por Agustín Mozzoni *-

La derecha de Brasil avanzó con su peor faceta. El presidente interino Michel Temer, decidió vía decreto intervenir militarmente el Estado de Río de Janeiro, argumentando una “incontrolable y creciente ola de inseguridad”. Por decisión del presidente, el ejército asume el control de la seguridad pública, en una medida que no tiene precedentes en la historia democrática del gigante sudamericano.

Temer habilitó a las fuerzas armadas federales a “actuar contra la violencia urbana”, a la que definió como una “metástasis que se expande por el país y amenaza la tranquilidad de nuestro pueblo”.

Es la primera vez, desde el final de la dictadura militar en 1985, que las fuerzas armadas se despliegan sobre el territorio brasileño para “controlar la seguridad”, y toman el control de la policía, los bomberos y los servicios de inteligencia del Estado de Rio de Janeiro.

El presidente interino de Brasil, quien se alzó con el poder luego de un proceso irregular de juicio político contra la hoy proscripta presidenta Dilma Rousseff, sostuvo que “no podemos seguir aceptando pasivamente la muerte de inocentes, es intolerable que estemos enterrando madres y padres de familia, trabajadores, policías, niños y niñas, y que veamos barrios enteros sitiados, con sus escuelas bajo la mira de fusiles”

De esa forma, Temer, quien posee cerca de un 90% de imagen negativa en todo el espacio de Brasil, posiciona a la inseguridad como el principal problema de la población, y frente a la creciente crisis política, social y económica, que vive el país, derivada en gran parte por la puesta en marcha de su plan neoliberal, desplaza a las fuerzas armadas a “custodiar y controlar” el territorio.

“Sin votos para aprobar la reforma previsional, el gobierno cambia su agenda y aceptar intervenir en Río de Janeiro. La situación de seguridad es grave pero hay que estar alertas sobre la represión que puede venir contra movimientos sociales y la suspensión de los derechos constitucionales”, dijo Gleisi Hoffmann, presidenta del Partido de los Trabajadores.

Todas las hipótesis sobre la decisión de Temer son aceptables, puede que el presidente de Brasil se incline a contener por la fuerza el descontento social o puede que  entienda que dar respuestas “duras” en materia de seguridad, incremente sus posibilidades electorales debido a la “obsesión” de las clases medias sobre la inseguridad.

Cualquiera sea la hipótesis, se debe entender que el uso de las fuerzas militares en materia de seguridad interna, se sabe dónde inician, pero difícilmente se pueda calcular donde terminan. Ejército y garantías, fueron siempre una alianza complicada.

Para complicar (o aclarar) las cosas, y en un discurso similar al conocido en la Argentina, el Jefe del Ejército de Brasil, sostuvo que la intervención militar en Rio necesitara de “un sacrificio de la población”, además, pidió “compromiso, sinergia y sacrificio de los poderes constitucionales y de las instituciones”.

Las coincidencias entre Brasil y Argentina

La Argentina del presidente Macri, fue el primer país en reconocer a Michel Temer como presidente legítimo de Brasil. Ante el conflictivo y confuso escenario político que atravesaba Brasilia, por medio de la puesta en marcha de un plan destituyente entre un sector de la justicia, de la derecha política y de los medios conservadores, Michel Temer llegó al poder.

Desde su inusual arribo al palacio del Planalto, Temer consiguió su primer aliado, Mauricio Macri. Junto a él, ambos avanzaron en la desvinculación de Venezuela del Mercosur, en el posterior deterioro del bloque económico, y en la consolidación de un proyecto económico de desindustrialización y ajuste sistemático, vinculado a la vuelta de un modelo exportador de materias primas.

Si bien Brasil no padeció en su proceso dictatorial un modelo de exterminio industrial como la Argentina, la interrupción de su desarrollo durante el proceso neoliberal con Collor de Mello en los años 90, dio pie al avance liberalizador de la economía, variable que se repite durante el actual modelo.

Con Temer, Macri avanzó en la idea (aún vigente) de acuerdo con la Unión Europea, en un ataque directo al corazón de la industria local. Llevaron ambos adelante un modelo de endeudamiento sin precedentes en la historia de sus países, y avanzaron e intentan avanzar en dos proyectos claves de vulneración de los derechos adquiridos por ambos pueblos: La reforma previsional y la reforma laboral.

Hermanos huérfanos

La derrota de Hilary Clinton no estaba calculada por los ideólogos del nuevo mapa geoestratégico, y el modelo de subordinación lejos de ser perfecto, termino huérfano. Ahora, los líderes “proyankis” latinoamericanos, vivencian sus días en el poder sin el apoyo fundamental de los Estados Unidos, que lejos de colaborar, le pone cada vez más trabas a su accionar.

Con las dificultades que ello implica, los hermanos huérfanos (Temer y Macri), decidieron buscar en Europa lo que los Estados Unidos de Trump no les quiere brindar. En ese proceso, el paso del tiempo les complica su estadía en el poder, y mientras el descredito no puede ser contenido por los medios de desinformación, el uso de la fuerza se convierte en el (¿último?) recurso de contención.

En el marco de un renovado Consenso de Washington, la  crispación social que genera dicho modelo, la consecuente marginalidad de amplios sectores de la sociedad, y la proscripción de los líderes políticos que representan los intereses de las mayorías populares, generan un escenario, que de proseguir, al igual que en otras épocas, solo el uso de la violencia estatal puede controlar.

En ese sentido, la intromisión de las fuerzas armadas en el control del territorio y el uso de la fuerza desmedida, irrestricta y justificada ante la población, muestra la peor faceta que los modelos conservadores y neoliberales pueden tener. La violencia como forma de contener su poder ante el descontento social.

En Argentina, la doctrina Bullrich de justificación de la violencia, el cambio en la cúpula del ejército argentino, el decreto de compra “secreta” de armas de guerra, y la utilización creciente de la gendarmería en los conflictos sociales es una muestra de la coincidencia procedimental que tanto Temer (siempre un paso adelantado por su escaso apoyo social y su límite temporal) y Macri tienen en sus modelos políticos, económicos y sociales.

(*) Lic. en Gobierno y Relaciones Internacionales.