por Horacio Rovelli*

En la segunda mitad del siglo II antes de Cristo, en una antigua región de la península ibérica que abarcaba aproximadamente el actual territorio de Portugal y parte de León y Extremadura de la actual España, Viriato y su gente resisten la invasión romana como pueden. El ejército invasor logra convencer a tres hombres de Viriato para que lo maten. Cuando éstos se presentaron a cobrar el precio de su traición, habrían recibido del cónsul como toda respuesta: “Roma no paga traidores”.

Pero eso no pasa en nuestro país, o pasa con algún costo, pero los traidores reciben buen pago por sus cobardes servicios gracias a que los grupos económicos consolidados durante la dictadura militar, que primero usaron los militares como fuerza represiva, no para frenar una guerrilla casi anecdótica, sino para romper la alianza que de hecho había entre los empresarios ligados al mercado interno y el trabajo, donde ambos se retroalimentaban y crecían juntamente, cuanto más empleo se creaba y era mejor pago, más se consumía y por lo tanto había que producir más. Y segundo, esos grupos económicos después de haberse enriquecido como proveedores y contratistas del Estado militar, de tomar deuda alegremente, necesitaban transferir esa deuda al pueblo argentino, tarea que instrumentaron en los estertores de la dictadura pero que legitimaron con el gobierno radical de Raúl Alfonsín.

En efecto, la tablita de conversión cambiaria de Martínez de Hoz – Jorge Rafael Videla derrapa con los constantes y crecientes déficit comerciales de todos esos años, hasta que roto el eje de convertir los dólares en pesos, se cae el plan M de Hoz y debe ser reemplazado en marzo de 1981 por Lorenzo Sigaut, quien devaluó no bien asumió y con ello fue el punto de partida de la corrida cambiaria,  obligándolo a renunciar junto al presidente de facto Roberto Viola en  diciembre de 1981, siendo remplazado por Roberto Alemann y Leopoldo Galtieri respectivamente, la restricción del gasto público, la suba de las tarifas y el transporte, la inflación persistente y el congelamiento de los salarios llevaron a una gravísima depresión económica, que desembocó en el paro general del 30 de marzo de 1982 de la CGT Brasil con la consigna Pan, Paz y Trabajo. Trataron de tapar y confundir a la población con la malograda invasión a las Islas Malvinas, pero el 14 de junio Mario Benjamín Menéndez y 9.800 soldados argentinos, en su mayoría reclutas adolescentes y mal preparados, se rindieron, lo que puso fin al gobierno y a la dictadura.

Asume Reynaldo Bignone el 1 de julio de 1982, pero el plan económico en la última etapa consistía en transferir el endeudamiento privado de las grandes empresas al Estado y para eso lo nombran a Dagnino Pastore como ministro y a Domingo Cavallo como Presidente del BCRA, quienes en dos meses (julio a agosto de 1982), a través de los seguros de cambio, hacen que las empresas transfieran su deuda en dólares al Estado Nacional, y el Estado creaba títulos de deuda (BONEX) para pagarle a los acreedores externos (Comunicación A-163 del BCRA del 15/07/1982), con ello, disminuyeron sideralmente la deuda de las grandes empresas nacionales y extranjeras y se la impusieron al pueblo argentino. Cumplido ese papel son reemplazado el ministro por un hombre del grupo Bulgheroni, Jorge Wehbe, y Cavallo por un hombre de los bancos, Julio González Solar (agosto de 1982 a diciembre de 1983).

En 1982 dada la crisis cambiaria post Malvinas (donde el dólar no tenía techo) y la falta de reservas internacionales del BCRA, se instrumentan los seguros de cambio mediante el cual el deudor privado le paga al Estado Nacional en pesos y a una tasa  de interés que va a resultar muy menor a las devaluaciones del tipo de cambio, y el Estado Nacional emite títulos externos convertibles en dólares (BONEX)

Los seguros de cambio totalizaron casi U$s 23.000 millones, se destacan como beneficiados entre otras empresas, Sevel, concesionaria de Fiat y Peugeot del grupo Macri, que adeudaban U$s 124 millones; Acindar U$s 649 millones; Compañía Naviera Pérez Companc U$s 211 millones; Loma Negra, de los Fortabat U$s 62 millones. También hay corporaciones como Cogasco, Celulosa Jujuy Techint, IBM, Ford y Fiat, Bridas, Pescarmona, etc. El listado incluye al sector financiero: Banco Galicia, Río, Citibank, Francés, Supervielle, etc.

