Macri y el consenso de Berlín


por Emiliano Guido –

La canciller alemana Ángela Merkel estuvo apenas 26 horas en el país. “Libre comercio”, fue la frase que más repitió en su visita. Macri se mostró embelesado por volver a escuchar las palabras mágicas. El demorado acuerdo económico entre la Unión Europea y el Mercosur, es lo que se viene. ¿Estamos frente a un emergente Consenso de Berlín?

La canciller alemana Ángela Merkel retrucó con suma frialdad la broma futbolera que el presidente argentino Mauricio Macri le hizo en conferencia de prensa –un recurso ya muy remanido en él–  y afirmó que Argentina y Alemania tenían un futuro de concordia salvo en el próximo mundial de fútbol: “Rusia 2018 nos encontrará unidos, a no ser que nos volvamos a encontrar en la final”, zanjó seca la Jefa de Estado teutona.

A continuación, durante sus 26 horas de estadía en Buenos Aires, la primera mandataria de la cuarta mayor economía del mundo recalcó en sus múltiples intervenciones dos palabras que precintan el sentido de su visita al país y a México: “libre comercio”. Macri y su gabinete diplomático –en plena transición por la salida de Susana Malcorra y la llegada de Jorge Faurie– se mostraron embelesados por volver a escuchar las palabras mágicas de la narrativa globalizadora, libre comercio, un paradigma de interdependencia en jaque por el gobierno proteccionista de Donald Trump, en boca de un líder mundial.

 

Evidentemente, Merkel tomó la excusa de que su país cederá al nuestro la presidencia pro tempore del G20 –Mar del Plata será sede del estratégico evento el año próximo- para reforzar su objetivo de utilizar a la Argentina como país pivote, ante el declive de Brasil, en pos de precipitar el demorado acuerdo económico entre la Unión Europea y el Mercosur. “Alemania y Argentina deben ser garantes de un acuerdo que busca un mundo más interconectado y libre”, enfatizó Ángela y a Mauricio le brillaron los ojos. “Quedate con el que te mire como Macri mira a Merkel”, fue el chiste trending topic en la red social Twitter.

Además, la canciller alemana volvió a insistir con su apoyo al Acuerdo climático de París, al que Trump hizo trizas, y por supuesto aconsejó el uso de energías renovables, un nicho del mercado donde Alemania posee desarrollo y tecnología de punta. El presidente argentino en su afán por mostrar correspondencia con Merkel hizo difusas afirmaciones sobre su “compromiso” en la pelea contra el cambio climático y recordó que las “inundaciones” vienen golpeando mucho al país.

Recapitulando, las palabras de Merkel parecen ser música para los oídos del modelo global aperturista en lo financiero y económico. Además, el injerencismo alemán blande lo que en relaciones internacionales se denomina soft power (poder blando). En criollo, a diferencia del hard power (poder militar), Berlín intenta construir un nuevo consenso global con buenas formas, todo por llegar al corazón de la sociedad civil. Libre comercio para los bancos y petroleras pero, a su vez, sensibilidad climática. Salvemos a la globalización, y también a las ballenas, parecería ser el subtexto de la política exterior alemana.

 

Andrés Oppenheimer, tradicional vocero continental de Wall Street, elogió el liderazgo de Merkel en una reciente columna publicada en el diario argentino La Nación: “Trump viene confirmando que ha renunciado al papel de liderazgo en el mundo occidental. Además de cometer la insensatez de pelearse gratuitamente con los aliados tradicionales de Estados Unidos mientras abraza a los dictadores de Rusia, Turquía y Arabia Saudita, ya se ha retirado del acuerdo comercial de la Asociación Transpacífica y ahora se marchó del Acuerdo de París. No me sorprendería que pronto veamos un nuevo eje para la defensa global de la democracia y el libre comercio liderado por Alemania y Francia”.

