Volvían cantando. Casi a las diez de la noche estaban de regreso después de un día largo.

Venían cantando e incluso se los vio en la ruta, en alguna parada cerca de Zapala, chacarereando en la banquina. Sonaban canciones de moda y otras que delataban la edad de unos cuantos,

Volvían alegres. Se veía en la cara de los conductores de los colectivos.

Habían arrancado antes de las tres a preparar sus equipos. Zapatillas, mate y bizcochitos para una jornada larga. Tres y media salieron los vehículos, que fueron completando unas cuarenta personas hasta que subieron los últimos por las canteras.

Había maestras y maestros, profes de distintas Escuelas, la rural, la periférica, la del centro, la secundaria, la técnica, la terciaria, la especial. se veía que la cosa iba a ser grande. La semana anterior la subestimación del gobierno había generado mucha bronca, y muchas ganas de salir a mostrarse acompañados y de plantarse ante la soberbia.

Pensaban dormir un rato más. Pero se encontraban con sus compañeros y sus compañeras, y la charla se hacía inevitable. Así hasta la madrugada, que fue pegando la modorra y varios dormitaron el tramo final.

Al llegar se fueron haciendo multitud. Llegaban de Chos Malal, de Añelo, de Villa la Angostura, de Cutral Co, de Centenario, de Junín, de todo el Neuquén. ¿Serían veinte mil?…¿veinticinco mil?…Un montón. La movilización más grande de la última década en la provincia.

Hace una década…Si el 4 de Abril de hace diez años, fue asesinado Carlos Fuentealba, que también había salido, con las zapatillas, el mate… Hace una década, pensaban muchos… en el gobierno de Sobisch…que se postulaba para vice de Macri, y que después siguió, solo…solo.

Y se veía en las banderas a Fuentealba.

Y el clima en Neuquén era ideal. Solcito, no mucho calor, así que a caminar. Marcharon por la avenida, siguieron por la ruta, kilómetros, se acercaron al puente a abrazar a sus compañeros de Río Negro.

El clima era ideal. Se cantaban viejas consignas y frases ingeniosas, sonaba la más maravillosa música, decía un viejo. Reencuentros, abrazos. Se sentían parte de una jornada que no termina. Que perdura.

Y la mirada de los otros era distinta. Se veía que esto iba a pasar. Si en quince meses a todos, a los de la marcha y a los de afuera, se les esfumó el salario. Y el bolichero vendió poco y achicó el negocio. Y las persianas bajas en Neuquén, un dato que causa pena. Si hasta hubo palmas acompañando al paso de los manifestantes.

No estaban solos. Y las radios hablaban de cuadras y cuadras de guardapolvos blancos en Buenos Aires. Ahí sí que había que remontarse dos o tres décadas, a la Carpa Blanca, a la marcha Blanca. No estaban solos, eran muchos miles en todo el país.

Medio solo estaba Macri. Hablando del Sol. Forzando pibitos para la foto. Pero esa será otra crónica. La de los globos y los pasitos para adelante…y para atrás.

Habló Guagliardo. Buen discurso. Muy claro. Se lo ve afilado. Y se sintió respaldado. El hombre tiene gimnasia en estos temas. Pero le habrán temblado las patas al ver a la multitud.

Después los sanguches de milanesa. Un poco secos. La vuelta. Había satisfacción. Ganas de contarle a los que se quedaron. Ganas de que no se haga larga la cosa. Que sea justa.

La conversación con el de al lado, con la compañera. El viaje largo, el mate, los bizcochos.

Y el pendrive del chofer. Y poné más fuerte.

Y venían cantando.

Con la tarea cumplida.