La pericia dispuesta por Villanueva y concretada el pasado jueves también arrojó resultados importantes: todas las vainas encontradas con detector de metales fueron ubicadas a la derecha del estrecho sendero que tiene una pendiente de entre 35 y 40 grados. El dato no es caprichoso, ya que las armas usadas por el grupo especial de Prefectura tienen la ventana expulsora por la derecha del tirador.

No menos importante es entender que la ubicación de esos hallazgos –entre los 500 metros de ascenso y hasta los 1500- señala que los disparos se efectuaron con los tiradores subiendo la empinada cuesta y sus oponentes en retirada hacia la cima del cerro dándoles la espalda. Nadie de quienes participaron de la medida judicial pudo justificar una hipótesis en contrario.

Veamos: la geografía del lugar hace imposible que los Albatros –por buen entrenamiento que tengan- retrocedan mientras disparan a sus presuntos atacantes, y éstos avancen cuesta debajo dando la espalda a sus agresores. Rafa Nahuel recibió el disparo letal a la altura de un glúteo y los otros dos heridos tenían disparos en sus brazos  que también les ingresaron con trayectoria de atrás hacia adelante. Para graficarlo, habría que pensar a los uniformados corriendo hacia atrás –bajando el cerro- y atacados por los mapuches que descendían dándoles la espalda.

El grupo pericial encabezado por el licenciado en Criminalística Enrique Prueger, participó de la medida en representación de los dos jóvenes mapuches que cargaron al agonizante Nahuel al hombro y bajaron corriendo el cerro hasta la ruta 40, donde fueron obligados a dejar el cadáver en el piso. “No sólo los obligaron a dejar el cuerpo, sino que los golpearon, y también a Rafael”, dijo uno de los mapuches que fue testigo del episodio.

Entre las once de la mañana y las nueve de la noche del jueves, los equipos de peritos lograron rescatar 31 vainas servidas calibre 9 milímetros, muchas de ellas tapadas por hojarascas, y ocho vainas de munición de goma calibre 12.70. A eso hay que sumarle otro puñado de vainas de munición letal que guardaron en una bolsa de nailon.

La comitiva, de la que tomaron parte el padre y el hermano del joven asesinado, caminó más de 1500 metros cuesta arriba con todo el equipamiento hasta llegar al lugar en el que cayó malherido el joven Nahuel. Allí, detrás de un grueso tronco, fueron encontradas siete vainas en un radio no mayor a un metro de diámetro. “Eso puede significar que detrás de ese árbol hubo un solo tirador que efectuó al menos esos siete disparos contra los mapuches que huían del ataque; entre ellos Nahuel”, comentó Prueger.

“Sólo resta identificar el arma homicida y a quien la portó durante esa cacería”, dijo por último.

Fuente y foto: Diariamente Neuquen / Mejor informado