Una excursión a un país amargo, de tan rico.

 

XXXVI.

Un fantasma recorre Urgenta. Aquellos que contemplan desde cierta altura el ajetreo interminable de estos valles y pampas hablan -entre sí y de vez en cuando- de “clima de época”.

Si acaso estuviesen en lo cierto, esta época en cuestión muestra fuertes cambios climáticos. De toda especie y magnitud y tan típicamente vertiginosos, tan urgentinos como el más exagerado. Pues a aquel signo de los tiempos que, bajo la apariencia de aturdida rabieta, los llevó a ungir a este Príncipe idiota, hoy las buenas gentes de Urgenta lo trocan por un signo casi opuesto, cargado de sobreactuadas repugnancias por el atropello y la angurria que la corte les aplica.

La Phynanza (la misma que usara y padeciera aquél pobre Ubu) está aquí fuera de control, y suelta sus bólidos relucientes y voraces por las rutas, avenidas y callejas del país. Su propósito es bien simple: hallado el más mínimo valor, el más ligero indicio de solidez, se lo croma y se lo guarda en principescas cajas. Es tal su precipitación, que cunde en las poblaciones una alarma continua, un susto indefinido pero cotidiano, un pronosticablemente tormentoso clima de época.