Pero los seguros de cambio lo habían firmado funcionarios de una dictadura elegida por nadie, necesitaban legitimar por el gobierno constitucional y esa fue la presión sobre el gobierno de Alfonsín y su primer ministro de economía, el Dr. Bernardo Grinspun, quienes en principio se propusieron estudiar la deuda y separar la legítima de la ilegítima. Grinspun presentó dos veces la renuncia ante Alfonsín porque no se eliminaba el esquema de subsidios y seguros de cambio sobre deudas privadas. Es más, trató de armar un “Club de Deudores” mientras fue ministro en 1984 en la Conferencia de Quito (en enero), la declaración conjunta efectuada con Brasil, México y Colombia (en mayo), la Reunión de Cartagena (junio) y la Segunda Reunión del Grupo de Cartagena en Mar del Plata (septiembre), bajo el lema: “Si nosotros nos negamos a pagar, ellos no tendrán  forma de cobrarnos nada”.

Pero la gran banca nacional y extranjera (y los grandes empresarios que le transfirieron la deuda al Estado) presionaron por el reconocimiento de toda la deuda y el pronto y mayor pago posible de los servicios de la misma. El 18 de febrero de 1985 Bernardo Grinspun echó del Ministerio de Economía a Joaquín Ferrán representante del FMI en la Argentina, el 19 Alfonsín le pidió la renuncia, el plan de legitimar la deuda externa y de acordar con los grupos económicos locales se ponía en marcha. En marzo de ese año, el presidente viajó por segunda vez en su mandato a Estados Unidos y, subrayó la necesidad de adoptar medidas de reforma estructural del Estado y de privatizaciones, de manera acorde con la filosofía ortodoxa de los financistas y empresarios norteamericanos (Plan Houston).

Asume en reemplazo de Grinspun, un hombre a sueldo de Techint, Juan Vital Sourrouille, con un equipo compuesto por Mario Brodersohn, Adolfo Canitrot, José Luis Machinea y Roberto Frenkel, entre otros, y aplican un plan de ajuste ortodoxo con cambio de la moneda que se denominó Austral, con el apoyo del FMI y de la Reserva Federal de los EEUU, el por ese entonces Presidente de su Directorio, Paul Volcker, que solo había venido a nuestro país a pescar truchas en los lagos del sur argentino, avaló con su presencia el acuerdo. Con fecha 1° de julio de 1985 mediante los Comunicados A-695, A-696, y A-697 del BCRA se reemplazaron títulos de deuda externa heredados de la dictadura militar (y por ende firmado por nadie, por funcionarios de un régimen de facto)  a los que la gestión de Grinspun se negó a reconocer hasta que no se supiera el origen y destino de los fondos, por “Obligaciones de Banco Central de la República Argentina” firmados por las autoridades puestas por el gobierno constitucional.

El modelo impuesto a sangre y fuego en la Argentina dejó una economía terriblemente desigual, nosotros que en 1974 éramos el país más integrado del continente, donde menos diferencia había entre pobres y ricos, pasamos a ser una economía dual, donde hay una minoría que hace negocios por gozar de excedentes que le pertenecen a la población, que surgen de no pagar impuestos y de realizar una bicicleta financiera (carry trade) que les permite ganar intereses para comprar dólares, dólares que crecen menos por esos mismos intereses que hacen que aumente en el mercado local en el presente la oferta de divisas (esencialmente dólares) pero a costa de la deuda futura, que va a pagar el pueblo argentino.

El modelo es insustentable, pero le deja a los grupos económicos, locales y extranjeros que operan en nuestro país, fuertes ganancias y la posibilidad de fugar dicha ganancia (de allí que la Argentina es el único país en el mundo donde los sectores más ricos tienen en activos financieros en el exterior casi un PIB)

Siguieron gozando del carry trade y el endeudamiento con los más de once años que duró la convertibilidad, sumado al negociado de las privatizaciones utilizando títulos de deuda por el 100% de su valor nominal, cuando en el mercado de cambio valían menos de la quinta parte. La convertibilidad voló por el aire en las aciagas jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001, pero tras la brutal devaluación, a los empresarios le aseguraron su deuda a $ 1,40 por dólar cuando en abril de 2002 en Montevideo la conversión era $ 4- por dólar.

