por Horacio Rovelli * –

 

Isaac Newton (1642-1727) en su teoría de la gravedad sostenía que los cuerpos se atraen entre sí, y eso hacía que la Tierra y que los astros giraban en torno a otros astros (la Luna en torno a la Tierra, la Tierra y los demás planetas en torno al Sol, y así todos) y la llamó “fuerza de gravitación universal” o “gravedad”, que incluso midió, siendo la velocidad para la tierra de 9,81 metros/segundo al cuadrado.

La teoría económica vulgar, autodenominada neoclásica o liberal, infiere que existe una misma ley de gravitación y que si se deja a los mercados cumplir sus funciones  libremente por si sola va a generar un equilibrio tal que tiende a la estabilidad y generará lo mejor para la sociedad.

Más allá que Newton fue un genio y uno de los grandes sabios de la humanidad y que Adam Smith copió su método hipotético deductivo para la física, que es una ciencia exacta, para aplicarlo a la economía, que es una ciencia social, los economistas liberales son sofistas que defienden con un arsenal simple y determinante los intereses de los grandes operadores de esos mercados, cuando la vida y sus problemas son siempre mucho más complejos. Quién fija el precio del kilo de yerba en la Argentina  actual (junio de 2017) cuando al productor le pagan de $ 3 a $ 5 por kilo y en los supermercados no baja de $ 50.-. De igual manera podemos señalar cómo se fijan los precios de los productos agrarios en el mercado de Chicago (EEUU) y en el mercado de Rosario (Santa Fe – Argentina), y por qué existe tanta diferencia entre uno y otro precio, por no decir el precio del gas y del petróleo, cuando el ministro de energía, Juan José Aranguren, después de haber trabajado toda su vida en Royal Dutch Shell, no supo cuál es su costo de extracción.

En la determinación de los precios está la cuestión del poder, los que fijan los precios son los que pueden hacerlo y cuando se habla de esa abstracción que es el mercado, lo que no se dice es quiénes son las grandes empresas productoras, acaparadoras y comerciantes de esos mercados.

En el caso de la fijación del valor entre sí de las monedas duras (dólar, euro, yen) es claro que se ponen de acuerdo los llamados 7 -siete- países industriales (EEUU, Canadá, Alemania, Inglaterra, Francia, Italia y Japón) y acuerdan la paridad presente y futura, y con ello la tasa de interés implícita para los grandes depósitos y para la toma de crédito de las empresas llamadas de primera línea.

Sin embargo, esos mismos países centrales también padecen de la contabilidad “creativa” de grandes bancos, empresas y capitalistas que en asociación ilícita, eluden y evaden el pago de impuestos, a la vez que no invierten en la producción, generando un poder por encima de lo de los Estados. Esto es tan así, que como escribe en el prólogo del libro “Fuga de Capitales IX” de la investigadora Magdalena Rua, el tributarista Jorge Gaggero, las organizaciones de la sociedad civil global (“C20 Meeting”, Berlín, 8 y 9 de Diciembre de 2016), constituido por un centenar de instituciones de todo el mundo, han advertido a los países integrantes del G-20 (los gobiernos más ricos del planeta)  que:

“Los sistemas financieros y de inversiones no están funcionando bien. Estamos muy preocupados por las consecuencias del comportamiento especulativo en mercados financieros volátiles y del financiamiento de las actividades que pueden no sólo ocasionar una nueva crisis financiera sino que ya están dañando también a la economía real, al medio ambiente y a la gente, en particular en los países en desarrollo. Los ciudadanos comunes son los que más han sufrido en la última crisis financiera y su salida, que ha privilegiado el rescate de los bancos sobre los hogares, los pensionados y los puestos de trabajo. Ni las reformas post crisis, ni la regulación, ni las políticas públicas protegen lo necesario frente a estos riesgos y sus dañinos impactos. Por ejemplo,  las reformas de los bancos “too big to fail” no protegen a los ciudadanos del peso de las reestructuraciones bancarias y las quiebras, ni de los préstamos irresponsables y la exclusión de los marginalizados en la sociedad. Las finanzas “basadas en el mercado”, incluida la orientada al financiamiento de las inversiones en  infraestructura en el contexto del presente “comportamiento de manada” en los mercados financieros, pueden transferir los riesgos privados a los ciudadanos y los presupuestos de los gobiernos”.

