por Mariano Feuer –

2016 ha sido el año en donde pensamientos políticos, sociales y culturales que creíamos muertos vuelven con un brío y masividad que nos horroriza.

¿Estaban muertos o se reproducían en la oscuridad bajo nuestras progrenarices?
Ganamos la batalla cultural. Eso es inapelable. La ganamos. Se puede casar quien quiera con quien quiera, cuidamxs el lenguajx que usames, aceptamos y promovemos la diversidad.
Ganamos la batalla cultural y no por poco. Arrasamos. En Argentina, en USA y en todo el mundo que nos importa (Si, en Irán, Rusia, Corea y chiquicientos países que suman millones no, pero vamos, desde Brooklyn, Palermo, la zona T o La Condesa nos valen madres) no sólo la ganamos sino que no tomamos prisioneros: fuimos por todo.
Nos indignamos cada vez que alguien dice algo que sale de nuestros sistemas de creencias. ¿Estás en contra del aborto? ¡Facho! ¿Creés que no hay que legalizar drogas? ¡Recontra Facho! ¿Considerás que las mujeres tienen que cuidar a los chicos? ¡Facho fachista del Facho!!
Tanto pero tanto ganamos la batalla cultural, que creamos organismos estatales, como el INADI en la Argentina que actúan diciendo que es discriminación y que no. Elaboramos una policía del lenguaje que hace que cada uno que diga en un medio algo que se corra del canon, será rápidamente vilipendiado.
Y es asi. Ganamos. No hay excusas ni dobleces. Ganamos como Isildur y nos olvidamos que existía el anillo y los orcos. Los medios de comunicación no sólo concuerdan con nosotros culturalmente, sino que actuaron de reforzadores de la ilusión social. ¿Cómo temer al fascismo si los mismos fachos tienen que cuidarse como dicen las cosas? No sólo no pueden decir “Negros de mierda”, sino que tampoco “negros de acá” tocándose el cerebro. Ni decir “tengo un amigo negro” para exculparse. Nada de nada. El facho se calla y que vaya de decorado.
Hablando de “decorado”, es frase de Moria Casán. Una de las que cada tanto (Como Mirtha, como Susana) tira una fachifrase y desde la leonera progre salimos a condenarlas. Como he leído en Twitter “Son dinosaurios que no se dan cuenta que el mundo y la Argentina cambiaron, que ya no existe más esas ideas”.
¿Genial, no? Ya está. Ganamos. No. No ganamos un carajo. Ganamos una batalla, la cultural. Pero la guerra, la estamos perdiendo.
Saurón vive (en cada Facebook organizado)
Los medios de comunicación masivo han tenido, en los últimos 70 años un viraje consistente hacia el progresismo. Si, claro, existen excepciones aquí y en el mundo, pero el fascismo como tal quedó reducido a la revista Cabildo y al puesto del gordo nazi del Parque Rivadavia.
Siempre supimos que esto no significaba que los emisores de los medios no pensasen eso, sino que tenían que cuidarse de qué y como decir. A fuerza de ver medios, a fuerza de reunirnos con amigos y compañeros que piensan lo mismo, fuimos olvidando que había otras posibilidades, otros sentires.
Incluso ellos, los malos, feos y sucios tuvieron que camuflarse. El tío Oscar que antes decía “son todas trolas” ahora dice “son rapiditas”. Sin embargo el Anillo Único no desapareció. Simplemente quedó escondido en una caverna. Las actitudes xenófobas, fascistas, homofóbicas y misóginas siguieron existiendo en el vecino o el comensal de la mesa de al lado. Pero… ¿Qué nos íbamos a preocupar, si habíamos ganado la batalla?
Hasta que llegaron los Hobbits. Hábiles habitantes de La Comarca como Tim Berners-Lee, Mark Zuckerberg y Jack Dorsey. Estos muchachos crearon la web, Facebook y Twitter, dándole a los Trolls un lugar para vivir fuera de las profundidades.
Bueno, ya basta de analogías con zombies y orcos del señor de los anillos. Porque de eso se trata la cosa. Hemos reducido al otro al mal, ya que de manera grácil nos hemos adjudicado el papel de elfos a nosotros mismos: Ellos la oscuridad y nosotros la luz. Y no es así. Somos todos humanos peleando para instalar la cultura hegemónica que más nos importa.
No son trolls por pensar diferente a nosotros. Tampoco son asesinos ni violadores por no compartir a pies juntillas nuestro manual de buenas prácticas, simplemente son primos con ideas distintas. No son giles ni se han “convencido”, habían dejado de discutir porque no tenían sustento público.
Lo digital generó un cambio de paradigma. Los foros, comentarios de los diarios y las redes sociales les dieron un reconocerse en identidad ajena. De pronto se dieron cuenta que no eran ellos solos. Se ha ido generando un (Permiso, Lantos) “Orgullo Zombie” que crece por whatsapp y mensajes privados, emergiendo al TL cada vez más potente. Han entendido, finalmente, que cada isla fachista podía conectarse con las otras vía digital. Primero con vergüenza, luego con confianza y finalmente con vigoroso ardor. Han ganado las redes y, en una parte importante del mundo, han ganado las elecciones.
 
La silla vacía
¿Qué hemos hecho ante este avance? Bien poco. O mejor dicho, mucho en la dirección equivocada. Nos aferramos más y más a las categorías bienpensantes que nosotros mismos creamos y les dimos malas notas, cargadas y descalificaciones como si eso los debilitase en vez de hacerlos crecer con más fuerza.
Trump es el ejemplo más claro, pero no el único: fue vilipendiado, ridiculizado y demonizado en todos los medios posibles. Sólo hizo que crezca más y más en los que sienten alguna incomodidad con este mundo startrekizado y pasteurizado.
Podemos dar cientos de ejemplos y todos serán discutibles, pero ¿es muy osado acaso arriesgar que decirle a un varón al que nunca se le ocurriría golpear o insultar a una mujer que es un cerdo machista por piropear en la calle es empujarlo al trumpismo?
Nosotros no debatimos con ellos. “No voy a hablar con alguien que crea que…” es parte de nuestro arsenal dialéctico. Pues bien, mírenlo de esta manera, señorxs: Nos están ganando. Aprendieron de la batalla cultural, aprendieron de las herramientas libertarias que usaban los partisanos y las resistencias. Han salido de las minorías gracias a las redes y lograron frenar la paz en Colombia, auto expulsarse de Europa y darle el botón rojo al tipo naranja.
Debemos urgente utilizar el mejor arma que tenemos y hemos abandonado: Tenemos que debatir. Tenemos que convencer. Tenemos que no dar NADA por sentado. Volver a foja cero aunque creamos que vayamos ganando siete a uno, porque el partido es otro y se juega en otras canchas.
Como dije en mi artículo anterior debemos romper el ghetto que nos genera un algoritmo que sólo nos muestra lo cercano ideológico, el look alike y nuestra zona de confort para charlar con aquel que no es un troll pero se cansó de nuestra dictadura progresista de Chai Latte y respiración consciente. Si no lo logramos, veremos impávidos como el mundo se hace de noche y nos juntaremos en bares virtuales a recordar entre partisanos, como por unas décadas habíamos ganado la batalla.