La localidad bonaerense de Azul vivió una de las mayores puebladas de su historia, luego de que miles de personas se acercara a la plaza central para reclamar por el despidos de más de 230 trabajadores contratados por el Ministerio de Defensa para la planta FanAzul de Fabricaciones Militares.

Con 56.719 habitantes, la ciudad de Azul fue un bastión importante para el triunfo electoral del senador Esteban Bullrich sobre Cristina Kirchner. En la localidad, el ex ministro de Educación obtuvo el 51,52 por ciento de los votos, mientras que la ex presidenta obtuvo el 28,26%.

La tendencia en las elecciones de 2017 se mantuvieron similares a las votaciones del 2015, cuando Mauricio Macri obtuvo el 57,09 por ciento de los votos en el ballotage, mientras que el candidato del Frente para la Victoria, Daniel Scioli, sacó el 42,91 por ciento.

Pese a los buenos resultados electorales, Cambiemos impuso políticas negativas en la localidad. Tras dos años en la gestión y luego de reducir a su mínimo histórico la fabricación de explosivos, el Ministerio de Defensa cerró la planta FanAzul, en una decisión drástica y sorpresiva que condujo a la movilización de los vecinos.

Además de emplear a 258 trabajadores, la fábrica aportaba más de 8 millones de pesos en sueldos por mes. Las mineras de la zona y las canteras también se verán afectadas por el cierre de la planta debido a que ya no tendrán a uno de sus principales compradores de materia prima. También la localidad de Olavarría se verá golpeada, porque en la firma estatal trabajaban 20 personas oriundas de la localidad.

Por el pago a proveedores, FanAzul aportaba unos 14 millones de pesos en Azul y la zona, de acuerdo a cifras reveladas por el Concejo Deliberante local en la resolución que declaró a la planta “de interés comunitario”.

Pero el destino que el gobierno forjó para FanAzul no es el único golpe a la localidad, que también sufrió el quiebre de Molino Nuevo, una empresa de las más importantes de la zona. Asimismo, la ciudad bonaerense también padeció el despido de 100 trabajadores de San Lorenzo, la cerámica que afronta una crisis por la caída del consumo.

Fuente y foto: Dynamo Audiovisual