por Juan Alonso-

En 1960, dos académicos estadounidenses estudiaron una teoría criminalística y sociológica cercana a Cesare Lombroso. La llamaron pomposamente –como todo lo falsario– “Delincuencia y oportunidad, una teoría de las bandas”. En síntesis, postularon la hipótesis de que el origen de la subcultura delincuencial es “la frustración que sienten los jóvenes de la clase baja al intentar sin éxito lograr el nivel económico y el status social de otros grupos sociales”.

Pues bien: el gobierno macrista acaba de confirmar esa presunta ideación intelectual realizada hace 58 años con una convicción estrafalaria, esta vez, propia de las peores psicopatías racistas.

Ayer, el Ministerio de Seguridad de la Nación, con la representación del funcionario Gonzalo Cané –supernumerario de Patricia Bullrich Luro Pueyrredón– presentó una denuncia penal por “falso testimonio” contra ocho testigos del caso Maldonado. A saber: Matías Santana, Claudina, Ailinco y Lucas Pilquimán, Soraya Maicoño, Andrea Millañanco, Adriana Baigorria, Facundo Jones Huala, y Ariel Garzi. ¿De qué los acusan?

“Surge con claridad que los denunciados mintieron en sus respectivas juramentadas o, cuando menos, omitieron aportar la información que conocían. Los testimonios fueron la condición necesaria para la posterior construcción del relato por parte de determinados funcionarios judiciales, referentes políticos y miembros de organizaciones de derechos humanos, quienes no dudaron en calificar ‘el ahogamiento accidental’ del señor Maldonado en el río Chubut como una desaparición forzada de persona”, afirma el escrito que publicó el diario oficialista La Nación, cuya fuente principal es el propio Ministerio de Seguridad. Pero veamos lo que no dice la prensa oficialista. Buscan desacreditar a los mapuches para impedir que el juez subrogante Gustavo Lleral investigue a los gendarmes en la vera del río. Lleral debe regresar a trabajar a principios de febrero. También está bajo cuestión la carátula de desaparición forzada. La fiscal Silvina Ávila pidió que el caso fuese tratado como “muerte dudosa”. Lleral lo desestimó pero aún restan resolver aspectos inquietantes:

1. El Ministerio de Seguridad jamás aclaró por qué negó a Santiago Maldonado durante 78 días, desde el 1 de agosto hasta el 17 de octubre, cuando hallaron el cuerpo en el río Chubut. Una tortura infinita para la familia. Macri llamó a la madre de Santiago en 25 de Mayo recién cuando confirmó que encontraron el cadáver y justo antes de las elecciones legislativas.

La Gendarmería Nacional había fotografiado a Santiago Maldonado con vida a las 11:32 del 1 de agosto a la izquierda de la casilla de vigilancia de la lof. Estaba vestido con un buzo azul celeste que le había prestado Santana. Con eso buzo lo encontró la Prefectura en el río, a siete metros de la costa en línea recta a la casilla de los mapuches.

Patricia Bullrich, su jefe de gabinete, Pablo Noceti, y los funcionarios Cané y Daniel Barberis, jamás admitieron que sabían que Maldonado estaba en Cushamen desde el corte de ruta en la tarde del 31 de enero a las 18 horas. Ni siquiera luego de que el periodista Horacio Verbitsky publicó la foto de Santiago, el 18 de octubre en Página12.

2. Ese mismo día, el juez federal de Esquel, Guido Otranto completó el operativo más escandaloso de la historia criminal criolla: estuvo 12 horas en la Pu Lof con 400 efectivos federales y el excelentísimo Cané mantuvo esposado al testigo Santana, allanó dos casas, precintó a dos hombres de la comunidad vecina de Vuelta del Río, apuntados por efectivos de élite armados hasta los dientes, que habían descendido en un helicóptero hasta al pie de la cordillera. Ese día también, Otranto no le permitió el acceso a las partes, menos aún a la familia Maldonado. El juez no encontró absolutamente nada. Su último rastrillaje fue un fiasco. Un día antes le había concedido un reportaje a La Nación (el mismo medio que ahora da a conocer la versión policial) y estimó: “La hipótesis más razonable es que Maldonado se ahogó”.

Luego fue recusado por la familia Maldonado y por el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS). El 22 de septiembre la Cámara de Comodoro Rivadavia apartó a Otranto por “prejuzgamiento” y designó a Lleral.

Mientras tanto, Cané inundaba de declaraciones administrativas el expediente. El juez subrogante Lleral llegó un día de lluvia a Esquel, se paró en el Juzgado Federal y realizó escuetamente las mejores declaraciones que podría haber realizado Mostaza Merlo en sueños, pero él no es Mostaza Merlo, precisamente.

3. El gendarme Emmanuel Echazú dijo que fue herido en la puerta de la lof y que “el golpe” lo hizo girar sobre sí mismo mirando a la ruta. Anduvo medio sonámbulo con una doble fractura de pómulo hasta que un compañero suyo, que no supo identificar, le tomó de las manos su escopeta Bataan calibre 12/70 con postas de goma, mientras se inició el procedimiento sin orden judicial en la Pu Lof.

El propio juez Otranto admitió la semana pasada que la Gendarmería “tiene facultad” para actuar en esas extrañas circunstancias para probar los presuntos delitos en flagrancia. Justo el 31 de julio, Noceti había estado en Bariloche arengando a las tropas sobre “el peligro” de la Resistencia Ancestral Mapuche (RAM) en la Patagonia.

