por Luis Bruchstein –

El cuerpo inerte del jubilado que dijo “así no se puede más” y se pegó un tiro y los cuerpos apaleados de cooperativistas que manifestaban contra el recorte de subsidios trepanaron el campo de lo político. Son cuerpos que atraviesan a la política y la informan. Hay cuerpos inertes y cuerpos apaleados que son señales de la política, son inescindibles de ella aunque no se diga por quién van a votar. La elección es una herramienta y no el fin de la política. El fin de la política son los cuerpos, son las personas, son las vidas de las personas que tienen esos cuerpos. El oficialismo aplaudió la paliza a los manifestantes –blanqueó su politización–  pero pidió que no se politice la inmolación del anciano de 91 años que dijo “así no se puede más”.

La historia de ese hombre es particular y es única en muchos sentidos, pero es social en muchos otros. Hay colas de viudos ancianos en las puertas de la ANSES sometidos a demostrar su viudez por la amenaza de perder el sustento, a mostrar documentos de hace veinte o treinta años, hay manifestaciones de discapacitados porque les quitaron sus pensiones porque los acusan de no ser suficientemente discapacitados. El pensionado es la nueva estrella de la corrupción. El “festival de pensiones K” fue el nuevo argumento para justificar un déficit que este gobierno generó cuando sacó las retenciones y hundió el consumo y la recaudación y ahora se lo quiere hacer pagar a los cooperativistas, a los jubilados y pensionados. Los cuerpos son inescindibles de la política, porque la política actúa sobre ellos, para bien o para mal. Las imágenes del estado de esos cuerpos son el significante que encarna, acusa y señala. El señor de la ANSES pide que no se politice, que no se busque un significado al estado de esos cuerpos, mientras en la puerta los ancianos puestos bajo sospecha, amenazados con la pérdida de los pocos pesos que reciben, aguantan el frío con sus viejos papeles en la mano.

“El suicidio del jubilado Rodolfo Oscar Estivill en la filial de UDAI Mar del Plata Sur desnuda crudamente la grave situación en la que nos vienen sumergiendo las políticas del gobierno nacional en materia de Previsión y Seguridad Social. Dan de baja jubilaciones por discapacidad, otras a pensionados para exigirles documentación para acreditar un derecho adquirido décadas atrás, eliminan Conectar igualdad, dan de baja Procrear y Argenta, no pagan Progresar y vacían el Fondo de Garantía de Sustentabilidad.” Esa frase es parte del comunicado que emitieron los tres gremios que actúan en la ANSES: ATE, APOPS y SECAPFI. Los sindicatos no reclaman por ellos sino por los jubilados que atienden. Pero también hay un reclamo por ellos, por el ámbito opresivo en el que están inmersos, al punto de convertirse en el escenario de la inmolación de un hombre desesperado.

Es una parte del paisaje. Afuera se completa: la cola de hombres y mujeres mayores comienza a crecer. Los trabajadores apenas dan abasto. En la fila, la mayoría protesta, tiene conciencia del maltrato. Pero otros aceptan esa humillación a la que son sometidos y la justifican, aceptan ser puestos bajo sospecha. El ametrallamiento mediático echó raíz y les dio los argumentos del esclavo feliz. Es el paisaje completo, el de la desesperación, el de la rebeldía y el del esclavo.

Los cuerpos apaleados se suman a esa imagen que inquieta. La represión ha sido eficaz, la justificación mediática también: los tipos tenían la cara tapada, eran de Quebracho. En realidad, la represión estaba prevista, se probaron estrategias de represión de movilizaciones y cortes. Las calles repiten el paisaje que se verificó en las veredas de la ANSES. Con formas diferentes anuncian el futuro inmediato, recortes en las jubilaciones y pensiones y la desaparición de las políticas sociales, escenarios tormentosos para jubilados, cooperativistas y desocupados. Son los sectores más vulnerables de la sociedad, los que ya no trabajan y los que tienen trabajos precarios. Una semana. Mensaje fuerte y claro.

“Se robaron todo” es el enroscador de víboras mediático que hace que se justifique todo. El taxista macrista acepta como sacrificio heroico que le pongan Uber y le aumenten el precio del GNC y que le disminuyan los pasajeros. Los kirchneristas “se robaron todo” masculla furioso. Es la melodía de Hamelín. Hay emisores en las calles y en las casas, en el trabajo y en las vacaciones. Pero el emisor que denuncia, al mismo tiempo invisibiliza sus pecados. Tres de los jefes de la policía porteña que designó Cambiemos están presos por asociación ilícita o por encubrimiento. Eran los policías de confianza de las cabezas del PRO. El Fino Palacios tenía una larga relación con Macri y Horacio Rodríguez Larreta se cansó de afirmar que los antecedentes de Guillermo Calviño y José Potocar eran “impecables”. Los tres están presos y el PRO y sus aliados en la ciudad, los de la Coalición de Elisa Carrió y los de la alianza ECO que respalda a Martín Lousteau impidieron la interpelación del ministro de Seguridad y Justicia de la CABA, Martín Ocampo.

