Rodrigo Franco entrevista a Itatí González, joven artista plástica de nuestra localidad.

 

– ¿Cómo te iniciaste en la actividad artística?

– Yo no me acuerdo un inicio. Supongo que fue desde siempre, por lo que me cuenta mi vieja (la “cuentacuentos” Irene Lozza). Mientras cursaba la primaria fui a talleres y cursos de dibujo, y la secundaria la hice en la Escuela de Bellas Artes Rogelio Yrurtia, en Parque Avellaneda. Era un bachillerato con doble turno, donde se aprendía dibujo, grabado, etc. Esto fue buenísimo para mí, ya que ahí transcurrí los años de la adolescencia, cuando es tan difícil encontrar algo por donde canalizar. Allí me recibí de Maestra de Plástica, en el 2001.

– Una época complicada…

– Sí, todo estaba muy confuso… Yo intenté continuar estudiando en el IUNA (Instituto Universitario Nacional de Arte), pero en ese momento era tal la desorganización que decidí irme a estudiar a La Plata, donde empecé la carrera en la Facultad de Bellas Artes. Ése fue un aprendizaje más de la vida que de lo técnico, si bien tuve una visión más completa de lo que ya había visto en la secundaria, con profesores más formados…

– ¿Por qué decís que aprendiste más de la vida?

–  Porque fueron difíciles para mí esos años, 2002, 2003, como para tantos, porque era difícil vivir, sostenerse… Ya por ese tiempo, mi familia estaba viviendo acá en San Martín, así que surgió la posibilidad de venir a trabajar en el verano, juntar algo de dinero y seguir en La Plata. Pero cuando estuve acá, empecé a trabajar y ya no quise volver. Seguí pintando por mi cuenta, y cuando pude fui a Buenos Aires y entré al taller de Lygia Dalton, con quien comencé a utilizar otras técnicas distintas a las que hacía, y también a incorporar más la abstracción. Con esta pintora aprendí mucho, y me dio buena base para seguir desarrollándome en forma autodidacta…

– Pero siempre enfocada en la pintura…

– Sí, pero también transité una breve experiencia con el cine, que es un arte que me gusta mucho, y así pasaron unos años, con algunas idas y vueltas, y en uno de esos cambios, volví a San Martín. Yo seguía pintando al óleo, lo que me llevaba muchísimo tiempo para cada obra. En un momento vino un pintor de Buenos Aires a dar una charla, y a partir de una conversación que pude tener con él, me dio algunos consejos para empezar a participar en exposiciones y concursos. Entre otras cosas, me recomendó trabajar en formatos más grandes. Así que me hice de un bastidor mucho mayor a los que usaba y comencé a emplear acrílico, con el desafío de aplicar la misma técnica que venia haciendo con el óleo… En aquel momento yo estaba embarazada y necesitaba aprovechar el tiempo disponible para pintar, y el óleo tarda mucho en secar, lo que me condicionaba para aplicar la siguiente capa y el tiempo de realización total de la obra se extiende mucho más…

– Un desafío múltiple: embarazada y probando un cambio de técnica…

– Fue toda una experiencia, con los últimos meses de embarazo y el nacimiento de mi hijo Manu, ir desarrollando una técnica que conservara el estilo de lo que venía haciendo pero con otro material, pero terminé a tiempo de mandarlo al Salón de Artes Plásticas de Esquel en el 2014, y gané el primer premio.

– Nacimiento y premio, un combo de emociones y cambios.

– Sí, fue relindo y me dio confianza trabajar en bastidores grandes, y también comodidad desde lo físico. Además de continuar experimentando con el acrílico, comencé a utilizar otros elementos y técnicas. Fue una época muy productiva, combinada con la tarea de ser mamá: cuando tenía un ratito, me ponía a pintar, y así fui realizando algunas obras que fueron a concursos y exposiciones.

– ¿Podés vivir de la pintura?

– No, y ése es todo un tema, que genera cierto conflicto. Al hacer algo que nos gusta pero no nos da ningún ingreso económico seguro, siempre hay que tomar una decisión, y a veces es difícil. Yo lo termino haciendo porque para mí pintar es una necesidad, no me imagino la vida sin pintar. No lo hago por hobby, o porque “no sé qué hacer”. Pintar requiere mucho de mí, y me enojo cuando algo no me sale y todo el tiempo es solucionar problemas, y buscar la forma hasta que sale lo que quiero.

