El nuevo presidente del Banco Nación estuvo involucrado en una de las mayores estafas de la Argentina de los 90. Era asesor del Banco Integrado de Desarrollo, que llegó a ser el tercer banco privado de la Argentina y terminó llevándose todos los ahorros que tenía depositados y dejando a 2.300 personas sin trabajo.

El regreso de los actores es, en realidad, la repetición del guión.

Javier González Fraga, el nuevo presidente del Banco Nación de la administración de Mauricio Macri, fue uno de los principales asesores del ex Banco Integrado Departamental (BID) que, en 1995, era el tercer banco privado del país.

En la Semana Santa de aquel año, la institución con sede en Venado Tuerto, sur de la provincia de Santa Fe, fue suspendida y, luego, terminó liquidada. Mil millones de dólares se evaporaron. Fue una fenomenal maniobra de lavado de dinero, como muchas veces se mencionó en la causa judicial que oportunamente se inició. 55 mil ahorristas fueron damnificados y 2.300 trabajadores tirados al agujero negro de la desocupación.

El “especialista” que colaboró para llevar adelante el defalco es el nuevo presidente del Banco Nación, Javier González Fraga. El martes 2 de julio de 2002, la Corte Suprema de Justicia de la Nación confirmó la quiebra del Banco Integrado Departamental con sede en Venado Tuerto. La quiebra se había dispuesto en 1996, pero fue apelada, entre otros, por el ex gerente general de la institución, Roberto Venancio Cataldi, quien alguna vez fue tentado para dirigir los destinos del todavía Banco Provincial de Santa Fe.

El final del BID lo coloca como una de las mayores estafas financieras de la Argentina, luego de la deuda externa eterna. También es una historia de piratas. En julio de 1997, luego de conocerse que el Banco Central de la República Argentina sabía del proceso de cesación de pagos en junio de 1994, ocho meses antes de aprobar la fusión con los bancos De La Ribera y Aciso, y 10 antes de suspenderlo de la garantía de depósitos; la presidenta de la Comisión Nacional de Ahorristas Damnificados, Matilde Sermoneta, denunció que “parte del dinero estaba en una isla del Caribe”.

Como los tesoros de los piratas, oculto en una perdida porción de tierra oceánica. Falta saber quién fue el verdadero capitán Garfio de este saqueo. Mil millones de dólares en pleno corazón de la pampa húmeda, donde la riqueza mostrada por el BID se dio a contramano de la pauperización de la región. Crecía la desocupación, el número de quiebras de negocios, explotaciones agropecuarias y, sin embargo, el BID -de la mano de González Fraga- convirtió a Venado Tuerto en una isla de fantasía.

El sueño devino en pesadilla

El precio fueron los mil millones de dólares desaparecidos. 2300 fuentes laborales aniquiladas y solamente dos directivos bancarios entre reja durante un poco más de tres años y otra decena de funcionarios que debió soportar algunas preguntas de la Justicia federal argentina. Silencios de políticos provinciales y estrategias del poder central que, desde Buenos Aires, siempre utilizó las economías regionales a favor de los compromisos internacionales que se concretaban desde el poder político nacional.

Dimensionar el escándalo, la estafa o la novela del BID no es sencillo. Los medios de comunicación han desplazado el tema de la consideración pública nacional. Resulta extraño en una etapa en la cual los principales multimedios compiten para denunciar casos de corrupción cada vez más grandes.

  • El affaire Banco Nación-IBM es por 250 millones de pesos. Tan sólo una cuarta parte de la estafa del BID.
  • El “swiftgate”, aquella denuncia que hiciera el entonces embajador norteamericano Terence Todman en la Argentina, a principios de 1991, supone 140 millones de pesos/dólares. También una sexta parte del monto que desapareció detrás de la sigla BID.
  • Hace falta el funcionamiento de casi cinco años de aduana paralela para alcanzar la cifra del BID. Los economistas establecieron que, por año, desde la aduana paralela, se fugaron 200 millones de dólares.
  • La coima que se pagó por la venta de armas al Ecuador vía Venezuela durante la guerra del Cóndor apenas fue de 400 mil dólares, 200 veces menos que el total del dinero robado del BID.

Los funcionarios del Banco Central de la República Argentina involucrados en la cuestión del BID no solamente están tranquilos en sus casas sino que –a principios del 2000– fueron ascendidos y perdonados en la estructura financiera y económica del estado argentino.

Apellidos como los Yoma, Cavallo, Menem, Nosiglia, Mestre, Brunelli, Alassino;todos relacionados con el poder político nacional en los últimos veinte años de historia, tienen contacto con la crónica del BID. Un banco que prestaba cientos de millones de dólares días previos a su suspensión en abril de 1995 y que triangulaba operaciones con instituciones financieras de Uruguay y Estados Unidos y del que nunca se explicó por qué creció tanto, ya sea en volumen de depósitos como en sucursales y flujo financiero fresco.

Pero lo más importante son los apellidos de víctimas desconocidas que han sido violentados por una trama de intereses que hizo crecer un banco de la manera más desproporcionada en todo el continente americano en los últimos treinta años.

Ellos denunciaron, se movilizaron, pelearon, se enfermaron y hasta murieron buscando una explicación de tamaña estafa. Uno de los responsables de aquella estafa es Javier González Fraga, el ahora presidente del Banco Nación.

Cuando regresan los actores lo que se repite es el guión.

Fuente: En Orsai

Foto: Joaquín Salguero