La celebración del día de la Soberanía Nacional, en el que se conmemora la Batalla de la Vuelta de Obligado, es una excelente ocasión para reflexionar sobre el concepto de Soberanía como expresión de la emancipación de los pueblos..

La Batalla de la Vuelta de Obligado acontecida en 1845 permitió que las potencias imperiales de Francia e Inglaterra se vieran obligadas a aceptar la Soberanía sobre los ríos interiores de la entonces Confederación Argentina. Por lo que podríamos aseverar que la gesta contribuyó a reafirmar nuestra Soberanía Territorial, sustrato de toda Soberanía.

También contribuyó a consolidar nuestra Soberanía Económica, ya que las superpotencias intentaban imponer sus productos amparados en la superioridad tecnológica (sus grandes navíos mercantes a vapor) y militar, abriendo a su disposición el estuario del Río de la Plata y todos los ríos interiores.

Asimismo, la batalla contribuyó al afianzamiento de nuestraSoberanía Política, por entonces fragmentada entre unitarios y federales que se volcaron a la causa de la Confederación, obteniendo además el reconocimiento de Chile, Brasil y otros pueblos de Nuestra América.

Hasta podríamos vincular la figura de Antonio Rivero con la idea de Soberanía Popular: el gaucho que lideró un alzamiento en las Islas Malvinas en 1833 -seis meses después de la invasión británica a éstas- que habría muerto combatiendo en la Vuelta de Obligado.

Lo que nos lleva a pensar el concepto de Soberanía como un punto de partida para pensar otras soberanías, piezas de una misma Soberanía en el cumplimiento del “deber de hombres libres”, como decía el general José de San Martín.

Tampoco podemos evitar referirnos al famoso fragmento de la carta que escribió desde su exilio en Francia a su amigo Tomás Guido, al momento de conocer los sucesos de la Vuelta de Obligado, en donde señala que “los argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que el de abrir la boca”.

 

En el 2010, año del Biocentenario, la fecha fue promovida a feriado nacional mediante un DNU (Decreto de Necesidad y Urgencia) por la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Eran tiempos en que la Patria y sus héroes garpaban.

 

Desde diciembre del 2015 a esta parte, el “cambio” viene profundizando a paso acelerado esta dependencia. Retrotraer la Argentina a (al menos) 1910 parece ser el proyecto que ganó las últimas elecciones por escaso margen. Sin que el último proyecto nacional-popular haya emprendido una revolución, la oligarquía sí está llevando a cabo una contrarrevolución con un revanchismo de clase muy fuerte. Vale la aclaración en este punto sobre la no “alternancia democrática” entre dos proyectos nacionales en los países semi-coloniales como el nuestro, pues no existen dos proyectos nacionales, sino uno nacional y otro colonial. En nuestros países, con una cuestión nacional a resolver, tenemos claramente un sector político que “juega” para el interés extranjero.

El gobierno de la Alianza Cambiemos es la manifestación más clara y descarada de esa realidad. Basta ver los ministerios ocupados directamente por los gerentes de las empresas imperialistas que la única intención que abrigan es saquear la riqueza que generamos diariamente los que habitamos el territorio patrio. Nos interesa aquí recorrer algunas de las ideas del actual Presidente y del gobierno en relación a nuestra independencia y dependencia como demostración de lo enunciado.

El desparpajo del Presidente y el desconocimiento de nuestra historia se manifiesta al recordar que siendo Jefe de Gobierno, en conmemoración del 9 de julio, arrancó la respuesta a un periodista diciendo: “siendo el día de la bandera…”. Pero uno podría decir que fue una equivocación, y que era temprano, así que indaguemos un “poco más” en su relación con la soberanía nacional.

En un reportaje reciente con el Diario de los Mitre en su último viaje a Europa se explayó sobre la cuestión del desarrollo y la relación con los países centrales: “El planteo claramente es: ellos tienen serias ventajas en todo lo que es el aparato industrial, fabricación de bienes y servicios. Nosotros tenemos ventajas en el sector agrícola (…) Eso es lo que naturalmente cada región tiene como fortaleza, después en cada lugar se ve sector por sector. En líneas generales es lo que se ve como ventaja comparativa de una región y la otra”. Es decir, claramente la “vieja teoría” de las ventajas comparativas que estalló en mil pedazos con la crisis del 30, y que ningún economista de línea nacional de un país dependiente puede tomar en cuenta.

Es más ya la había enjuiciado y desestimado Carlos Pellegrini en el contexto de la crisis internacional y de los posteriores debates parlamentarios por los aranceles aduaneros en 1876 durante el gobierno de Avellaneda: “El libre cambio mata a la industria naciente. Los que han defendido ciegamente teorías sostenidas en otras partes no se han apercibido que apoyaban intereses contrarios a los suyos. Cuando esta cuestión se discutía en el Parlamento inglés, uno de los ilustrados defensores del libre cambio decía que él quería hacer de la Inglaterra la fábrica del mundo y de la América la granja de la Inglaterra. Y decía una gran verdad, que en gran parte se ha realizado porque en efecto nosotros somos y seremos por mucho tiempo, si no ponemos remedio al mal, la granja de las grandes naciones manufactureras (…) Yo pregunto, Sr. Presidente, ¿qué produce hoy la provincia de Buenos Aires, la primera provincia de la República? Triste es decirlo. Sólo produce pasto y toda su riqueza está pendiente de las nubes. El año que ellas nieguen riego a nuestros campos, toda nuestra riqueza habrá desaparecido. Es necesario que en la República se trabaje y se produzca algo más que pasto”.