Si en plena victoria del bloque occidental y capitalista post caída del Muro de Berlín se habló del Consenso de Washington como la primacía programática que EE.UU. imponía a los países periféricos para jugar las reglas del orden global capitalista, ¿se puede hablar, en pleno terremoto aislacionista de Trump, de un emergente Consenso de Berlín?

Capitalismo con chucrut

En diálogo con Nuestras Voces, la especialista en relaciones económicas globales Diana Tussie, quien dirige la maestría de Relaciones Internacionales en Flacso Argentina, otea un liderazgo global “por default” de Alemania en el corto plazo. “Veo más bien un liderazgo global de Alemania por default porque EE.UU. está dejando muchas sillas vacías en el concierto del sistema mundo. Lo cual no quiere decir que Washington no quiera volver después para patear el tablero. Evidentemente, el gobierno de Trump se está recostando en una política unilateralista y, por el contrario, Berlín construye ciertos consensos globales tejiendo vínculos multilaterales”, puntualiza Tussie.

En paralelo, la profesora de Flacso entiende que la expansión económica alemana produce, naturalmente, tensiones en el patio trasero europeo, y en el concierto global, porque la última vez que Berlín tuvo sueños imperiales vino con un holocausto incluido. “Para Alemania es un problema muy grande ser líder mundial porque cuando lo intentó abrazó causas que producen repulsión en la memoria histórica. Entonces, la meta de alcanzar un liderazgo global todavía produce resquemores y tensiones domésticas entre la ciudadanía. Lo cual no quiere decir que no haya holdings o corporaciones alemanas que pidan y exijan jugar con más fuerza en la internacionalización económica. Pienso en las grandes firmas alemanas: Bayern, Siemens, que es una empresa de punta multirubro y que opera en el rubro de la construcción pero también en el de la digitalización, y también otras marcas históricas como Mercedes Benz, que no es sólo autos. En definitiva, Alemania cuenta con muchas multinacionales que viven del globo y en el globo”, advierte la especialista de Flacso.

 

Ahora bien, la visita de Merkel puso en primer plano la posible suscripción en el corto plazo del TLC (Tratado de Libre Comercio) entre el Mercosur y la Unión Europea (UE). Si el proyecto continental librecambista del ALCA se fue al carajo, tomando las palabras del líder bolivariano Hugo Chávez en la Cumbre de las Américas de Mar del Plata del 2005, y si los mega acuerdos de apertura comercial del TPP (Acuerdo del Transpacífico, que vincula a la sudamericana Alianza del Pacífico con varios países asiáticos para contraponer el ascenso de China) y del TTIP (Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión, que vienen negociando Washington y Bruselas) están en el freezer porque Trump exigió renegociar. El único gran tratado transfronterizo en la góndola de la globalización financiera que podría tener un final feliz tiene como protagonistas al Cono Sur mercosureano y a la eurozona.

Delfina Rossi, referente de la agrupación capitalina Buenos Aires 3D y ex asesora del Grupo de los Verdes en el Parlamento europeo –por su conocimiento del funcionamiento de Bruselas, la ex presidenta Cristina Fernández invitó a Delfina a ser parte de su pequeña comitiva cuando visitó un mes atrás el Viejo Continente-, entiende que “hay muy poco por festejar” si la Cuenca del Plata estrecha las manos comercialmente con el bloque europeo.

“Los gobiernos conservadores del Mercosur podrían ver lo que le está sucediendo a los países del sur de Europa con un socio comercial como Alemania: terminaron por destruir su industria, se endeudaron (de manera pública o privada) para crecer, son países dedicados al turismo y cada vez exportan más mano de obra calificada al centro de producción de la UE, que es Alemania”, comenta la ex directora del Banco Nación a Nuestras Voces y, acto seguido, advierte que: “La disponibilidad de recursos naturales del Cono Sur no puede competir con el peso de la UE en la industria alimentaria gracias a sus subsidios constantes. De esa manera, con el TLC terminaríamos simplemente exportando granos de soja, para importar luego milanesas de soja. Por otra parte, el desarrollo y la profundidad del sistema financiero europeo es muchísimo mayor que el argentino, y esto implicaría nuevamente la extranjerización de la banca y riesgo de caer en niveles de endeudamientos no sostenibles”.

