Centrada en el cruce de los sonidos más ancestrales con los nuevos ritmos digitales urbanos, la curaduría artística de este festival busca contemplar folclore y hip hop, cumbia y electrónica, performance y ritual, como celebración de la comunión con la naturaleza.

Villa Lago Meliquina es un paraíso natural que cuenta con sólo 100 habitantes permanentes y es alimentado íntegramente a base de energía eólica. Durante los dos días que dura el festival, es anfitrión de miles de personas que disfrutarán de conciertos al aire libre junto al lago, performances teatrales, intervenciones visuales del entorno natural, y las delicias salidas de la huerta orgánica y el horno de barro del Centro Cultural Todo Cambia de la mano de su chef Juan Lucca.

El predio cuenta con un parque rodeado de árboles que protege del viento y cobija el escenario principal del festival y un espacio de camping ecológico, con baños secos, que permite el acampe entre las dos noches que dura el encuentro.