por Ernesto Rufino –

Podés tomarte tu tiempo, claro. Ocuparte de la infinidad de importancias pasajeras que trae cada día. Distraerte con el romance y el escandalete que te sirven cada tarde. Y llenar el último espacio disponible con espuma de gritos y flashes y señuelos, cada noche. Es tu vida.

Podés dejarla correr hacia horizontes de mentiras, cómo no. Adoptar el aire y el carácter de ese otro que te desprecia, repetir las consignas que te condenan, pelear por parecerte a quien no sos. Es la tuya.

Pero capaz que podés, también, ahora mismo abrir los ojos, los oídos, el entendimiento. Salir un momento y para siempre del ruido, para venir a enterarte de lo que ya sabés: la ilusión prefabricada impuesta como realidad existe sólo porque la aceptás.

Este gran globo expandido a fuerza de millones en gases tóxicos y pedos atravesados no resiste sin tu voluntaria renuncia cotidiana a ser libre. Es tu decisión.