Como es obvio, nadie nunca aclaró por qué Echazú sólo dijo haber visto en el río al escopetero Darío Zoilán a su izquierda. Cuando le preguntaron en la audiencia judicial de qué hablaron con Zolián no recordó. Luego le preguntaron quién más estaba en el río. Señaló que escuchó “dos voces” dentro o del otro lado del río y que a su derecha; si bien había más gendarmes, no sabía quiénes eran. Por esas causalidades del destino, otro gendarme, al que Echazú tampoco identificó, le entregó su escopeta, ya que según él, tras ser herido en la ruta la tomó el cabo Yáñez. Otro de los heridos de la fuerza, en su caso, en el parietal, producto de una piedra al voleo.

4. ¿A quién acusan Echazú y Yáñez, y ahora también Cané del Ministerio de Seguridad? A Santana. El testigo mapuche de 19 años que declaró que vio cómo los gendarmes rodeaban “un bulto” cerca de la orilla del río.

Otro de los perseguidos por la inquisición ministerial es Lucas Pilquiman, quien remarcó que iba con Santiago a mitad del río y que la última vez que lo vio fue cuando Santiago volvía sobre sus pasos cerca de “unos sauces”. La familia Maldonado pidió la nulidad de la declaración de Pilquiman porque la tomó solamente Lleral, sin darle curso a las partes, y en un lugar que no fue el Juzgado. El juez denegó el recurso. La abogada Verónica Heredia apeló.

5. ¿Dónde estaban los gendarmes Juan Manuel Escola, Echazú, Daniel Gómez, Zoilán, Neri Armando Robledo, Orlando Yucra, Ramón Vera, y Juan Carlos Pelozo, entre otros, entre las 11:30 y las 11:40 del 1 de agosto de 2017? El juez Lleral aún no lo sabe. La familia Maldonado tampoco. Pese a ello, Cané se atrevió a escribir “ahogamiento accidental” en 54 carillas como la causal de muerte de Santiago.

La autopsia fue clara: Santiago sufrió hipotermia. Su muerte fue “un proceso”. Luego sobrevino la muerte por sumersión. ¿Alguien lo vio? ¿Qué pasó en el río?

“Ahí hay uno”, gritó Pelozo, gendarme que intentó meterse en el río junto a Vera. A 50 metros de ese grupo, río arriba, estaba el escopetero Zoilán, que afirmó que disparó a una sombra en el río”, publicó el periodista Sebastián Premici en el portalCadena del Sur.

“El gendarme Robledo, que declaró en sede administrativa ante el guionista Barberis –sostiene Premici– afirmó que le tiró una piedra a un manifestante que cruzaba el río. ‘¿Le pegó?, sí. ‘¿Y cómo sabe?’, preguntó Barberis. “Le pregunté a Zoilán si lo había visto y dijo que sí”, respondió. Misteriosamente la cámara del Escuadrón 35 de El Bolsón no registró aquellos extraños sucesos en el río Chubut. Ninguno de los jueces, ni Otranto ni Lleral, se preguntaron por qué.

Misteriosamente nadie preguntó por qué la Gendarmería había sostenido los primeros 20 días que ningún efectivo había llegado al río. Decían que la fuerza se apostó a “70 metros”. Falso. La última foto de Santiago con vida la tomó Gendarmería, la publicó Verbitsky y es de las 11:32 del 1 de agosto. ¿Por qué lo negaron hasta que hallaron el cuerpo?

La ministra Bullrich dice a casi seis meses del hecho, que “la verdad salió a la luz”. ¿Cuál verdad? ¿La de Gendarmería o la de la familia de la víctima?

Entre los acusados por “falso testimonio” está Garzi, el amigo de Santiago que declaró en la causa. Dijo que llamó a su amigo a un celular chileno. Eran las 15:24 del 2 de agosto y que alguien lo atendió durante 22 segundos y cortó. En la causa de hábeas corpus hay un informe de Telefónica que afirma que ese llamado existió. Sin embargo, Cané dice que no. Lo cierto es que la Justicia Federal nunca precisó qué pasó con esa llamada, dónde estaba el teléfono chileno de Santiago, qué celulares había a su alrededor, y si esos teléfonos pertenecían o no a gendarmes.

Pese a ello, el Estado se apresta a continuar con la feroz represión en la Patagonia a dos meses del asesinato por la espalda del joven mapuche Rafael Nahuel. Al cierre de esta crónica, la Justicia de Río Negro no había logrado culminar las pericias del arma homicida ni identificar al prefecto que disparó su ametralladora calibre 9mm. Se espera que el lunes al fin pueda existir un leve indicio. Ayer hubo una marcha en el Centro Cívico de Bariloche. “Vamos a seguir luchando”, dijeron los papás de Nahuel. Asesinado por ser mapuche. Parte de un colectivo social negado y estigmatizado por el Estado macrista.

“En Sudamérica todos somos descendientes de europeos”, dijo el presidente Mauricio Macri en su gira europea, plagada de definiciones como estadista de la revista Hola. Sus asesores de 200 mil pesos la jornada mensual, deberían susurrarle al oído que Foyel, Inacayal, Sayhueque, Nahuelquir, Catriel, Biguá, Pincén, Calfucurá, Purrán, Llanketruz, entre muchos otros, vivieron en estas tierras hermosas.

Ninguno era europeo.

Anoche en Cosquín, el público bien campero abucheó al grupo María y Cosecha, que tuvo el tupé de homenajear a Santiago y a Nahuel en la tercera jornada del Festival folklórico.

Atahualpa Yupanqui conoció al tiempo: “Yo siempre fui un adiós. Un brazo en alto, un yaraví quebrándose en las piedras, cuando quise quedarme vino el viento, vino la noche y me llevó con ella”

 

Fuente: Nuestras Voces