Entonces nos encontramos con el capital global que a través de grandes bancos intervinientes (HSBC, JP Morgan, Wells Fargo, Bank Of America, Citigroup, Lloyds Bank, UBS Group Ag, Santander, etc., las más grandes instituciones financieras del mundo) realizan cientos de operaciones todos los días de comercio exterior, de créditos, etc. y no son fiscalizados (o al menos como debieran ser) por los Estados Nacionales donde operan. Si a su vez sabemos que el mayor caudal de evasión y fuga de capitales es por medio de la sub facturación de exportaciones y de sobre facturación de importaciones, entendemos cuál es el rol de esos grandes bancos en contabilizar una operación a precio y cantidad “oficial” (declarada), y la parte que no se registra va a cuentas numeradas en los llamados paraísos fiscales, que los más grandes son a su vez los de Delaware (en los EEUU, a metros de Filadelfia, donde se declaró la Independencia de ese país en 1776); en el Reino Unido (con las guaridas fiscales de las Islas Caimán, Jersey, Islas Vírgenes Británicas, Bermudas, Bahamas y Reino Unido, todos pertenecientes a la corona británica); Alemania, que combina el “secreto bancario” con la conformación de Fideicomisos que dificultan saber quién es el propietario del dinero enviado al exterior, y que su banco principal, el Deutsche Bank, acordó pagar 41 millones de dólares para resolver las acusaciones de la Reserva Federal de EE.UU de no tomar medidas preventivas contra el “lavado de dinero”; por no hablar de los remanidos e históricos casos de la banca suiza y de Luxemburgo en Europa, del Caribe o Panamá en nuestra región, de Hong Kong en el Asia, las islas Seychelles y Mauricio, más la República de Liberia en el África, o de las islas Fiji, Nauru, Salomón, Vanuatu en Oceanía.

La estructura montada permite que los grandes bancos tengan a su vez un departamento de “Grandes Clientes”, especializado en la doble contabilidad y el  traslado de capitales no declarados (fuga) a sociedades off shore creadas como, por ejemplo, las de la República de Panamá por el Estudio Jurídico Mossack Fonseca, donde se corrobora que esos grandes bancos crearon 15.600 compañías (entre ellas dos donde era Director Mauricio Macri), y donde sólo el banco HSBC constituyó 2.300 sociedades anónimas en ese país.

LA BURGUESIA NACIONAL

En ese marco, nuestra clase dominante se subordina al capital internacional, le genera conspicuos y más que generosos negocios, de allí la libre importación  y  la completa desregulación a los movimientos de capitales y el financiamiento por deuda, que garantiza la colocación de capitales excedentes en el presente. El camino trillado y elegido es el del carry trade, que relaciona la tasa de ganancia financiera en moneda dura con el resto del mundo mediante:

 a) Tasas positivas de interés

 b) Atrasar el tipo de cambio (Tablita de Martínez de Hoz, Plan Austral de Sourrouille, Convertibilidad de Cavallo)

 c) Reducir aranceles y/o desproteger el sector externo permitiendo sustituir la producción local por la extranjera

En lugar que el tipo de cambio lo fije la cuenta corriente de la Balanza de Pagos, lo fija la Cuenta de Capital atraída por la perniciosa combinación de atraso cambiario y altas tasas de interés, base de la inconsistencia del modelo macrista y del súper beneficio del capital financiero.

Hace un año atrás el dólar valía $14,25 (siempre hablamos del tipo de cambio vendedor) y la tasa de las Letras del BCRA (Lebac) estaba a 38% anual. Hoy el dólar vale $16,15, quiere decir que se apreció en 13,5%, con lo que ingresaron dólares al país hace un año, lo cambiaron por pesos, con esos pesos compraron Lebac, tuvieron un beneficio en dólares de no menos del 24%, cuando la tasa que obtienen en los países desarrollados es menos del 5 por ciento de ese valor. Esto explica el apoyo a Sturzenegger, que como gran aporte logró reducir la tasa de los Lebac y de los pases (que son a siete días) al 25,5% anual, pero lo hace porque el incremento del tipo de cambio esperado es aún menor del 10%, con lo que estarían obteniendo un beneficio en dólares de no menos del 15% anual.