 

A esto se le suma un modelo claramente delineado sobre la valorización financiera y el híper-endeudamiento. Se calcula en estos seis meses unos 30 mil millones de dólares se ha incrementado la deuda a partir del pacto de sumisión con los “fondos buitres”. En ese sentido también se expresó la vicepresidenta: “Vamos hacia un país agroexportador y de servicios, basta de industria”. Recordemos la sentencia de Hernández Arregui: “o nación o factoría”.

El gobierno del Presidente Mauricio Macri se muestra activo para favorecer la extranjerización en todo sentido, no solo de la economía del país, sino que ahora avanza sobre la Ley de Tierras que se votó en el 2011 por amplia mayoría en el Congreso de la Nación.

Esta medida es otra más que se suma a la lista de favorecer a capitales extranjeros en todo sentido, tras la devaluación el gobierno de cambiemos dictó la resolución Nº3/2015 del Ministerio de Hacienda (Alfonso Prat Gay) publicada en el Boletín Oficial el 18/12/2015, solo a una semana de asumir, donde flexibiliza las condiciones para inversión extranjera, se reduce de un año a cuatro meses el plazo mínimo que un inversor extranjero debe tener su capital depositado en el país y también se eliminó la obligación de constituir un fondo bancario con el 30% de esos recursos. Dicha resolución modifica el decreto  616/2005 del Presidente  Néstor Kirchner cuya finalidad concreta fue limitar la especulación financiera, todo lo contrario a lo que promueve ésta modificación. Es evidente que al ser una de las primeras medidas tomadas tras devaluación, este decreto, era una piedra en el zapato para muchos especuladores/inversores golondrinas, o simplemente “buitres”.

Luego vino el pago a éstos fondos buitres y la escandalosa “negociación”  que encabezó el Ministro Prat Gay y el Presidente del Banco de la Nación Argentina Carlos  Melconian, con el Juez  Griesa y Paul Singer comprometiendo al país a pagar intereses por arriba del 1200%; luego se entendió , Carlos  Melconian era uno de los buitres que le había hecho juicio al Estado Argentino .

Se abrieron importaciones indiscriminadamente para que las economías mundiales vendan sus productos a bajo costo fundiendo a las economías regionales y la industria nacional, se canceló la importación de gas a Bolivia y se contrato con Shell de Chile a un costo de 128% más caro; se eliminó retenciones a las mineras, cuando se sabe que las mineras son 100% de capitales extranjeros, distinto a lo que es la actividad agropecuaria. Se dio un mazazo a las familias de trabajadores, a las Pymes, a los comercios del país con un tarifazo nacional favoreciendo a las grandes compañías productoras de gas (Gas Natural Fenosa, de capitales españoles y Camuzzi, un holding internacional) y las principales distribuidoras de electricidad del área metropolitana del país, donde están la gran mayoría de usuarios (Edesur es propiedad del Grupo Enel, una compañía multinacional líder del sector de la energía, de capitales italianos y Edenor, un holding con capitales españoles (Astra), franceses (EDF internacional) y norteamericanos (Morgan Guaranty) con alzas que llegaron hasta el 1500% en algunos casos.

 

El giro en la política internacional que procura la incorporación de nuestro país a la Alianza del Pacífico, que implica desenterrar al ALCA que se creía enterrado en las costas de Mar del Plata, una alternativa de libre comercio, la adopción de las políticas neoliberales diseñadas en el Norte, el deterioro de la soberanía nacional, y un retroceso significativo de las condiciones de vida de nuestro pueblo. Sumado a esto la regresión de los gobiernos en mayor o menor medida nacional-populares en América Latina y la posibilidad concreta de la instalación de dos bases norteamericanas en nuestro territorio (Misiones y Tierra del Fuego), muestran a las claras que el “fantasma de Kissinger” merodea por nuestro continente y está ávido de enterrar por muchos años la posibilidad de un proyecto nacional y popular.

Si hay una causa nacional que cala hondo en el sentimiento del pueblo argentino, el 82 es una manifestación de ese sentimiento más allá de los “desmalvinizadores”, es la causa por la soberanía en nuestras Islas Malvinas. Al mismo tiempo es demostración de la ocupación colonial directa por parte de Gran Bretaña, y cómo los reductos oligárquicos no comparten esa identidad nacional, sino que como enseñó Hernández Arregui la identidad de la oligarquía es la del imperialismo que justamente disuelve la comunidad nacional, es decir, es diametralmente opuesta.

