por Flor Ragucci –

Nuevo paso hacia adelante en el camino a la independencia de Cataluña. Ayer la votación impuesta por el gobierno de Mariano Rajoy dio como resultado una vez más la mayoría absoluta al secesionismo en el Parlamento regional, aunque con una diferencia muy ajustada respecto del bloque unionista. Dos grandes novedades trajo, además, la jornada electoral de ayer al panorama catalán y su relación con el resto de España: la escalada meteórica de Ciudadanos al convertirse en la fuerza más votada y líder indiscutible de la causa antisoberanista, por un lado; y por el otro, la victoria del partido de Carles Puigdemont en el bando independentista, cuando todas las encuestas daban a Esquerra Republicana (ERC) como primeros.

En una situación excepcional como la que vive Cataluña, su ciudadanía respondió también de forma excepcional, con una participación récord de casi 82 por ciento. Después de tres meses de tensión contínua, la sociedad catalana volvió a salir a la calle para hacerse escuchar, ya no en masivas manifestaciones como las del último período sino a través de las urnas. La mayoría sigue abogando por el camino hacia la independencia, así lo demuestran los 70 diputados obtenidos ayer por la suma de las tres formaciones secesionistas: ERC, Junts per Catalunya (JxCat) y la CUP, en un parlamento cuya mayoría se consigue con 68 escaños.

Sin embargo, la población –sobre todo urbana– dio un rotundo apoyo a la candidatura de Ciudadanos liderada por Inés Arrimadas, arrasando en número de votos y de diputados, con ahora 37 miembros en el congreso regional, tres más que la lista de Puigdemont. Es la primera vez que una fuerza no independentista se impone en Cataluña y también que el partido que a nivel nacional encabeza Albert Rivera gana unos comicios. La formación que llegó hace 11 años a la vida política española como parte de “la nueva ola” de partidos en busca del fin del bipartidismo, logró calar en Cataluña con su propuesta neoliberal y unionista.

“Éste es un partido que nació con tres diputados y parecía un milagro, nos dijeron que éramos flor de un día, pero en las siguientes elecciones repetimos resultados y después logramos nueve escaños y más tarde, 25 y ahora podemos decir que somos los ganadores en Cataluña”, proclamó Arrimadas ante una multitud de seguidores que no dejaban de corearle “presidenta, presidenta”. La candidata de Ciudadanos remató su comparecencia apuntando directamente al que es su objetivo primordial, el final del proceso soberanista. “Uno de cada cuatro catalanes ha confiado en nuestro partido, porque no quieren que les rompan el corazón a pedazos. Nuestra victoria ha lanzado un mensaje al mundo al apostar por la unión de todos los catalanes, por la convivencia, por sentido común, por España y Europa”.

El ascenso de Ciudadanos supone un golpe para el independentismo pero, aún así, es muy difícil que consiga hacerse con el gobierno de Cataluña al no contar con la mayoría absoluta que sí mantuvo el bloque favorable a la separación. Carles Puigdemont será quien previsiblemente protagonice el debate de investidura, contra todos los pronósticos que auguraban a la lista de Oriol Junqueras, ERC, como ganadora. El hecho de que las fuerzas independentistas sumen 70 diputados revalida la mayoría absoluta que obtuvieron hace dos años, aunque con dos escaños menos (en 2015 consiguieron 72), otorgando la posibilidad de volver al gobierno si consigue los apoyos de sus socios republicanos y la abstención de la CUP.

“La república catalana ha ganado a la monarquía del 155”, proclamó el ex president desde Bruselas al conocer los resultados de anoche. Puigdemont  le exigió a Rajoy “que cambie de receta” porque la suya “ha fracasado”, y lo mismo le pidió a Europa. “Ninguna solución para Cataluña se podrá hacer sin tener en cuenta la voluntad de los catalanes”, afirmó visiblemente satisfecho por el triunfo de su formación. El paso siguiente, para él, es que el gobierno español “restituya el gobierno legítimo de Cataluña y le conceda la libertad inmediata a los presos políticos”, en referencia al ex vicepresidente catalán Oriol Junqueras, el “diputado electo” Jordi Sànchez –el presidente de la Assemblea Nacional Catalana era también número dos en JxCAT–, el ex conseller y también miembro de su lista Joaquim Forn, y el presidente de Òmnium, Jordi Cuixart.

En efecto, el Ejecutivo español tendrá que “tomar nota”, como inquirió Puigdemont, porque el Partido Popular obtuvo los peores resultados de su historia en Cataluña. La candidatura de Xavier García Albiol consiguió la última posición, perdiendo ocho escaños con respecto a la legislatura pasada, lo cual supone un duro castigo de su electorado, que prefirió ampararse en Ciudadanos para la defensa de una Cataluña dentro de España.

Los socialistas, por su parte, se quedaron  con “un ascenso amargo”, como lo describió su líder, Miquel Iceta, al aceptar que desde 1999 no conseguían tan buenos resultados pero que, aún así, no era lo que esperaban. “No es el resultado perseguido: no hemos logrado evitar la mayoría independentista ni ser el centro de la alternativa”, declaró el candidato del Partido Socialista de Cataluña.

Unos de los peores parados en la votación de ayer fueron “los comunes”, la coalición entre el partido de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, y Podemos, que concluyeron con ocho diputados, tres menos de los obtenidos en 2015, y sin “la llave” que prometían ser para desbloquear la formación de gobierno y postular una presidencia de izquierdas, basada en el eje social y no en la cuestión territorial.

Los últimos en número de votos y en escaños fueron los anticapitalistas de la CUP, la tercera formación que integra el bloque independentista, pasando de diez a cuatro diputados y alejando con esto la vía unilateral para la proclamación de la República catalana que ya solo ellos defienden.

Fuente y foto: Página12