por Ernesto Rufino –

Los ejemplos más recientes los dieron Elisa Carrió: “hay 20% de posibilidades de que (Maldonado) esté en Chile con la RAM”, Marcos Peña: “el tarifazo es una percepción subjetiva”, o Gabriela Michetti. “el aumento de la nafta es a favor del ciudadano”, pero son sólo una mínima muestra de una tendencia general que habilita y alienta Cambiemos desde hace casi dos años. La soltura de los referentes para lanzar en público sus ocurrencias ha permitido que hasta el menos avisado de los argentinos emule la gracia.

Así, cualquiera es hoy libre de repetir esas (y otras tantas) sandeces o producir las propias, siempre y cuando cumplan con la premisa de ignorar el sentir y pensar ajenos y burlarse de la realidad.

Es, en verdad, un notable éxito. Nada alivia tanto la tripa sobrecargada de información tóxica y odio reaccionario que padecen millones de oyentes, lectores y espectadores del mensaje único. La ecuación es perfecta, y cierra por donde se mire: se infla el globo de gases putrefactos y luego se le da salida con un sonoro y destemplado dislate.

Nada ni nadie puede impedir que esas almas atormentadas por fantasmales malones y aluviones zoológicos se liberen expeliendo -repitiendo- una fétida gansada sin pies ni cabeza. El efecto de superioridad moral e impunidad garantizada es inmediato, así que ¿por qué privarse?