Históricas movilizaciones en Washington y en ciudades de todo el mundo denunciaron al nuevo presidente como una “amenaza” para el género femenino. En tanto, él firmó decretos para desmantelar el programa de cuidados médicos del gobierno anterior, y se cuadró ante los jerarcas del espionaje de la CIA.

El primer día de Donald Trump como presidente de Estados Unidos fue muy elocuente sobre las tensiones contrapuestas que deparó su llegada al gobierno. Las “marchas de mujeres” en el mundo expresaron las resistencias que genera en amplios sectores de la sociedad civil norteamericana y de la opinión pública internacional, mientras que el flamante mandatario marcó algunas prioridades de su gestión: empezó a desmantelar el plan de salud creado por Barack Obama, y se reunió con el poderoso ejército de espionaje mundial que integra la Central de Inteligencia Americana (CIA).

El acceso al poder del mandatario derechista es percibido como una “amenaza” a los derechos de las mujeres, según denunciaron las organizaciones y personalidades convocantes. El impulso inicial provino de la indignación que provocó el triunfo de Trump a pesar de haber sido denunciado muchas veces por acoso sexual, y de haber pronunciado comentarios denigrantes sobre el género femenino.

La manifestación más numerosa fue en Washigton, donde según algunos cálculos periodísticos, se movilizaron alrededor de medio millón de personas, en su gran mayoría mujeres. Participaron famosas artistas, entre ellas Madonna, Cher, Scarlett Johanson, Miley Cyrus, Emma Watson, Ashley Judd y América Ferrera. También participó el combativo cineasta Michael Moore.

En la protesta se veían pancartas con inscripciones como “Rechaza el odio, reclama política”; “No al racismo, no a Trump”, y “Combate el fanatismo”. Uno de los emblemas de la marcha fueron los gorros “pussy cat” (gatito), que se contaron por miles, y son una respuesta al repugnante comentario de Trump de que a las mujeres hay que agarrarlas por sus genitales (“pussy”, en inglés).

Las protestas se extendieron a ciudades de diferentes países y continentes, por ejemplo Gran Bretaña (Londres, Manchester, Belfast), Francia (París, Estrasburgo, Marsella); Alemania (Berlín); Holanda (Amsterdam); España (Barcelona, Madrid); Portugal (Lisboa, Porto, Coimbra), Serbia (Belgrado); India (Nueva Dehli, Calcuta); Tailandia (Bangkok); Australia (Sidney); México (ciudad de México), entre muchas otras.

En algunos lugares las movilizaciones convocaron a decenas de miles de personas, siempre con predominio de mujeres. En otras ciudades las cantidades fueron más reducidas, de algunos miles o centenares, o incluso pequeños grupos, y en Buenos Aires se concentraron frente a la embajada de Estados Unidos alrededor de un centenar de personas.

En cualquier caso, se trató de un hecho masivo de dimensiones históricas. Nunca hubo en el pasado protestas mundiales, menos aún marcadas por la perspectiva de género, para repudiar a un presidente norteamericano apenas asumió el cargo.

Contra el plan de cuidados médicos

Trump utilizó en parte la primera jornada de su mandato para empezar a desmontar, tal como había prometido en su campaña, el programa de cuidados médicos creado por el mandatario anterior y comunmente llamado “Obamacare” (el apellido del presidente que impulsó el sistema, y la palabra “care”, que en inglés significa “cuidados”).

Ese sistema, resistido por los grandes capitalistas de las empresas de medicina y la industria de los medicamentos, extendió la cobertura contra enfermedades a millones de personas. El plan estableció un mercado de seguros de salud en el cual se pueden comprar servicios médicos regulados por el gobierno y a precios subsidiados, en un país donde la salud tiene costos inalcanzables para la gente común.

La forma de retroceder con la reforma sanitaria es a través del Parlamento, pero Trump ya realizó modificaciones mediante decretos. (De forma similar al presidente argentino, Mauricio Macri, que derogó o modificó varias leyes por decreto, y próximamente lo hará con la que legisla sobre los riesgos de trabajo).

Con la Central de Inteligencia

El nuevo presidente de Estados Unidos comunicó, también en el primer día de gestión, su total apoyo a los servicios de inteligencia del país, a pesar de que antes de asumir el cargo había rechazado los informes del espionaje norteamericano respecto de supuestos ciberataques rusos para interferir en las elecciones donde resultó ganador.

En Langley, estado de Virginia (cercano a Washington), Trump visitó la sede de la Central de Inteligencia Americana (CIA), unas de los mayores organismos de espionaje del planeta, a cuyos jerarcas y otros integrantes les dijo: “Estoy 1.000 % con ustedes”.

“Los quiero, los respeto”, continuó el flamante presidente, y les reiteró que es necesario “deshacerse” de la organización denominada Estado Islámico (EI), porque el “terrorismo radical islámico” debe ser “erradicado”.

Poco antes, su vicepresidente, Mike Pence, aseguró que el nuevo gobierno “reconoce y aprecia los sacrificios” de la comunidad de inteligencia, y que el presidente “va a hacer que Estados Unidos vuelva a ser seguro”-

La relación de Trump con los servicios de espionaje del país ha sido bastante tensa en las últimas semanas, a raíz de las reticencias del mandatario a dar por buena la conclusión, compartida por agencias como la CIA y el FBI, de que Rusia orquestó una estrategia de ciberataques para ayudarle a ganar las elecciones presidenciales.