Las súper ganancias y la transferencia de la deuda al Estado de todos esos años crearon la verdadera brecha económica, social y política de nuestro país. Una minoría asociada al capital internacional con fuertes posiciones en el mundo conforma nuestra clase dirigente, que más le importa la ganancia rápida que invertir en ampliar la capacidad productiva y/o en tecnología, que no repara en enviar a la marginalidad a los sectores de menores ingresos y cerrar fuentes de trabajo, que no tiene un proyecto para toda la población ni presente, ni futura. Hoy aplauden al gobierno de Macri, como ayer al de Videla (incluso nombraban en los directorios de sus empresas a generales, almirantes y brigadieres), al de Alfonsín con el plan austral (hicieron lo mismo con muchos radicales), a Menem y la convertibilidad (igual trato), lo aplauden, pero ninguno invierte en producir, tratan de sacarle todo lo que pueden: desgravaciones impositivas, que no los fiscalicen, que puedan seguir importando lo que quieren y sustituir producción por bienes extranjeros (desde un alimento a un auto), que le dejen seguir fijando libremente los precios con altas tasas de ganancia (por ejemplo la leche a fines del año 2017 le pagan al tambero $ 4 o en el mejor de los casos $ 5.- por litro y lo venden a no menos de $ 22.-, peor pasa con la yerba que le pagan al productor $ 6 o $ 7 el kilo y la venden en los supermercados a $65.- o $ 70.-).  Hasta EEUU y el FMI los aplauden pero para colocar los productos excedentes que no venden por la recesión mundial y garantizar la ganancia de los capitales especulativos en el carry trade.

La patria contratista

El Estado es un gran botín y su principal joya es la obra pública, justifica tomar deuda externa (aunque el gobierno de Macri toma deuda para financiar el monstruoso déficit fiscal que supera ampliamente los recursos destinados al gasto de capital) y genera un espacio propio de acumulación y ganancia en el grupo de empresas (nacionales y extranjeras) del sector. Fueron los grandes beneficiados con la dictadura militar en las obras del mundial 1978, en las autopistas, en tareas de búsqueda, extracción y distribución petrolera y gasífera, la recolección de residuos y el mantenimiento del alumbrado público en las principales ciudades del país. Alrededor de estas actividades se fue configurando un poderoso grupo de empresas contratistas del Estado, destacándose el grupo Techint (caños sin costuras para oleoductos y gasoductos), Fortabat (cementeras), Socma (Sociedad Macri), Pérez Companc y Roggio en construcción pública, Macri y Roggio en recoger la basura, etc., pero si bien la administración militar no tenía ningún tipo de control y los sobreprecios fueron enormes, el que imponía las condiciones era el empresariado.  Finalizada la dictadura, la situación fiscal y de dependencia por reconocer toda la deuda heredada del gobierno radical hizo que la obra pública disminuyera considerablemente. Con Menem participaron del negocio de las privatizaciones como fue el regalo de SOMISA al grupo Techint, empresa estatal que liquidaron María Julia Alsogaray y el sindicalista del plástico y colaboracionista de la dictadura Jorge Triacca, quien llegó a ser detenido por la marina, pero cuando en el juicio a la Junta Militar, los abogados defensores lo propusieron como testigo y le preguntaron cómo fue tratado cuando estuvo detenido respondió: “…el trato fue ejemplar. Fui atendido por oficiales del Comando de la Armada, en la mesa nos trataban los suboficiales”.

Realmente la cosa cambió con Néstor Carlos Kirchner, quién se sentó de igual a igual con el establishment local (grandes grupos nacionales y extranjeros que operan en el país) y les dio participación en la obra pública pero no era gratis.

El mismo Julio De Vido, el 28 de julio de 2015, dio a conocer el listado de los grandes contratistas del Estado en la gestión de los Kirchner y son básicamente los mismos que hace 50 años: Techint; IECSA (del grupo Macri, hoy comprado por Marcelo Midlin); Corporación América del grupo Eurnekían; ODEBRETCH; Esuco del ex Presidente de la CAC, Enrique Wagner; Cartellone; Rovella Carranza; Roggio; Chediak; Petersen; General Electric de los EEUU; Siemmens (Alemania); COMSA (España); Dycasa (España); Green; y en el puesto 36 estaban las empresas de Lázaro Báez.

