Una excursión a un país amargo, de tan rico

XL.

Mucho antes de lo que se esperaba, el signo de los tiempos vuelve a cambiar drásticamente, otra vez. Las anomalías se suceden, como todo en Urgenta, con extremas diferencias.

Las muchas y buenas gentes de las urbes y condados de este país tan ubérrimo que es fama, no pueden salir de una crónica amargura. Nada basta, no existe lo suficiente de nada capaz de saciar el ansia urgentina.

En tan confuso ánimo, los pueblos van contra sí mismos allá, o confrontan acá contra la desatada violencia de los macutes del Príncipe, o se agrupan y disgregan sobre los llanos y alturas de Urgenta. Todo sucede casi en silencio, y los más urgidos de los urgentinos ni se enteran.