por Sacha Pujó –

“Veo las cosas como son

Vamos de fuego en fuego hipnotizándonos
Y a cada paso sientes otro déjà vu”

Gustavo Cerati.

 

En el cierre del año algunos indicadores de la economía muestran cifras negativas y alarmantes. El déficit de la cuenta corriente del balance de pagos es histórico: supera los 8 mil millones de dólares en el último trimestre y representa un 5,5% del PBI. Este saldo es negativo fundamentalmente por el déficit comercial que, según el Indec, supera los 7 mil millones de dólares al mes de noviembre y también es record histórico.

En esta misma línea, el endeudamiento externo y la fuga de capitales se agravan: en 2016 el endeudamiento externo neto aumentó en casi 39 mil millones de dólares, mientras queen el acumulado de 2017, según el Observatorio de la deuda de la Fundación Germán Abdala las colocaciones del gobierno nacional se ubican en 78.740 millones de dólares, superando el total emitido durante 2016.

Mediante el endeudamiento el gobierno financia el creciente déficit comercial, la fuga de capitales, los gastos por viajes al exterior, la remisión de utilidades de grandes empresas multinacionales y el pago de los intereses de la misma deuda. La contracara de ese endeudamiento es la fuga de capitales que superó los 13 mil millones de dólares en los primeros ocho meses de 2017, según el centro Cifra. En este marco las cuentas fiscales no muestran mejoras respecto al año 2015, si se excluyen los efectos del blanqueo de capitales.

Por último, si bien la meta de inflación oficial del Banco Central para 2017 se ubicaba en 17%, fue ampliamente superada en torno al 25%. Para 2018 el gobierno tuvo que corregir las proyecciones de inflación a la alta al 15%.

Estos son algunos números significativos que permiten caracterizar, desde el punto de vista del interés nacional y de los sectores populares, de manera negativa la gestión económica de Macri.

El gobierno nacional fabricó una crisis sostenida en el discurso de la “pesada herencia” para justificar una redistribución regresiva del ingreso a favor del capital y en contra de los trabajadores, pauperizados y desocupados.

La velocidad con que se realizó dicha redistribución fue posible, entre otras razones, gracias al poder con que cuentan los grandes grupos económicos, teniendo en cuenta que la estructura productiva del país no pudo ser modificada sustancialmente durante los gobiernos kirchneristas. Redistribuir el ingreso a favor de los sectores populares pero sin modificar la estructura productiva marcó los límites del gobierno nacional y popular. El actual gobierno, por la composición de su gabinete y de sus políticas, es la representación directa de la fracción del capital financiero extranjero, de los grandes terratenientes y exportadores del agro, y de las multinacionales del sector energético. En ese marco, las políticas implementadas desde la asunción de Macri van en línea con esos intereses.

Nada indica que estas tendencias vayan a modificarse si se observa el presupuesto del Estado nacional para 2018. En efecto, según el análisis del centro Cifra el presupuesto 2018 se inscribe en la lógica del conjunto de políticas que viene desplegando el gobierno de Macri, esto es, el ajuste y la deuda. Se plantea una reducción del gasto estatal primario en términos reales, y  un aumento de la deuda pública para financiar el déficit fiscal, acrecentado por la reducción de impuestos a sectores de altos ingresos como granos, minería y bienes personales.

Al mismo tiempo el paquete de reformas previsional, tributaria y laboral, implican un golpe al bolsillo de jubilados y beneficiarios de asignación universal por hijo que va a deprimir aún más el mercado interno. También va a significar una menor recaudación para el Estado y menor margen de política contracíclica. Asimismo si bien el tratamiento de la reforma laboral se postergó para febrero de 2018, de aprobarse implicará un fuerte cambio en las relaciones de fuerza entre capital y trabajo, que va a permitir mayores márgenes de ganancia a costa del salario y las condiciones de trabajo.

En este escenario de endeudamiento y déficit histórico del saldo comercial, indicadores que están íntimamente relacionados pues uno financia el otro, la mega devaluación del peso aparece como la histórica resolución a esa situación crítica. Además de implicar un gran traslado de ingresos hacia sectores dolarizados y exportadores, puede traer consecuencias ruinosas para los sectores populares en términos de cierres de empresas, despidos y flagelos sociales. Es imposible que el endeudamiento externo pueda financiar de manera eterna el déficit comercial y fiscal. Entonces, ¿cómo se pagará ese endeudamiento creciente? ¿Con activos del patrimonio nacional?

En este panorama, ¿cuál será el procesamiento político de una crisis económica en potencia con efectos sociales impredecibles y conflictividad social en aumento? ¿Existe una fuerza política organizada que aglutine en una identidad a gran parte de los perjudicados por el macrismo?

El silenciamiento mediático de la realidad económica y la persecución judicial al anterior gobierno pueden hacer que, parafraseando a Thomas Shelby, “la mentira viaje más rápido que la verdad”, pero ésta tarde o temprano tenderá a emerger.

Fuente y foto: Va Con Firma