Un documentado informe del ingeniero agrónomo e investigador Donaldo Bran, desarrollado por el Centro de Estudios Patagonia, analiza con datos técnicos e históricos problemas graves como la “desertificación” y los “conflictos entre pueblos originarios y grandes terratenientes” por tierras productivas.

La tierra “debe ser revalorizada en relación a conceptos tan primarios como son el de ‘bien común’, ‘soberanía alimentaria’ y ‘salud ambiental’, entre otros, y debe verse “como un bien social y no como una mera mercancía sujeta a las leyes de mercado”, expresa un informe del especialista Donaldo Bran, donde se revela por ejemplo que “solo el 0,94% de los dueños de las grandes extensiones productivas” maneja un tercio total del territorio argentino, según comprobó un grupo de expertos internacionales.

El autor es un ingeniero agrónomo argentino con estudios de posgrado en Francia y trayectoria en diversos países, que actualmente es investigador del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y coordinador del proyecto Observatorios de Sustentabilidad Rural. El trabajo lleva como nombre “Concentración y la degradación de tierras”, y fue desarrollado por el Centro de Estudios Patagonia (CEP), que tiene sede en Bariloche.

Los disparadores del informe son dos noticias recientes vinculadas con el tema, una de de las cuales da cuenta de un estudio de expertos internacionales sobre reparto del suelo en América Latina, y la otra se refiere a la violenta represión, semanas atrás, de la Policía de Chubut y de Gendarmería Nacional contra pobladores mapuches en la Lof en Resistencia del Departamento de Cushamen.

En el primer caso se trata de un análisis sobre reparto de la tierra en América Latina realizado por la ONG (organización no gubernamental) Oxfam, fundada por sectores académicos de Oxford (Inglaterra), y cuyo nombre es la abreviatura de lo que en castellano sería “Comité de Oxford para combatir las Hambrunas”. Allí se destaca que en Argentina, “solo el 0,94% de los dueños de las grandes extensiones productivas maneja el 33,89 % del territorio nacional”, es decir un tercio.

Dentro de ese contexto, Bran entiende que los conflictos entre pueblos originarios y grandes terratenientes “son presentados como aislados, pero en realidad están relacionados y son dos caras de una misma moneda, que es el proceso de concentración y degradación de tierras productivas”.

Luego menciona las investigaciones llevadas a cabo en el Observatorio de Sustentabilidad Rural de la localidad rionegrina de Jacobacci y, “dada la proximidad geográfica y temática” con los violentos sucesos en Chubut, “nos parece interesante abrir acerca de las relaciones” entre los mencionados procesos de concentración y degradación, dice el especialista.

Considera al respecto que “la concentración lleva implícita una distribución inequitativa de este recurso, que generaría problemas de degradación tanto en los grandes establecimientos como en los pequeños”, a través de “interacciones humano-ambientales no sustentables” que “ayudan a entender los procesos de desertificación en la Patagonia”.

En este punto, el autor advierte que “la desertificación es uno de los mayores problemas ambientales”, y recuerda que una de las tres convenciones mundiales relacionadas con problemas globales es, precisamente, la Convención de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación.

Señala después que “la concentración de tierras en la mayoría de los casos responde a lógicas extra-territoriales asociadas a oportunidades de los mercados internacionales”, y “en numerosas ocasiones las tierras concentradas funcionan como enclaves que generan grandes impactos ambientales, lo que produce cambios ecológicos irreversibles, degradación de los suelos y destrucción de los medios de subsistencia de las poblaciones locales”.

“Las causas de estos impactos son varias”, continúa el experto, y menciona que la concentración del suelo “por lo general lleva a monocultivos que abarcan grandes extensiones, con fuertes implicancias en términos de biodiversidad. Está asociada a grandes capitales que habilitan una alta disponibilidad de recursos, los que posibilitan la alteración masiva y en corto plazo de ecosistemas, como desmontes masivos, plantaciones masivas, grandes captaciones de agua y uso intensivo e indiscriminado de agroquímicos”, entre otros graves problemas, según describe el estudio.

