedad en el mundo económico de la posmodernidad globalizada.

La posición de Neuquén –de Gutiérrez- también es clara. No discute cuestiones principistas. No hace del tema un problema de filosofía económica. Simplemente dice que si se lleva el precio del barril a 43 dólares, como estuvo la semana pasada, habrá una catástrofe. No solo porque no hay inversiones aseguradas en ese camino, sino porque habría un estallido social desde el sector laboral petrolero, inexorable derivado del ajuste empresario. El camino, para Neuquén, debe empezar por fijar un piso en el precio (otra vez sin techo) que sea coherente con la situación real de la industria en Argentina. No está en contra de que coincida en algún momento con el precio internacional, pero sí está en contra de que se pretenda forzar esa situación en el presente. Ahora, se dice, no conviene. Y si no conviene, no hay que hacerlo.

Esta posición tiene una base firme, no demasiada lejana para el recuerdo de neuquinos y especialistas en el tema: Neuquén sufrió una pérdida económica tremenda cuando el gobierno de Kirchner puso un precio nacional que era menos de la mitad de lo que se pagaba el petróleo en el mundo. Tuvo que lidiar con ese precio y sufrir la ausencia de inversiones, además de la caída relativa en ingresos por regalías e impuestos. Esto es cierto, es así, más allá del nivel de culpa que le cabe al MPN y su gobierno del momento, que admitió esa “solidaridad” impuesta por el gobierno nacional.

Si Neuquén hubiera podido aprovechar el precio superior a los 100 dólares el barril que tuvo el petróleo en ese momento, hubiera podido (siempre hipotéticamente) crear un fondo anticíclico lo suficientemente sólido como para enfrentar los inexorables períodos con petróleo cotizando en baja.

¿Qué dice Macri respecto a esto? Nada definitivo, todavía. El Presidente no avala totalmente lo que quiere su ministro de Energía, y ciertamente –lo demostró este miércoles en Olivos- escucha al gobernador neuquino, que representa, en definitiva, a los dueños del recurso, a los ciudadanos parados con firmeza sobre ese territorio enigmático que es Vaca Muerta.

Aranguren está “emperrado” en su posición de libre mercado. Gutiérrez, firme en la posición contraria: quiere un piso para el precio del petróleo, y para el precio del gas, quiere el “gran acuerdo nacional” de desarrollo, con un diseño para inversiones de aquí al 2020, y no quiere techo para los precios, porque si el mundo vuelve a tener un petróleo caro, lo quiere aprovechar.

Porque el que se quema una vez con leche, cuando ve una vaca, llora. Aunque esa vaca esté muerta.

Fuente y foto: Diariamente Neuquen