Por Carlos “Beto” Vivero.

Con la apertura de Sesiones Ordinarias del Congreso Nacional el pasado primero de marzo, el Gobierno de Mauricio Macri no solo dio inicio a la Campaña electoral con un discurso confrontativo -sobretodo cuando el Presidente dejó el libreto de Duran Barba y expresó su pensamiento crudamente-, sino que se inició una semana crucial respecto a la capacidad del Gobierno para reaccionar frente al creciente malestar social y, fundamentalmente el desafío para la oposición de amalgamar una propuesta que incorpore las demandas sociales, de los trabajadores y  empresarios Nacionales que permitan canalizar el descontento con una gestión que prometió en exceso algo a lo que ni siquiera se aproximó, y traducirlo en fuerza electoral.

El poder – en si, una alianza de conveniencias- que exhibe el Macrismo, se sustenta y consolida en una fenomenal protección mediática ( con el Grupo Clarín como punta de lanza y gran beneficiado por la derogación de la ley de medios y el otorgamiento de licencia 4G gratis a Nextel), una acción coordinada de la corporación  Judicial mediatizando procedimientos y profundizando la persecución a dirigentes políticos y sociales identificados con el campo Nacional y Popular y cediendo a las presiones del ejecutivo para proteger al Presidente ante la evidencia de acciones que escandalosamente lo involucran en ilícitos e incompatibilidades (Panamá Papers, Correo, Avianca). Sumado a esto, el poder financiero “agradecido” por la renuncia a la Soberanía frente a los fondos buitres (que además sirvió como mensaje a Nivel Internacional) y el consiguiente festival de deuda impulsado; el sector agroexportador y minero, como la actualización tarifaría del servicio eléctrico y el gas sin ningún resultado concreto en términos de calidad del mismo.

En la puja distributiva, claramente el Macrismo ha optado por estos  sectores, en desmedro de los trabajadores, la industria y el consumo interno impulsando eliminación de paritarias, aumentos salariales 10 a 15 puntos bajo el índice inflacionario. Acciones estas que han contado con aval de la Patria Sindical Burócrata de siempre.

De allí que Lo que suceda esta semana es crucial. El  descontento se manifiesta en la calle de manera contundente. En 22 provincias no se Inicio el Ciclo Lectivo ante la eliminación de las Paritarias que, por ley, debían llevarse a cabo (tal vez dando un paso mas en torno a la flexibilización laboral que se pretende impulsar y que tiene su promer hito en el convenio laboral de Vaca Muerta) y, en el caso de Provincia de Buenos Aires, la oferta inicial es del 18 % en cuatro tramos. Sin Palabras.

La movilización impulsada por la CGT (mas condicionada por su base trabajadora que por sus acomodaticios dirigentes), pondrá en agenda el festival de despidos sobretodo en el sector industrial en sus diversas ramas (más de 400 mil estiman analistas). Cambio de modelo. Pasamos del Modelo Industrialista y de incentivo al consumo Interno Kirchnerista, al de retracción, tarifazos y endeudamiento externo del Macrismo. Las consecuencias, a la vista.

El Llamado a indagatoria a la Familia Kirchner, tal vez constituya un paso mas en la estrategia Macrista de polarización. Ante la ausencia de logros  concretos en beneficio de la gran masa popular (al contrario,  solo acciones en perjuicio de éstos), se opta por la demonización de la “pesada herencia” (que a juzgar por los datos del INDEC Macrista dista de ser pesada). Se acrecienta así, el Liderazgo político de Cristina Fernández de Kirchner quien hoy ejerce sin dobleces una oposición frontal al Modelo “M” y acaso cuenta con una fuerza política con desarrollo territorial, organizaciones sociales, trabajadores organizados, empresariado nacional e industrial, y caudal electoral ( sobretodo en el principal distrito, la provincia de Buenos Aires donde orilla los 40 puntos de intención de votos), como no lo tienen otros dirigentes.