– Es un trabajo…

– Es un trabajo, y encima mi forma de pintar tiene que ver mucho con lo personal, lo psicológico, con lo que me pasa. Yo no hago un boceto previo, voy pintando y haciendo una capa, y luego otra capa, que cubre o se combina con lo que está abajo… por ahí empiezo con una paleta y capaz que en el medio la cambio… y la mayor parte del tiempo es mirar. Puedo pasar horas, como en una especie de trance, en esa contemplación, en donde es necesario estar sola. De allí van surgiendo personajes, objetos, situaciones, y de ahí los voy trayendo para la luz. Es lo que pasa y me pasa en ese momento, y las cosas que aparecen, una casa, por ejemplo, funcionan como símbolos. Siempre hay personajes, historias abiertas, para que el otro interprete lo que quiera. Me gusta eso, no dar servidas las cosas.

– ¿Y qué es lo que aparece?

–  Hay mucho de mis antepasados, por lo que tiene que ver conmigo pero no concretamente, porque son elementos dentro de la obra. Por el momento, esto es lo que surge, pero no sé, tal vez más adelante me dé por buscar algo más concreto, más a partir de un boceto y una representación figurativa, algo donde no quede tan expuesta… pero no sería tan verdadero, porque también se trata de eso: uno saca esa parte de sí, de su alma, ahí, y después el otro, quien lo ve, verá si le gusta o no, qué le pasa o no… Es muy gratificante cuando alguien te dice: con esto que pintaste me acordé de mis abuelos o me identifiqué con aquello… eso es muy lindo…

– ¿Es importante la devolución para vos?

–  Claro, aunque te digan “mirá, no, acá está bueno, pero la parte superior la cambiaría”, porque si bien uno prefiere el elogio, las críticas son muy importantes. Más si vienen de otros artistas, o de cualquier persona con sensibilidad. Ese intercambio es una gran satisfacción para el que se expone.

– ¿Sentís que esta es tu mejor forma de expresión?

– Siento la necesidad de expresarme a través del arte, sea la música, el baile, el cine, la pintura. Y me gusta enseñar, que es mi trabajo en la escuela. Con los más chicos es más físico y con los grandes hay que ir por otro lado, pero siento que a veces se abre una que otra puerta, y eso es muy gratificante. Yo me critico mucho a mí misma, soy bastante autoexigente, pero cuando en algún momento un chico me muestra cómo incorporó a su saber algo visto en mi clase, me llena de una satisfacción especial.

– Sos bisnieta de un destacado y reconocido artista plástico, Raúl Lozza. ¿cómo pesa o influye en tu propio arte?

–  Durante mucho tiempo lo negué. Raúl Lozza fue un artista muy reconocido, aún a nivel internacional, considerado un pionero del arte abstracto en nuestro país. A mí me costó mucho entender su obra artística. Cuando era chica, no lo veía mucho, y fue recién más adelante, cuando yo misma me interesé en el arte, que fui a su casa y él me contó y me mostró algo de su obra. Tal vez yo hubiera querido un vínculo más familiar que artístico. Desde esta perspectiva, hoy siento que algo viene en los genes, aunque mi forma de pintar no tiene nada que ver con lo que hacía él.

Pero a medida que pasa el tiempo y la experiencia, uno empieza a valerse, y a valorarse, por sí mismo. Y creo que, me guste o no me guste, soy una artista. Una vez una profesora me dijo “no nos prives de tu pintura”, un mensaje muy fuerte que significó un gran aliento y una gran responsabilidad para mí. A veces puedo y a veces no, pero estoy en ese camino.

– ¿A quiénes reconocés como artistas que te hayan influido?

–  En lo plástico, Marc Chagall, Gustav Klimt, Paul Klee… siempre me gustó mucho la obra de Raúl Castagnino, Berni, pero me considero muy influenciada por la música, también porque es una expresión que tiene que ver con el tiempo, y yo me he sentido a veces como identificada con otras épocas… de chiquita, a los ocho, me encantaron Los Beatles, y de ahí en adelante se fue ampliando para todos lados. Del rock en inglés fui pasando a lo latinoamericano, pero también fui entrando en el universo del jazz, lo que me llevaba hacia atrás en el tiempo y allí me conectaba con las expresiones plásticas de la época… No es lo mismo pintar escuchando a Pink Floyd que a Glenn Miller… por eso te digo que la música es la gran influencia, pero también le debo al cine, sobre todo las atmósferas que se pueden generar a partir de determinada paleta.

– ¿Qué es el arte para vos?

– La vida misma, con su belleza y su oscuridad.