por Héctor Mauriño –

Está claro que el sector social que representa el macrismo no está interesado en condenar a la última dictadura ni en seguir juzgando a sus responsables, por la misma razón que es el beneficiario de la política económica que se impuso a sangre y fuego el 24 de marzo de 1976.

La marcha de este 24 de marzo fue, en todo el país, una demostración de poder popular en contra del intento de desvirtuar la lucha por los derechos humanos y de la política económica antipopular y antinacional del gobierno de Mauricio Macri.

En realidad, en los últimos 15 meses sobran testimonios de que la lucha del pueblo argentino por la memoria, la verdad y la justicia está ciertamente amenazada por un gobierno interesado en contar la historia de otra manera.

En vísperas de este 24, los diputados de Cambiemos posaron con un cartel que decía “Nunca más los negocios de los derechos humanos”, en una actitud francamente provocativa que recuerda cuando su jefe el presidente dijo que había que “terminar con el curro de los derechos humanos”.

El secretario de Derechos Humanos, Claudio Avruj, consideró que “en estos 12 años se ha fanatizado a una sección de la sociedad” y planteó la necesidad de que haya un “reencuentro y reconciliación” entre las víctimas del terrorismo de Estado y sus victimarios.

De paso, volvió a intentar un nuevo regateo sobre la cantidad de víctimas del genocidio, al asegurar que “el ‘Nunca Más’ es indiscutible y marca 8.500 personas”, en lugar de las 30.000 que denuncian todos los organismos de defensa de los DDHH.

En esta oportunidad el gobierno no hizo ningún acto oficial para recordar el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, y Macri sólo recordó la fecha en su cuenta de Facebook, donde citó el prólogo del “Nunca Más” del ‘84 que fundó la teoría de los dos demonios.  Otro franco retroceso que parece destinado a ir preparando el terreno para la mentada “reconciliación”.

No por grave, nada de esto es novedoso. Baste recordar el fallido intento presidencial de eliminar el feriado del 24 de Marzo o la persecución ominosa contra la dirigente social Milagro Sala, que lleva adelante el gobernador radical de Jujuy con el apoyo del gobierno nacional. Ambas cosas, son verdaderos sellos en el orillo de este gobierno de los ricos contra los pobres.

Está claro que el sector social que representa el macrismo no está interesado en condenar a la última dictadura ni en seguir juzgando a los responsables de las violaciones a los derechos humanos, por la misma razón que es el mismo que se benefició de la política económica que se impuso a sangre y fuego a partir del 24 de marzo de 1976.

Pasaron muchos años desde aquél día hasta que la sociedad pudo darle el nombre correcto a lo ocurrido: “dictadura cívico militar”. Tuvieron que pasar décadas de lucha de los organismos de defensa de los DDHH, y llegar gobiernos como los de Néstor y Cristina Kirchner que pusieron voluntad política para juzgar los crímenes de lesa humanidad.

La dictadura fue militar porque fueron los uniformados los encargados de llevar a la práctica ese plan monstruoso. Cívica, porque tuvo origen civil, en las clases propietarias y entre los apoderados del capital extranjero, los mismos a los que representa hoy Mauricio Macri.

No es causal que al día siguiente de asumir, el gobierno de Cambiemos se dejara de lado lo de cívico militar para pasar a usar militar a secas, si a alguien incrimina la palabrita es a “la gente de pro” de este país.

No es casual, tampoco, que el diario La Nación, “tribuna de doctrina” de los poderosos haya salido, a poco de comenzar este gobierno, a marcar la hoja de ruta con un artículo que daba cuenta de que los desaparecidos  “no fueron 30.000”.

En realidad, aunque la condena a los crímenes de la dictadura forma parte del acervo cultural del pueblo argentino, lo que está en juego con este gobierno es cómo se escribe la historia.

Y tal como ha quedado demostrado con la lucha de los organismos de defensa de los derechos humanos, cuyos frutos pertenecen al conjunto de la sociedad, en el país también hay criminales sociales de guante blanco.

Está claro que la verdad histórica no puede ser derribada fácilmente. Pero no hay duda tampoco de que ese es un objetivo de quienes hoy nos gobiernan y que si algún día lograran alguna legitimidad -algo de por sí arduo-  intentarían una falsa reconciliación para restaurar la historia oficial.

En Neuquén, la movilización del viernes fue multitudinaria, más nutrida aún que en otras oportunidades y de un claro sesgo opositor al gobierno de Cambiemos.

Pero los actos por el día de la memoria tuvieron su momento más emotivo con las palabras de la ex senadora Silvia Sapag, en el acto en el que se descubrieron dos baldosas en la vereda del colegio San Martín con el nombre de sus hermanos Ricardo “Caito” y Enrique, asesinados por la dictadura,

Silvia Sapag conmovió a los presentes con un crudo relato sobre la recuperación del cuerpo de su hermano Caito, ocurrida en 1977 en el cementerio de La Plata, luego de haber peregrinado, ella, su padre Felipe y su hermano Luis, por cuarteles y comisarías padeciendo todo tipo de vejámenes.

Silvia dejó en claro que sus hermanos “eran montoneros” y que “lucharon por sus ideales” y relacionó aquel ejemplo de resistencia a la dictadura con el papel desempeñado por los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner en la defensa de los derechos humanos.

Fuente: Va Con Firma