La oligarquía siempre se mira a partir del esquema civilización y barbarie en el espejo del colonizador, añora ser europea, británica o norteamericana. Es por ello que se entiende que el actual representante de los intereses foráneos a cargo de la Presidencia haya manifestado, de vacaciones (situación en la que suele estar seguido) en Punta del Este, con respecto a las Malvinas: “la verdad es que los temas de las soberanías con un país tan grande como el que tenemos nunca los entiendo mucho. Nosotros no tenemos un problema como los israelíes, que tienen problema de espacio. Acá lo nuestro es casi un amor propio. Es más, creo que las Islas Malvinas serían un fuerte déficit adicional para la Argentina. Tengo entendido que al Tesoro de Inglaterra le cuesta bastante plata por año”. El “mal que aqueja a la Argentina es la extensión” había dicho el “Padre del Aula” para procurar hacer “Europa en América”.

Para rematarla, el actual presidente argentino envió al Senado, que la aprobó,  una propuesta de ejercicios militares que incluye el ingreso de tropas extranjeras para el ejercicio combinado “Cormorán” pautado por la Armada Argentina. Esta aprobación se produjo en el contexto de la desaparición del joven Santiago Maldonado, que puso a la Gendarmería Nacional bajo la lupa.

El gobierno está avanzando en la implementación de una política que implica involucrar a las fuerzas armadas en tareas de seguridad interior. Por ahora Macri no propone una modificación de las leyes en materia de defensa nacional y de seguridad interior sino que simplemente opta por violarlas. De tal manera elude un duro debate en el Congreso y juega a los hechos consumados cuyas nefastas consecuencias serán muy difíciles de modificar y revertir en el corto plazo.

El enfoque del macrismo responde a la política que Estados Unidos ha propiciado ininterrumpidamente en la región, que fue resistida durante los años de predominancia de gobiernos progresistas y que hoy tiene especial eco en los gobiernos neoliberales latinoamericanos. Para este enfoque el énfasis y centro de la preocupación de la defensa nacional está puesto en las denominadas “nuevas amenazas”.

Se trata de una nueva versión de la Doctrina de la Seguridad Nacional absolutamente funcional –como lo fue la vieja doctrina que apuntaba a “garantizar” el orden interno mediante la aplicación de técnicas de contrainsurgencia – a la estrategia de seguridad y política exterior de los Estados Unidos. El involucramiento de las fuerzas armadas en la “guerra contra el terrorismo” y la “guerra contra el narcotráfico” es una consecuencia de esta perspectiva y constituye el pretexto para la intervención en tareas propias de la seguridad interior.

Para ello, la construcción de enemigos internos colocados en el lugar de “grupos terroristas y subversivos” resulta fundamental para justificar el cambio de rol propuesto para las fuerzas armadas. En esto andan ocupados Macri, la ministra de Seguridad Patricia Bullrich y Pablo Nocetti (su jefe del gabinete) cuando promueven incursiones patagónicas de las fuerzas de seguridad en favor de empresarios amigos del gobierno y en contra de comunidades de pueblos originarios o cuando policías de civil infiltran manifestaciones públicas generando disturbios luego atribuidos a los manifestantes o en el descubrimiento de supuestas células anarco-terroristas que según las versiones oficiales estarían abocadas a preparar acciones contra visitas de presidentes extranjeros y cumbres internacionales que se realizarán en el país en el marco de la OMC y el G-20.

Macri está destrozando la política de defensa que se venía construyendo desde la Unasur. Desde 2008, con la firma de su tratado constitutivo y luego con la conformación del Consejo de Defensa Suramericano (CDS) la región puso énfasis en consolidar a Suramérica como una región de paz, construir una visión común en materia de defensa y fortalecer la cooperación entre las fuerzas armadas de los distintos países. Ello permitió incrementar la interoperabilidad y el relacionamiento entre las fuerzas y planificar acciones comunes, como medidas de confianza mutua, y generar información recíproca sobre inventario militar.

 

 

Conmemorar hoy la Soberanía Nacional, entendemos, significa recordar a los hombres y mujeres que dieron su vida a lo largo de estos doscientos años para que seamos un país plenamente soberano, libre de toda dominación extranjera, adopte la forma que adopte. Al tiempo que tener presente que estos procesos de emancipación fueron continentales, de la Patria Grande, y por la justicia social. La política de estos patriotas es una impugnación al proyecto de sumisión neocolonial de Cambiemos. Por eso, este acto de rememoración no debe quedarse en el inmovilismo, sino debe movilizar los espíritus. Como decía el “Pepe” Rosa poner las pasiones del pasado al servicio de las presentes. Reconstruir el Frente Nacional de liberación contra la política oligárquica-imperialista es imperativo. La historia es rectora y sirve en tanto nos pueda orientar en la conformación de una política nacional. En este sentido Ernesto Palacio sentencia: “la historia ha de ser viviente, estimulante, ejemplificadora, o no servirá para nada”, y en todos los rincones de la Patria empieza a emerger el grito que corroe los cimientos de la dependencia: “PATRIA SÍ, COLONIA NO”.

 

Fuente: Fernando Glenza / Facultad de Periodismo y Comunicación – UNLP

Juan Godoy / Revista Zoom

José Mongeló / Diario Chaco