A las 11 am del 12 de mayo pasado, en pleno centro, a metros de la casa municipal, detrás del correo, con una leve y fresca llovizna, en el Concejo Deliberante de San Martín de los Andes, tuvo lugar un encuentro para dialogar y pensar el futuro del pueblo. Participaron un puñado de Concejales, organizaciones sociales, vecinos interesados, ex concejales, de un bando u otro del abanico político, menos el fragmento de turno, el MPN. Suele suceder que cuando se toca el bolsillo de la gente, o el propio, se piensa en el futuro.

A salón lleno, la “Mesa de Chapelco” dialogó sobre la denuncia por la concesión que hizo el anterior gobierno provincial encabezado por Jorge Sapag, otorgando en 2010, 90 hectáreas de tierras fiscales, a precios fiscales, a la empresa Nieves del Chapelco, actual administrador del cerro. En el diálogo hay muchos supuestos, muchos habría, muchos al parecer, pero hasta el momento nada en concreto. No obstante, los rumores del tema rondan a las publicaciones que vienen de la provincia vecina Río Negro que, hasta ahora marcan la agenda y va filtrando información de a puchitos, mientras las mañanas amanecen silenciosas.

Un negocio en una zona protegida por la Ley de Bosques, es la propuesta de la empresa. «Proyecto inmobiliario que contempla la urbanización en el cerro con incorporación de unas mil camas distribuidas entre cabañas y hosterías, con cocheras, gas natural, pavimento y electricidad —dice el informe de mayo de 2016 de la Asamblea Socio Ambiental de San Martín de los Andes— que afectó y afecta la cuenca hídrica, a los bosques nativos y sobre todo, a la participación ciudadana».

Cuando en 1948 los jóvenes que subían a pie al cerro para esquiar y, cansados volvían a subir sólo por el afán de disfrutar de la nieve, entusiastas, impulsados por Federico Graeff, inauguraron un pequeño refugio. Primero fue un solo ambiente con cuchetas para albergar en invierno o verano a los grupos que llegaban al cerro. En los momentos más crudos del invierno, el refugio desaparecía bajo la nieve, por eso, ingeniosos, tenían instalado un mástil con una pala atada a lo alto para encontrarlo. Después se agregaron otros ambientes, una galería cerrada, la torre que permitía el acceso a diferentes niveles. Así, las subidas al cerro fueron cada vez más asiduas por jóvenes esquiadores locales. Algunos pobladores que aún no esquiaban, comenzaron a subir al cerro en sus jeep, con mantas y mochilas con comida los fines de semana. Fue tomando popularidad, se construyó la primera pista y se le asignó presupuesto municipal a finales del 50.

Con el tiempo se sucedieron inversiones que fueron modernizando el centro invernal en el cerro año tras año hasta mediados de los 70 que, por decisión provincial concesionaron el centro de esquí, también se construyó el Hotel Sol y el Aeropuerto. Lo que comenzó como algo del pueblo y de su gente, cuando el gobierno le vio el potencial pasando sobre la comunidad comenzó a decidir sobre él. Así y todo, sin opciones, el pueblo se la bancó. Aún quitándole al pueblo lo que le pertenecía, teniendo que pagar, siguieron esquiando. Lo que comenzó como esparcimiento invernal, luego deporte, se convirtió en un atractivo turístico que debido a los altos costos de mantenimiento y mercado, el público comenzó a reducirse a los de un escalón económico medio alto, alto. La historia es circular, lo que pasó antes se repite. Quizá Graeff se retuerce en su Alemania natal. Y seguramente él y aquellos primeros entusiastas, no imaginaron que a 69 años, donde clavaron el mástil con la pala, gracias a la bondad, la generosidad, el derroche, hoy se habla de construir un mega emprendimiento turístico.

Pero así como todo es un supuesto, una hipótesis, el diálogo de la fauna política hoy mayormente de acuerdo para pelear por lo que es del pueblo, está sustentado también en “supuestos”, o por lo menos eso dejan ver y oír. Pero están a tiempo porque así como el cerro Chapelco es más que un centro de esquí, es también, antes que una empresa, una idea, o un proyecto, la cabecera de las cuencas Trabunco y Quitrahue, de vital importancia para el sistema hidrológico de San Martín de los Andes. El cerro es la “fábrica de agua” de la comunidad, puede ser que no se vea ahora, pero se verá en algún momento. Lo que pasa allá arriba, repercute muy seriamente abajo.

—La preocupación pasa por no saber de qué se trata. El miedo de los comerciantes locales radica en el perjuicio que podría generar una eventual villa en la montaña que monopolice todos los servicios turísticos que se ofrecen en la localidad —dijo un concejal del PRO al diario Rio Negro—. No estamos en contra del concesionario pero la ecuación también le tiene que servir al pueblo de San Martín de los Andes.

—Queremos reivindicar el derecho de San Martín a ser parte de las decisiones que atañen al cerro Chapelco, porque suponen al propio desarrollo del pueblo, y asimismo pretendemos que las cosas se hagan en el marco de las leyes de Protección de Bosques Nativos y de Derechos de Pueblos Originarios —dijo un Concejal de Frente para la Victoria.

—¿Y San Martín de los Andes? ¿y su historia? ¿y sus viejos?¿y su futuro? ¿y sus pibes? Es grave el precio pagado por las tierras, es ofensivo. Con lo que sale un abono de temporada hoy, a ese valor fiscal nos podríamos comprar unas 4 hectáreas. Mientras, la provincia y la empresa continúan negociando sin que San Martín participe —dijo otro concejal del FPV.

Las voces oficiales relacionadas con el turismo, la producción y el deporte creen que hablar de lo que se habla en los medios, de lo que habla y le preocupa a la gente, es contraproducente previo al inicio de la temporada de invierno.

La naturaleza de las cosas está cambiando. Si se descuida o se decide mal sobre lo que existe, sumado a las estadísticas sobre el calentamiento, los deshielos, quizá en siete u ocho años, allá arriba, haya que hacer piletas porque ya no habrá más nieve.

Todavía hay tiempo. Mientras, algunos esperan y pretenden para las próximas semanas tener noticias del decreto, de la provincia y del municipio. Otros ya planean la temporada, otros juntan el mango para pagar un pase para esquiar. Otros van poniendo en el estante un souvenir para venderle a los turistas. Otros calentando las hornallas. En resumidas cuentas, el pueblo vive de la temporada, todos quieren un mejor futuro, ¿pero a qué costo? Mientras nadie pise a otros, piensan unos, mientras haya para todos, piensan otros, mientas las discusiones se den abajo, donde está la gente y no arriba, y con todos los papeles sobre la madera horizontal de cuatro patas.

Gustavo Arias