por Adrián Fernández *

Cuando las cifras preliminares confirmaron el resultado Moreno habló ante cientos de ciudadanos en la sede de Alianza País en Quito mientras que Lasso se negó a reconocer la derrota, denunció el resultado ante la OEA y amenazó al presidente Rafael Correa. Denunció que una encuestadora fue pagada por el Banco de Guayaquil para dar como ganador a Lasso exponiendo a los ecuatorianos “a un enfrentamiento”. Se refería a la encuestadora Cedatos que apenas terminada la votación difundió un sondeo que le daba a la derecha 53% de votos frente al 47% de Moreno.

La jugada –reveló Moreno- era mostrar ante la opinión pública ecuatoriana e internacional que Lasso no podría perder la elección debido a esos 5 puntos de diferencia a su favor según Cedatos.

En ese mismo momento, la firma Perfiles de Opinión revelaba que el candidato de Alianza País lograba 52,2% y Lasso 47,8% de los votos, mucho más parecido a lo que arrojaron los números del CNE.

“Tenemos datos completamente certeros, compañeros, hemos ganado las elecciones”, señaló Moreno mientras pedía en vano al candidato de la derecha a que acepte los resultados oficiales. Luego reiteró su apoyo a Jorge Glas, su compañero de fórmula, “quien fue acusado de actos de corrupción, sin una sola prueba”.

“Este gobierno va a trabajar por todos, voy a ser el presidente de todos los ecuatorianos, rescataremos y trabajaremos por conocer y resolver lo que necesitan los ecuatorianos“, manifestó. Prometió que trabajará por lograr el gobierno más limpio que haya tenido Ecuador.

“Correa juega con fuego”

Amenazante y lejos de aceptar la derrota, el derechista Lasso denunció “pretensiones de fraude” en las elecciones y anunció que ya informó de esto al secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro. Dijo que sus asesores legales presentarán “en el menor tiempo posible todas las objeciones” ante supuestas irregularidades.

Puso como ejemplo un apagón en el sistema por internet de recuento oficial del Consejo Nacional Electoral: “pretenden decir que en veinte minutos se apagó el sistema y luego aparecen escrutados del 20 al 90 % de los votos”.

Luego señaló que “se ha cruzado una línea” y denunció que el presidente Rafael Correa quiere “abusar de la voluntad popular con un gobierno ilegítimo en Ecuador”. Amenazó al jefe del Estado para que “no juegue con fuego (y) no tiente a los ciudadanos ecuatorianos (porque) aquí hay gente que no le tiene miedo”.

Cuando las cifras preliminares eran irreversibles se registraron algunos incidentes en Quito. Si bien no fueron considerados graves por el gobierno ecuatoriano el presidente Rafael Correa lamentó los hechos y pidió terminar la jornada de la segunda vuelta en paz.

Bocanada de aire fresco

Previsiblemente el triunfo sobre Lasso fue ajustado teniendo en cuenta que el banquero sumó a todas las fuerzas de derecha, centroderecha y a la socialcristianas, además de la agrupación indígena Pachakutik. Nuevamente la polaridad en la elección suramericana mostró qué cosas se vienen jugando en nuestra región en los procesos de los últimos años.

Quedó fuera de juego democrático –aunque la siga en la OEA con vuelo de corto alcance- el hombre que puso su dinero a beneficio de la mentira, la denuncia y la violencia. Perdió el candidato que con su lema “la necesidad de un cambio” soñó con ser como los “empresarios” Pedro Kuczyinski en Perú y Mauricio Macri en Argentina.

Con todo, la reacción electoral de Lenin Moreno fue notoria luego de terminar arriba 38% a 29% en la primera vuelta electoral. Los 13 puntos porcentuales que sumó el postulante oficialista de cara a esta segunda vuelta son heroicos si se tiene en cuenta, como hay que tenerlo, que Lasso reunió además la mayor ofensiva de la derecha política, empresaria y medios de comunicación.

Ecuador fue testigo en estos meses de la maquinaria de mentiras y difamación con que la derecha ganó las últimas elecciones en Argentina o venció en el referendo por el no a la reelección de Evo Morales en Bolivia o fomentó el rechazo al acuerdo de paz en Colombia. Incluso la destitución ilegítima de Dilma Rousseff en Brasil fue parte de esa maquinaria inédita. Le cabe a Moreno un enorme reconocimiento para convencer a la mayoría de los ecuatorianos sobre los efectos nefastos de esa campaña.

Como se dijo en una columna similar tras la primera vuelta la candidatura de Moreno se apoyó en el Gobierno que el 15 de enero celebró una década de transformaciones sociales históricas. Ese día Correa alertó sobre lo que luego se desató contra Lenin: fortísimas arremetidas mediáticascontra el Gobierno que se intensificaron a medida que se acercaban la primera y luego la segunda vuelta.

Con Moreno se abren incógnitas, muchas, pero nadie duda que mantendrá la esencia de la Revolución Ciudadana y con ella el proyecto ya diezmado en otros países de la integración regional. Y seguirá de pie, como símbolo de las asignaturas pendientes, el edificio de la sede de Unasur ubicado en Quito que lleva el nombre de Néstor Kirchner, primer secretario general de la Unión Sudamericana.

Correa, el hombre que para la derecha es un ser despreciable, totalitario, turbio y corrupto, dejará el gobierno el 24 de mayo. Ahora se sabe, será a manos de Lenin Moreno, quien en la noche del domingo que lo consagró presidente electo adelantó que “la revolución continúa”, más allá de que prometió que será dentro de sus formas menos beligerantes y más flexibles.

*Columnista de la revista América XXI