por Isabel Caro y Alberto Labra –

¿Cómo se logra la convergencia de una centroizquierda que se ve tan fragmentada?

Chile está atravesando por un cambio histórico y profundo que va a ser un proceso, que uno espera que sea rápido, pero no va a ser tan rápido. Hay un cambio cultural que se está manifestando, la gente está votando por cambios profundos, pero hay todavía mucha desconfianza… Entonces, evidentemente, no es llegar y resolver todos esos problemas que fragmentan a la sociedad de la noche a la mañana, pero sí hay condiciones objetivas y subjetivas de que se puede converger programáticamente y a nivel de acciones políticas tanto de la Nueva Mayoría como del Frente Amplio o el PRO. Hay mucha gente que quiere cambios, pero los quiere más rápidos, más inmediatos. Y lo que hacía de alguna manera Beatriz Sánchez era acelerar el proceso de cambio que Chile necesita. Esa es la apuesta que compartimos ambas coaliciones, pero una con una mirada de más urgencia.

¿Cuál es su posición? ¿Se requieren cambios rápidos e inmediatos como planteó Sánchez?

A nosotros siempre nos gustaría avanzar más rápido, pero nunca hemos sido voluntaristas. Nosotros entendemos que hay que generar condiciones para hacer los cambios. No depende sólo de un partido. Y si uno mira cómo está el Parlamento hoy, ni la derecha ni la Nueva Mayoría, ni el Frente Amplio, de haber ganado Sánchez, podría haber gobernado solo. Nadie tiene las mayorías en el Parlamento, entonces uno tiene que ver cómo generar las condiciones de unidad, de convergencia para poder avanzar lo más rápido posible en los cambios que Chile necesita. Y como dijo el candidato, tenemos que estar todos a la altura del momento histórico.

Los anuncios de Guillier en materia de CAE no dejaron conforme al Frente Amplio. ¿Cómo se enfrenta eso?

Tenemos más cercanías que diferencias. Y en eso hay que entender que se ha iniciado un proceso de apertura compartida. Hemos dicho, bueno, afinemos más nuestras propuestas respecto del CAE, respecto de la superación del modelo de AFP, o cambios constitucionales, como también Sánchez recogió una propuesta nuestra de la reducción de la jornada laboral a 40 horas. En materia de CAE hay un avance importantísimo. Estamos hablando de la condonación de los que están dentro del 40% más vulnerable, que representan más del 70% de los deudores. No es poca gente, son alrededor de 570 mil personas de un universo de 800 mil deudores. Si sumamos a los del Fondo Solidario, van a ser más. Respecto del tema de las AFP, estamos de alguna manera en la misma línea. No es necesario decir una consigna para poder entender que el trasfondo de la propuesta de Guillier es superar el monopolio de las AFP, es terminar con el “corralito” de las AFP.

Más allá de la deuda del CAE, ¿qué le parecen las peticiones del Frente Amplio? Usted fue dirigenta estudiantil y desde una vereda distinta a la actual también planteó exigencias…

Es que las planteamos también dentro de la Nueva Mayoría. Por eso digo que tenemos más similitudes que diferencias. Por ejemplo, en la agenda de género, nuestro candidato ha dicho equidad salarial entre hombres y mujeres, ha planteado derecho de salacuna universal para hombres y mujeres, que es una iniciativa que propusimos nosotros acá en el Congreso; ha hablado del reconocimiento al trabajo doméstico y de crianza; término de discriminación no sólo en pensión, sino que también en materia de salud. Tenemos una apuesta de género que no se diferencia mucho, con excepción quizás del tema del aborto libre de causales, que es un debate complejo, pero en el resto tenemos muchas similitudes. Y los que hemos sido dirigentes estudiantiles las hemos defendido en el Congreso, estando o no en la Nueva Mayoría.

Desde el Frente Amplio han dicho que la responsabilidad es de Guillier para captar a ese millón y 300 mil votantes que apoyaron a Sánchez.

Tanto la Nueva Mayoría como el Frente Amplio, y todo el mundo progresista, tenemos la misma responsabilidad histórica de entender que Chile ha cambiado, que necesita continuar con la línea de los cambios, profundizar esos cambios y, por lo tanto, impedir que llegue a la Presidencia Sebastián Piñera, con los retrocesos que significa eso. Entonces, la responsabilidad histórica es evitar un retroceso y una regresión conservadora con la derecha en el poder, y por otro lado entender que tenemos que converger y unirnos para avanzar en estar a la altura de las necesidades de nuestro pueblo.

¿Un triunfo de Piñera y una derrota de Guillier también serían responsabilidad del electorado del Frente Amplio?

Si hay quienes sostienen que si gana Piñera es culpa del Frente Amplio porque decidió no apoyar, es un error, como también aquellos que digan que de ganar Piñera es única y exclusivamente responsabilidad de la Nueva Mayoría. Somos un mundo progresista que somos mayoría. No habría razón por la cual esa mayoría no se exprese en esta elección, a menos que no haya capacidad de construir convergencia de todos los sectores. Y esa es una responsabilidad compartida.

¿Pero por qué el Frente Amplio tiene que hacerse responsable? Ellos son una coalición distinta y pueden defender una posición diferente, apelando a cambios más profundos y radicales que la Nueva Mayoría…

A lo que hay que apelar es al electorado, que va a hacer una reflexión y decir “quizás no me gusta tanto Alejandro Guillier, comparto unas cosas, no es todo lo que esperaba, pero entiendo que no puedo permitir que se revierta y volvamos a penalizar el aborto en tres causales; entiendo que es importante impedir que se les bajen nuevamente los impuestos a los más ricos; entiendo que no podemos permitir que la gratuidad quede congelada”. O por un mínimo de dignidad, de no permitirse tener un Presidente que tiene todo el prontuario que tiene Piñera.

 

Fuente: La Tercera / Agencia Nodal