Apropiación fraudulenta del suelo

Como ejemplo de concentración de tierras en Patagonia, el ingeniero Donaldo Bran toma el caso de las estancias instaladas por la compañía The Argentine Southern Land Company (TASLCo.), al que considera “uno de los casos más grandes de concentración de tierras en Argentina”.

Reconstruye que esa firma, “conocida durante años en Patagonia como ‘la Compañía’, fue creada en Londres en el año 1889 acompañando el boom de la lana de fines del siglo XIX, y comenzó a operar luego de recibir más de 800 mil hectáreas de tierras de parte del Estado Nacional, en un proceso fraudulento descripto por (el historiador Ramón) Minieri”, por ejemplo en su libro “Ese ajeno sur”, de 2009.

A su vez, “el Estado Nacional las había obtenido a través del exterminio y desplazamiento forzoso de las poblaciones preexistentes”, dice el informe de Bran, y cita la investigación de la historiadora Pilar Pérez, quien hace pocos meses publicó su libro “Archivos del silencio. Estado, indígenas y violencia en Patagonia central. 1878-1941”.

“La TASLCo -continúa Bran- fue un actor destacado en el ingreso rápido y masivo de ovinos que posiblemente haya sido una de las principales causas de la desertificación en Patagonia”. Agrega que el accionar de esa empresa, “en especial en la región central de Río Negro, bien podría considerarse un ejemplo” de lo que se define como “síndrome de sobreexplotación”.

Aclara de inmediato que “si bien este síndrome está descripto principalmente para bosques, apunta a la sobreutilización de ecosistemas naturales para generar productos para el mercado internacional, con la consecuente degradación de la vegetación y los suelos”, y puntualizó que en el caso referido se trató del “sobreuso de los pastizales naturales para producir lana con destino a la exportación”.

El documentado estudio destaca que “la degradación de las tierras fue señalada tempranamente por Bailey Willys” en un trabajo de 1914, tras lo cual afirma que “la sobrecarga ovina y el sobreuso de los pastizales de algunas estancias, obligó a reducciones de carga antes de los años 20”, como quedó testimoniado en un libro de 1964 de la autora inglesa Mollie Robertson.

Luego enfatiza que “la concentración de tierras arrincona a las poblaciones locales en territorios más acotados y de peor calidad, lo que los lleva a sobreexplotar los recursos para su propia subsistencia”. En este sentido Bran toma palabras recogidas de una pobladora del sur rionegrino y reproducidas en un texto de Ana María Murgida y Elvira Gentile: “Los winkas dicen que somos pobres porque somos vagos, pero nosotros somos pobres porque ellos tomaron nuestras mejores tierras y nos pusieron a vivir en un risquero”.

Cómo revertir la concentración

Avanzado el informe, el investigador considera que “uno de los grandes desafíos que presenta la concentración de tierras es su reversión, ya que es prácticamente imposible que los desplazados logren generar un capital que les permita volver a adquirir las tierras”.

Añade que “incluso los propios Estados encuentran grandes obstáculos para hacerlo” y que “como ejemplo sirve el caso de la estancia Huanuluan. Debido al estado de semi abandono de este campo, la legislatura de Río Negro promulgó una ley para su expropiación con el objetivo de beneficiar a unas diez familias de pueblos originarios. Sin embargo, dicha ley nunca se hizo efectiva y la Provincia terminó perdiendo un juicio por lucro cesante iniciado por el dueño que la tenía en el estado de cuasi abandono”.

En un tramo final, “a modo de conclusión”, el autor lamenta que “en vez de buscar formas para revertir los procesos de concentración de tierras, advertido en el informe de Oxfam” (mencionado al principio de esta nota periodística), “el gobierno nacional modificó a través de un decreto la Ley de Tierras Rurales, diluyendo los controles para la compra y la concentración de tierras”.

Destaca por último que “el conflicto con Benetton y otros surgidos en nuestra región, vuelven a visibilizar una historia de despojos no cerrada” y además “pone en discusión la revalorización de la tierra en relación a conceptos tan primarios como son los de ‘bien común’, la ‘soberanía alimentaria’, ‘salud ambiental’, etc., y no como una merca mercancía sujeta a las leyes del mercado”, concluye Donaldo Bran en el informe desarrollado por el Centro de Estudios Patagonia.

Fuente: Va Con Firma