Asimetría comercial y pérdida de soberanía económica suelen ser los peligros constantes que asumen los países periféricos cuando firman pactos comerciales con los países ricos. Diana Tussie, sin embargo, entiende que la élite económica argentina ve ahora con menos reparos la firma del TLC con la Unión Europea y pone como ejemplo a la empresa Sancor: “La crisis de Brasil coloca a la Argentina como un interlocutor comercial más atractivo para Europa. Antes, la sombra de Brasil te tapaba para captar inversiones extranjeras. El declive del gigante de la industria cárnica JBS es un ejemplo. En ese sentido, creo que muchas firmas locales, caso Sancor, van a ver con buenos ojos la firma del TLC con la Unión Europea porque puede ser para ellos una buena oportunidad para ser compradas por pares del mismo rubro pero con mucho más peso a nivel global”.

 

Merkiavelo

¿Qué sabemos de Ángela Dorothea Kasner (su apellido de soltera)? La mujer más poderosa del mundo, según la revista Forbes, pretende este año ganar su cuarto mandato consecutivo al frente del Ejecutivo, buscando superar el record de permanencia en el cargo que hoy posee Helmut Kohl, pionero en la reunificación alemana. Evidentemente, su estilo parco no le ha mermado éxito en las incursiones electorales. “Lo suyo consiste en ser y parecer una señora normal a la que puede verse de visita en la peluquería o haciendo la compra en un supermercado de Berlín. Sea como fuere, no destaca precisamente por su carisma”, escribe el periodista Fernando Aramburu en un perfil de Merkel escrito para la revista dominical del diario español El País.

Austera en palabras, mesurada en las afirmaciones, Merkel parece ser la marca país de una nación que busca imponer una dominación suave en el actual sistema mundo. Dominación con mucho diálogo de por medio, como le gusta al PRO, pero hegemonía al fin. Un liderazgo forjado a hierro y con disciplina alemana. El sociólogo recientemente fallecido Ullrich Beck bautizó al estilo de Merkel como Merkiavelo, por su supuesta afinidad con la cerebral y pragmática estrategia política teorizada por Maquiavelo en sus escritos.

“En mi libro Una Europa alemana, sostengo que hay una afinidad entre Maquiavelo y Merkel, lo que llamo el modelo Merkiavelo, porque la naturaleza política y de personalidad de ella es la duda. No le gusta tomar decisiones, nunca dice claramente sí o no, dice claramente sí y no al mismo tiempo. Y esta clase de duda tuvo un doble efecto en la crisis europea: por un lado, no hubo soluciones y la situación se agravó. Por otro lado, demostró el nuevo poder de Alemania a los demás, porque vieron que dependían para su supervivencia económica del crédito alemán. Las instituciones son las mismas pero informalmente Alemania se convirtió en un imperio accidental. Nadie quería esto, no hubo un plan maestro para lograrlo, sucedió por los cambios en el paisaje político”, afirma Beck.

¿Podrá haber una Argentina alemana? Un informe elaborado esta semana por el colega Alejandro Rebossio, corresponsal del medio alemán DW en Buenos Aires, advierte que: “De las 50 mayores empresas alemanas radicadas en Argentina, el 44 por ciento aseguró que no incrementará su inversión en el país debido a las dificultades existentes en infraestructura, energía, telecomunicaciones, y también por la sostenida inflación”. Un tono mucho menos optimista al mostrado por Merkel en Buenos Aires, donde por poco califica a la Argentina de Macri como la encarnación del paraíso en la tierra. Merkiavelismo puro.

Fuente: Nuestras voces

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