“Mauricio Macri, ¿Es el presidente más corrupto del mundo?” fue la semana pasada el titular de la revista Caras y Caretas, de Uruguay, que no tiene ninguna relación con la que se publica acá. El Miami Herald, al que nadie puede acusar de kirchnerista, tituló hace unos días “Deje de mentir señor presidente”, un artículo donde da cuenta de las denuncias de corrupción y tráfico de influencias contra su gobierno. Más sobrio, el británico The Guardian tituló “Acusan de conflicto de intereses al presidente Macri después que se autoperdonó una deuda millonaria”. El diario conservador El País, de España, que fue durísimo contra los gobiernos kirchneristas, no tuvo más remedio que titular: “La deuda del padre de Macri con el Estado Argentino, se complica”. La CBS (Columbia Broadcasting System), una de las cadenas de televisión más importante de los Estados Unidos, hizo un informe sobre la corrupción en el mundo y no mencionó al gobierno de Cristina Kirchner sino que ubicó al del presidente Mauricio Macri como uno de los tres más corruptos del planeta.

Los escándalos de Panamá papers y del autoperdón de la deuda multimillonaria que las empresas familiares tenían con el Estado argentino por el Correo tuvieron una gran repercusión internacional y destrozaron la imagen del mandatario argentino. El taxista empobrecido y macrista dice que no le importa “porque es plata de Macri” y se equivoca: cualquier cifra por la que esté acusada la ex presidenta no constituye ni la centésima parte de lo que involucra la evasión, el lavado de dinero y los miles de millones que Macri le debe a los argentinos. No es plata de Macri, en todo caso sería plata defraudada a los argentinos. En el país, la prensa oficialista tiene una posición dominante en todos los ámbitos de la comunicación y devaluó estos temas, ocultó sus implicancias y le restó importancia, pero a nivel internacional, cuando se habla de estafas públicas en la Argentina, no se refieren a Cristina Kirchner sino a Mauricio Macri.

Y la frutilla del postre es Odebrecht, la empresa brasileña socia en Argentina de las empresas de la familia Macri en emprendimientos varias veces millonarios inmersa en el peor escándalo de Brasil, con reflejos en Argentina. El gobierno está desesperado por evitar cualquier ingerencia independiente en la investigación de las coimas que denunciaron los altos gerentes de Odebrecht, al punto que intenta sacar una ley, con la colaboración de Elisa Carrió, para que toda la información que recaude la investigación  no circule por las vías normales de las fiscalías sino que se concentre en el procurador del Tesoro, que es el ex abogado del Grupo Macri, Bernardo Saravia Frías. El Congreso aprobó en general la ley para permitir las denuncias de las empresas, pero la oposición rechazó la pretensión del oficialismo de que la información recaiga en el Procurador del Tesoro. Esta misma semana, Macri consiguió que Odebrecht venda su participación y se aparte del soterramiento del Ferrocarril Sarmiento, una obra a la que el presidente le aseguró financiamiento de 40 mil millones de pesos, por decreto y por fuera de lo que establecía el concurso para concesionarla. Las casi 50 firmas off shore de la familia Macri que se destaparon por los Panamá Papers, la autocondonación de la deuda de 70 mil millones por el Correo y las coimas de Odebrecht son tres escándalos que involucran a Macri en cifras astronómicas que han salido del erario público y no del bolsillo de Mauricio Macri, ex contratista del Estado y actual presidente de ese Estado.

Los cargos de corrupción que pesan sobre el presidente son mucho más graves que el alquiler de parte de un hotel y dos edificios para oficinas que se le achacan a Cristina Kirchner. Las campañas anticorrupción de las candidatas de Cambiemos buscan esconder otros problemas como los que quedaron expuestos con los pensionados, con los jubilados y con los desocupados y cooperativistas. Las campañas electorales anticorrupción que ocultan las denuncias contra el oficialismo sólo se sostienen por la complicidad de la red dominante de medios oficialistas.

Por fuera de ese discurso, están los problemas que ahora tienen los jubilados, los pensionados y la pequeña y mediana empresa, el salario de los trabajadores y el proceso de endeudamiento acelerado que tratan de esconder detrás de estas campañas ruidosas pero huecas. Hay denuncias de corrupción que están en la justicia y que hasta ahora han sido muy difíciles de probar. Pero lo que es indiscutible, porque está a la vista, es que los “grandes chorros”  son los que acorralan a los jubilados y pensionados y los que “se roban todo” son los que endeudan a los argentinos por cien años a tasas altísimas.