Las nuevas condiciones impuestas por el gobierno kirchnerista fueron aceptadas por todos, porque tienen fuertes capitales y sabían que iban a poder carcomer el poder popular de Kirchner. Y lo saben porque han ganado la batalla cultural y amplias capas de la población son formateadas por los grandes medios de comunicación.  Allí el grupo Clarín se destaca nítidamente. Primero, por ejemplo, publicó por “sugerencia” de la embajada yanqui la carta de Raúl Alfonsín oponiéndose a la aventura mal preparada y peor organizada del desembarco en Malvinas el 6 de abril de 1982. Segundo, apoyó fervientemente su campaña y sus primeros dos años de gobierno, hasta conseguir la “legalización” del reconocimiento de la deuda heredada.  Tercero fue minándolo poco a poco hasta que totalmente desprestigiado el gobierno, cuando Alfonsín se reúne con los grandes empresarios de los grandes medios les pide que le dejen terminar el mandado, Héctor Magnetto, ceo del diario le dice “que tenía que renunciar porque ya estorbaba”.

Gran parte de la población repite lo que los grandes medios dicen, sin tomar conciencia de la situación, entonces Susana Giménez, Mirta Legrand, Lilita Carrió, Graciela Ocaña se convierten en portavoces de defender lo indefendible pero haciéndoles creer a gran parte de los argentinos de a pie que es la verdad revelada.

Habiendo obtenido en las elecciones nacionales del 27 de abril de 2003 Néstor Kirchner el 22,25% de los votos (menos votos que el total de desocupados), lo fue a ver Claudio Escribano, vocero de “La Nación” y le dijo que Menem no se iba a presentar en la segunda vuelta, pero que  para poder gobernar y contar con el apoyo de los grandes medios debía cumplir con 5 – cinco puntos: a) Alinearse con los Estados Unidos; b) “No queremos que haya más revisiones sobre la lucha contra la subversión; c) “No puede ser que no haya recibido a los empresarios. Están muy preocupados porque no han podido entrevistarse con usted; d) “Nos preocupa la posición argentina con respecto a Cuba, donde están ocurriendo terribles violaciones a los derechos humanos”; e) “Es muy grave el problema de la inseguridad. Debe generarse un mejor sistema de control del delito y llevarse tranquilidad a las fuerzas del orden con medidas excepcionales de seguridad”. El candidato Néstor Kirchner le contestó que no tenía esos objetivos y que quería levantar el país, valorizar el trabajo y la producción nacional y poner a la Argentina en la senda que nunca tenía que haber abandonado que es la de crecimiento con justicia social

Financió la política de igual a igual con los dueños de este país, renegoció inteligente y patrióticamente la deuda espuria, creó puestos de trabajo, hizo crecer el producto y distribuyó en la población, pagó jubilaciones y pensiones a todos aquellos que el menemismo los había dejado sin trabajo y sin aportes, estableció relaciones fraternales con los países de la región, se opuso al ALCA, impulsó el Mercosur, la Unasur y la CELAC. Trabajó de sol a sol por sus convicciones; en el año 2010 había sufrido dos operaciones por obstrucción en las arterias, le recomendaban reposo absoluto y se levantaba igual, hasta que la muerte lo sorprendió (y nos sorprendió) el 27 de octubre.

No es fácil hacer política en este país con el grado de concentración económica y el bajo nivel ideológico de gran parte de la población, hizo concesiones como hace un eximio jugador de ajedrez que debe ceder piezas para lograr el gran objetivo, ganar la partida, a la cual él sumaba defender la reina a costa del rey.

El mismo Néstor Carlos Kirchner recitó el poema de Joaquín Areta, obrero y poeta nacido en Corrientes, que desapareció el 29 de junio de 1978 a los 23 años, que lo refleja mejor que mil palabras.

Quisiera que me recuerden sin llorar ni lamentarme. Quisiera que me recuerden por haber hecho caminos, por haber marcado un rumbo, porque emocioné su alma, porque se sintieron queridos, protegidos y ayudados. Porque interpreté sus ansias, porque canalicé su amor Quisiera que me recuerden junto a la risa de los felices, la seguridad de los justos, el sufrimiento de los humildes. Quisiera que me recuerden con piedad por mis errores, con comprensión por mis debilidades, con cariño por mis virtudes. Si no es así, prefiero el olvido, que será el más duro castigo por no cumplir mi deber de hombre.

*Economista especializado en temas fiscales y monetarios. Profesor de Política Económica en la Universidad de Buenos Aires. Ex Director de Políticas Macroeconómicas del Ministerio de Economía. Miembro de EPPA (Economía Política para la Argentina)

 

Fuente: La Tecl@ Eñe

Imagen: “Muerte de Viriato” de José de Madrazo – Museo del Prado