por María Beatriz Gentile –

Después de 84 años la Sociedad Rural Argentina ha vuelto a conducir en forma directa el destino de la producción agrícola-ganadera de nuestro país. Luis Miguel Etchevehere acaba de renunciar a la presidencia de la entidad para asumir como ministro de Agroindustria.

El último ejemplar de la rural que detentó ese mismo cargo fue Luis Duahu en 1933. Durante su gestión se firmó el Pacto Roca-Runciman que limitaba la autonomía económica de la Argentina a cambio de cuotas de carne vacuna comprada por frigoríficos británicos a precios muy bajos.

En 1935 el entonces senador Lisandro de la Torre presentó un informe sobre el fraude y evasión impositiva de los frigoríficos Anglo, Armour y Swift y probó como se ocultaba información contable por parteno sólo del ministro de Agricultura sino también de quien fuera ministro de Hacienda, Federico Pinedo. Durante su interpelación en la Cámara Duhau agredió físicamente al senador y en medio del tumulto las balas destinadas a de la Torre terminaron con la vida del senador Enzo Bordabehere. El pistolero y ex comisario Ramón Valdez Cora declararía luego ser puntero político del ministro y esto pondría fin a su mandato.

La Sociedad Rural Argentina (SRA) fue fundada en 1866. Tiempo de transformaciones económicas en que la disponibilidad de capitales y la mayor capacidad de las metrópolis europeas para absorber la producción primaria de América Latina, se tradujo en su inserción definitiva al mercado mundial. El esquema bajo el cual se produjo dicha incorporación dejaba en manos extranjeras la comercialización y el transporte interoceánico mientras los localmente dominantes se reservaban las actividades primarias.

Los beneficios de ese orden se repartieron muy desigualmente. Las clases propietarias asistieron a la valorización de sus tierras y adquirieron influencia política. Menos ricas en dinero y frecuentemente endeudadas constituyeron junto a los políticos reclutados de las elites urbanas la mejor clientela de los nuevos bancos que comenzaban a surgir.  Los sectores medios, aún incipientes, debieron soportar oscilaciones brutales de prosperidad y penuria. Pero las mayores víctimas de ese orden fueron las comunidades campesinas e indígenas que no solo protagonizaron el asalto de sus tierras sino también fueron excluidas de los nuevos circuitos de consumo.

Desde la presidencia de Bartolomé Mitre y durante la llamada República Conservadora (1880-1916) varios miembros de la Sociedad Rural ocuparon altos cargos. Entre 1910 y 1943 cinco de los nueve presidentes de la Argentina fueron socios de la entidad al igual que 28 de un total de 72 ministros que ocuparon distintas carteras en esos años.

Bajo su interpretación de que ‘el campo’- como sujeto histórico- precedió a la Nación, la Sociedad Rural Argentina cuando no formó parte de la toma de decisiones se desempeñó como un actor pre político. Disputó al Estado la formulación del derecho y exigió la prescripción de toda norma de aplicación general que limitara sus exclusivos intereses.

Así lo hizo en 1944 ante a la sanción del estatuto del peón rural. Medida que consideró un  ‘germen que sembraba el desorden social’ ya que las relaciones laborales en el ámbito rural debían regirse no por el derecho sino por pautas similares a las que ‘tiene un padre con su hijo’.

Los miembros de la SRA se opusieron a los gobiernos de Hipólito Yrigoyen y de Juan Domingo Perón, pero mantuvieron excelentes relaciones con las dictaduras de Uriburu, Aramburu, Onganía, Lanusse y Videla. En esta última,  Jorge Zorriegueta – padre de la reina de Holanda y genuino representante de la corporación- ocupó el cargo de secretario de Agricultura entre 1976 y 1981.

Su reconciliación con la democracia fue selectiva.  Aplaudieron a  Carlos Menem y a Fernando de la Rúa pero se enfrentaron a los gobiernos de  Raúl Alfonsín, Néstor Kirchner y Cristina Fernández.

Hoy bajo la presidencia de Mauricio Macri ha vuelto a sonar música en la Sociedad Rural y como dice la canción que fantástica es esta fiesta con amigos y sin ti.

Fuente: Va Con Firma