Ante un déficit fiscal de la administración nacional en torno al 6% del PIB (unos U$s 33.000 millones) para el corriente año 2017, con un stock de pases y letras del BCRA que supera el billón de pesos (equivalente a unos U$S 61.300 millones) y que la mayor parte está colocada en torno a los 30 días, con lo que se va a repetir la triste historia del programa de Martínez de Hoz que el país giraba en 30 días, que era cada vez que el BCRA renovaba los pases y letras, más las perspectivas por el atraso cambiario de un déficit comercial mayúsculo, rompe cualquier equilibrio de gravedad de Newton.

El gobierno termina siendo preso de los bancos que son los que tienen las LEBAC y pases, con sólo ver de dónde provienen los principales funcionaros del área económica: su ministro de hacienda, Nicolás Dujovne, fue 10 años jefe del departamento de economía del Banco Galicia;  su ministro de finanzas, Luis Caputo, fue jefe de la mesa de dinero del JP Morgan y del Deutsche Bank; y su ministro de producción, Francisco Cabrera, fue el gerente general de Máxima AFJP del HSBC, banco que a su vez puso a la Vicepresidenta de la UIF (Unidad de Investigaciones Financiera), Dra. Mara Eugenia Talerico, quién debería fiscalizar que lo que sucede no suceda.

Tal vez el ejemplo más notable de lo que estamos diciendo es que el Presidente de la UIF designado por Macri es Mariano Federici, quien trabajaba en el estudio Marteau, estudio  que defiende al Grupo Clarín y a JP Morgan en la mega causa que se tramita en el juzgado federal del Dr. Sergio Torres por la fuga y lavado de unos 5 mil millones de dólares.

Y cuando la presión sea insoportable (los acreedores se dan cuenta que no se puede mantener la ficción y que no puede seguir con el carry trade), la deuda consolidada va a ser de tal magnitud que va a permitir severos planes de ajustes primero, y de nuevo las privatizaciones de YPF (Vaca Muerta incluida), de las empresas más redituables del Estado (incluida las acciones del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la ANSeS) y hasta la privatización del sistema previsional.

Mientras sucede todo ese desquicio, inevitable como que se caiga un objeto al suelo a 9,81 metros sobre segundo al cuadrado, nuestra burguesía, los Macri, los Rocca, los Bulgheroni, los Roggio, los Pagani, los Blaquier, los Pérez Companc, los Magnetto, etc., todos ellos “Grandes Clientes” de los grandes bancos (y por ende beneficiados por el trato diferencial o vips de esos bancos) cuentan con la posibilidad de comprar los dólares que quieran (cuando el gobierno anterior les imponía severos límites por persona y por mes), mientras tratan de obtener favores para preservar el patrimonio que tienen en el país (e incluso el apoyo para expandirse en  el extranjero como fue el caso de Techint  con la inauguración de una fábrica que producirá tubos de acero sin costura para la industria de petróleo y gas no convencional y generará más de 1.500 puestos de trabajo en los EEUU, junto a una inversión de U$s 2.000 millones para su construcción, a la par que piden todo tipo de medidas que impidan la competencia China en siderurgia en el país), esperan que el derrape suceda (como fue en 1976, en 1982, en 1989, en 1995, en el 2001 y 2002) y comprar por la mitad lo que vale el doble asociados a los capitales internacionales que, finalmente, se quedan con la mayor parte del negocio.

Otra vez serán favorecidos por los seguros de cambio, la pesificación asimétrica y toda la parafernalia de medidas que reciben de un Estado que manejan a gusto y parecer, mientras no nos explicamos cómo tenemos un tercio de la población por debajo de la línea de la pobreza, y en su mayoría niños y jóvenes. La Argentina es un país rico pero injusto, generoso con algunos e inequitativo y cruel con su pueblo, pero como escribió Mariano Moreno en su prólogo del libro: “El contrato social de Rousseau”: “Si los pueblos no se ilustran, si no se vulgarizan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que vale, lo que puede y lo que se le debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas, y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte mudar de tiranos sin destruir la tiranía.”

*Economista especializado en temas fiscales y monetarios. Profesor de Política Económica en la Universidad de Buenos Aires. Ex Director de Políticas Macroeconómicas del Ministerio de Economía. Miembro de EPA (Economía Política para la Argentina).

Fuente: Tecl@ Eñe