“Yo he visto malos que se han vuelto buenos, pero no he visto jamás un bruto volverse inteligente”.

Juan Perón. Tres veces presidente de los argentinos, por el voto popular

 

Uno sabe que se escucha de todo por todos lados. Y que en estas épocas de cultura descartable, de hablar a las apuradas y de superficialidad, a veces se escucha a cualquiera decir gansadas con una autoridad que haría temblar de miedo al pobre Sócrates, que hace unos veinticinco siglos advertía sobre nuestra enorme ignorancia, y sembró en Aristóteles la virtud de la prudencia.

Y como no es bueno señalar, es necesario saber que uno mismo, siendo un mediocre jugador, cae en la tentación de enseñar fórmulas mágicas acerca de como se hace un buen asado, como se ceba un mate a punto o cómo debería armar el Patón Bauza el equipo para ir a Rusia.

Hasta ahí, no pasa nada, palabras huecas de quienes no sabemos, pura soberbia , sobre temas que a otros le entrarán por un oído y le saldrán por el otro en una charla de colectivo o en una mesa de Truco.

Pero la cosa se pone más álgida cuando esa misma soberbia, producto de vaya a saber qué, lleva a cualquier tarambana a opinar sobre temas complejos y sensibles, que pueden ofender en su charlatanería a cientos o a miles de personas, a su cultura, a su dolor y a su propia historia. Más aún cuando el que repite como loro las frases hechas de reuniones de té canasta o de club de golf, ostenta un rol de representación en una  comunidad que se construye  cada día, en la que su palabra pasa a tener un valor institucional.

Más cuando la irresponsabilidad se escuda en la excusa de no saber, de prejuicios y de comentarios. Cuando se habla desde esos refugios, ya se trata además de torpeza, de cobardía.

Vamos a referirnos concretamente a la penosa carta del bolichero Fernández, que en su cabeza de contador, no hace lugar a la complejidad de otras áreas que debemos ejercitar, como el análisis de la historia, de la sociedad, del derecho y de la justicia, elementos que no siempre tienen que ir de la mano con la tabla del dos.

Parte en su limitado análisis, de una premisas que él no puede afirmar, por lo tanto no son verdaderas, habla de “supuestos derechos ancestrales, que en lo personal creo que corresponderían a los Tehuelches”, desconociendo la historia y la Constitución Nacional, la provincial y la Carta Orgánica Municipal. Dice que en la cultura Mapuche le “parece que esta la del no trabajo y no esfuerzo” y que ” Vas al mirador Arrayan y te roban los de ahí arriba mismo, todos saben quiénes son”, habla de  “los rumores sobre los contratos y las bajadas de plata de los últimos años y el uso inapropiado de los fondos” en el Barrio Intercultural, entre otra serie de considerasiones plagadas de bajezas y esencialmente de cobardía, la de decir desde el potencial y la suposición, que es no hacerse cargo. Porque si no, uno debe ir y denunciar.

El bolichero aconseja sin que nadie se lo pida, acerca de cómo desarrollar y manejar la economía en las tierras comunitarias. seguramente le agradecerán los consejos. Pero en el mientras tanto, tiene que aprender. Contar hasta diez antes de hablar. Tomarse un rato para leer. Conversar y hablar menos, para escuchar más.

Algunos han hablado durante todos estos años acerca de una grieta que nos va separando a los argentinos. Tal figura para hablar de proyectos se fue instalando en ciertos imaginarios. No se honestamente si a Fernández le da para tanto, pero si creo que que Fernández va escarbando y si no llega a grieta con sus provocaciones, va generando, si no grieta, aunque sea un Hueco, malo para nuestra convivencia, vaya a saber con que sepueda  llenar,  Hueco malo para hablar, porque genera eco, es decir escuchar el retumbe de la voz de uno mismo, sin escuchar al otro en el medio de ese Hueco.

Me ha tocado personalmente escuchar sus iras ante propuestas de mi autoría que no le han gustado. Y ni hablar de cuando actué lejos de sus ideas y de su moralina!

Y si. No se lo nota un tipo calmo. Se pone nervioso. Más bien caprichoso. A veces pasa, cuando la cuna da algunos privilegios.

Pero cuando se tiene una responsabilidad, mejor elevarse, tomar altura, no provocar. Por ahí así nos encontremos como comunidad, aunque algunos no nos gustemos y tengamos posturas encontradas. Estamos obligados al diálogo. Lo invito si quiere al ámbito institucional de San Martín de los Andes para hablar de estos temas, la Mesa de Protocolo Intercultural, que se reúne todos los viernes, y en la cual todos aprendemos mucho. Aprendimos entre otras cosas a ir sin prejuicios y a no dejarnos llevar por charlatanerías. Nadie va a estar ofendido, se han dicho cosas peores, yo mismo me comprometo a no repetir las cosas que se dicen de usted en tantos lados ¿Para qué?

Tengo la esperanza de encontrarnos, estoy ahí o donde sea. Y pongo en todos, para que reflexionemos, la frase del General Perón que encabeza esta nota, porque creo que podemos superar nuestra maldad para ser más buenos…ahora sobre lo segundo…Bue, soy peronista, que va a hacer.

Rodolfo Manson – Concejal del Frente para la Victoria