por Humberto Zambon –

El 50% del ingreso nacional para los trabajadores alcanzado en el primer peronismo se revirtió en el medio siglo siguiente, y recién el kirchnerismo, comenzado el s. XXI logró algo similar.

Desde el gobierno, el presidente Perón hizo cambios fundamentales en la economía y la sociedad argentina. Entre los primeros está la nacionalización del comercio exterior (mediante el IAPI), la nacionalización del Banco Central y de muchas empresas de servicios públicos de capital extranjero, el fomento a la industrialización del país, el aumento de salarios mediante convenios colectivos de trabajo e incluyendo las vacaciones anuales y el aguinaldo, etc. Con respecto a la sociedad, jerarquizó a la mujer, dando el voto universal y, fundamentalmente, al trabajador como hombre y ciudadano, empoderándolo de sus derechos y aumentando sensiblemente sus ingresos que se trasladaron al incremento del consumo como motor de la economía. Se fortalecieron a los sindicatos y a la justicia en el fuero laboral.

La retribución del trabajo en el año 1946 era del 40% del ingreso total y subió hasta el 50% en el período 1952-54; luego, a partir de 1955 (año del derrocamiento de Perón), la tendencia ascendente de esa tasa se revertió hasta que en 1962 volvió al registro anterior, alrededor del 41%. A partir de entonces esta participación tuvo altibajos: subió a partir del ’63 y cayó fuertemente durante la dictadura de los años ’70. Para acercarse al 50% hubo que esperar al nuevo siglo y a los gobiernos de los Kirchner.

La redistribución del ingreso en favor de las clases desposeídas tuvo cambios fundamentales en la cultura y en las costumbres sociales. Así, Enrique Silberstein en su libro “¿Por qué Perón sigue siendo Perón?” (de 1972), dice:

“Así Mar del Plata, que era el reducto de la clase alta, que era el sitio donde “de” Alvear se paseaba como en las playas del sur de Francia, donde se bebía champagne en el Casino, donde sólo podían ir quienes tenían tres o cuatro apellidos y tres o cuatro estancias, o quienes, teniendo un sólo apellido, tenían tres o cuatro cuentas bancarias en Suiza, (esa ciudad) se sorprendió primero, se horrorizó después, cuando todos los que antes se iban a Quilmes o a Berazategui a tomar aire y sol, comenzaban a arribar a la Perla del Atlántico. Habría que analizar hasta dónde todo el odio que la oligarquía le tenía a Perón se debía a las leyes y disposiciones que estamos comentando o, pura y simplemente, a que les llenó Mar del Plata de ‘grasas’ y ´cabecitas negras’. (…) Las vacaciones pagas dieron nueva vida a Mar del Plata, al Norte del país, a Bariloche, a Uruguay. Hacia ahí se dirigió la oligarquía en busca de una playa exclusiva, en reemplazo de Mar del Plata, y surgió Punta del Este. Pero los grasas andaban con guita y, más que nada, habían roto la barrera del sonido, habían tirado las chancletas, y se aparecieron también por Punta del Este. Era el acabose. ‘Es’ el acabose. (…) Las vacaciones pagas… cambiaron las costumbres y las concepciones de muchos, muchísimos argentinos.”

Lo anterior me pareció una excelente explicación del odio de clase que despertó Perón y la proscripción y persecución política y judicial a la que fue sometido a partir del 1955 y por muchos años. Es bueno recordar el fracaso de la política persecutoria y que esta historia finaliza con su vuelta, con todos honores, en 1973, lamentablemente poco antes de su muerte.

Algo parecido ocurre ahora con Milagro Sala, la negra jujeña que se plantó de igual a igual a los “señores” y, como si fuera poco, pretendió dar al populacho viviendas dignas, con centro cultural y pileta de natación incluida. O con Cristina Fernández, que volvió a empoderar a los trabajadores y redistribuyó más equitativamente al ingreso.

El modelo neoliberal de “integración” al mundo, requiere salarios bajos y sin confrontación social. Lo dijo claramente la vicepresidenta de la Nación, Gabriela Michetti: “Lo más difícil para nosotros es atravesar el momento en el cual salís del populismo y salís de la fantasía de una mentira importante, de haberle hecho creer a la gente que podía vivir de esta forma eternamente”. O, también sin tapujos, lo dijo Javier González Fraga: “Durante años le hiciste creer a un empleado medio que su sueldo servía para comprar celulares, plasmas, autos, motos e irse al exterior”. No importa que esa supuesta “fantasía” haya durado más de 12 años y siempre con crecimiento positivo del PBI y desendeudamiento del país. El modelo exige rechazarlo, desprestigiar la experiencia y procurar borrarla de la memoria colectiva.

La historia de proscripción y persecución se repite. Pero como escribió Marx: “Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa”.

Fuente: Va Con Firma