por Rodolfo Yanzón –

Santiago Maldonado continúa desaparecido. Ni extraviado ni perdido. En el allanamiento al escuadrón de Gendarmería Nacional en El Bolsón se encontraron cabellos, manchas de sangre y una soga.

Mientras se intensificaban los reclamos por la aparición con vida y para que el Gobierno brindase información seria y actuase en consecuencia, Mauricio Macri y su mujer enviaron condolencias a Máxima Zorreguieta por la muerte de su padre Jorge, miembro de las patronales del campo como la Sociedad Rural Argentina (SRA). Por esa membresía fue funcionario de agricultura en la última dictadura. Bajo su gestión centenares de empleados del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) fueron cesanteados, otros secuestrados y torturados y al menos 4 integran las listas de desaparecidos, por el hecho de pensar un INTA comprometido con los pequeños productores, las economías regionales y familiares, en vez de estar al servicio de las patronales, como reclamaba el diario La Nación, que desde sus editoriales exigía barrer con los subversivos.

Con el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, la Armada se hizo cargo de la intervención del INTA. El diario de los Mitre -coherente a la hora de defender los intereses de los terratenientes- saludó jubilosamente el cambio de escenario. El padre de Máxima falleció en una cama de hospital sin haber sido llamado por la justicia federal, aunque sus movimientos en Holanda debieron ser acotados debido a su rol en dictadura.

Para Macri no sólo falleció el padre de Máxima, sino un conspicuo representante de la élite para la que gobierna, un civil de la dictadura que formó parte de entidades creadas luego de la ocupación militar de tierras durante fines del siglo XIX y principios del XX, a las que voces como La Nación insisten en llamar “desierto”.

Como un intento más de eludir su propia responsabilidad, el Gobierno culpó a la familia de Maldonado por no colaborar (ocioso es decir que ningún funcionario se comunicó con ella) Mientras tanto, Esteban Bullrich hacía campaña con meter pibes presos todos los días, tal vez recordando el proyecto de bajar la edad de punibilidad, o la ley que restringe la libertad en el proceso penal, aprobada recientemente. No son fallidos, como pretenden algunos medios en aras de salvar lo que queda del candidato, sino la cruda manifestación de su propia ideología elitista, con la tranquilidad de que la cárcel no está hecha para gente como ellos, y de contar con la cobertura de grandes medios para obturar todo debate político, manipular la información, insistir hasta el cansancio en que las culpas son de los que se fueron -incluso de la suba del dólar- y hacer creer que las metas de las élites son comunes a todos. El gobierno de Ceos necesita una democracia en su más mínima expresión, aquella en la que sólo se vota para elegir gerentes. Por eso Vidal quiere debatir sobre elegir menos y alargar períodos. Si fuera por ellos, ni el voto dejarían.

Maldonado estaba en Cushamen apoyando el reclamo por la tierra, pero no es el primer desaparecido, ni el primer hecho de represión sobre el pueblo mapuche, que recrudece a medida que se intensifican las acciones. Entre las víctimas están los Calfullanca en Cholila o Nahuelpan en El Bolsón. Pero esta vez no desapareció un mapuche, sino un hombre caucásico. Al parecer, los mecanismos de ocultamiento y negación que buscaron invisibilizar no sólo reclamos sino a una parte de los habitantes, dieron sus frutos.

Fuente:  La Tecl@ Eñe