por Adriana Espósito –

Necesitamos seguir marchando. Nos urge hacerlo hasta que los productos televisivos que alimentamos de rating dejen de vendernos como objetos a los que vestir o desvestir según audiencia. Hasta que a Doña Rosa la espanten más las tetas que sangran en mayúsculas que las que amamantan en público o las que se rebelan a imposiciones culturales en una playa. Hasta que las rejas abiertas a los violadores nos preocupen más que dos paredes manchadas de una catedral. Hasta que, desde la educación más temprana, pene y vagina dejen de definir rincones de muñeca o pelota, de rosa o celeste obligados, de princesas y machitos. Hasta que vestir un short animal print, salir solas o viajar con una amiga sean los derechos naturales que deberíamos haber tenido siempre y no vuelvan a traducirse, jamás, en zócalos capciosos para búsquedas que llegan tarde.

Necesitamos seguir marchando. Nos urge hacerlo por Candela, por Daiana, por Lucía, por Micaela, por Araceli, por Marina, por María José, por María Cash, por María Marta Belsunce, por Nora Dalmasso, por Wanda Tadei, por María Soledad Morales. Por las sin nombre. Por nuestras madres, por nuestras hijas, por nuestras hermanas, por nuestras amigas Por tantas. Por todas.

Necesitamos seguir marchando. Nos urge hacerlo antes de que nuestros rostros se conviertan en fotos rodando por las redes en rastreo desesperado. Antes de que un descampado sea nuestro probable y macabro destino. Antes de que nuestros sueños se asfixien en una bolsa. Antes de ser la próxima.

Necesitamos seguir marchando. Nos urge hacerlo hasta que el mundo escuche. Hasta que no haya rincón del planeta donde un hombre decida que le pertenecemos. Hasta que nunca nadie vuelva a lastimarnos. Hasta que nuestros cuerpos sean NUESTROS de una vez y para siempre.

Necesitamos seguir marchando. Nos urge hacerlo todo lo que haga falta hasta que NI UNA MENOS. Porque nos queremos VIVAS.

Fuente y foto: Nuestras Voces