por Rubén Boggi –

Cada vez que una publicación periodística revela algo que incita a la confirmación judicial, respecto de un político, hay un impacto en la sociedad innegable, y es lo que ha pasado ahora en Neuquén, curiosamente promovido desde la lejana España, ese país que estuvo tan vinculado al nuestro y a la provincia en especial, durante el reinado de Repsol en YPF.

Repsol, como se sabe, fue después expulsada en aras del nacionalismo populista por el gobierno de Cristina Kirchner, movida de la que participó activamente el gobierno neuquino, que entonces estaba en manos de quien es hoy el objetivo de esa revelación periodística del diario El País, es decir, Jorge Sapag.

Si es cierto o no que Sapag y Guillermo Coco, entonces ministro de Energía, quisieron depositar en un banco de Andorra 5 millones de dólares, es algo de lo que presuntamente se encargará de determinar la Justicia, a la que rápidamente acudió, en principio retóricamente, el mismo Sapag. Pero paralelamente, corre por otros andariveles el impacto político de las publicaciones periodísticas, porque la oposición entiende, y también lo entiende la interna del MPN, que es algo que debe aprovecharse, pues encarna en las permanentes sospechas de corrupción que rodean a los políticos en funciones de gobierno, mucho más cuando se relacionan con el rico mundo de los intereses petroleros.

En política, no importa la corrupción propia, sino la ajena. No es esta una afirmación que uno deseara hacer, sino apenas una descripción de lo que sucede, desprovisto de eufemismos, en la realidad global, con matices diferentes, pero con un principio común. Así, el caso Sapag-Coco, más allá de lo que se confirme o no, ha servido inmediatamente como catalizador de la coyuntura política, y es un elemento que juega ahora en el escenario, para bien o para mal según de quién se trate.

¿Salpica esto al actual gobernador Omar Gutiérrez, quien fuera apadrinado por Sapag en su fulgurante ascenso a un poder que ahora pretende continuar por otro período? ¿O es algo que se esperaba para romper un padrinazgo que tal vez se había tornado molesto?

En el MPN hubo silencio al principio en este tema, pero como las redes sociales de la WEB incitan a la ansiedad, y cada hora que pasa por ellas parece un siglo, no tardaron en aparecer manifestaciones. Por ejemplo, hubo mensajes de presuntos militantes, convocando a cerrar filas con el compañero denunciado. Uno de ellos decía, casi con ingenuidad, que el MPN, más que un partido político, es “una familia”, para justificar la defensa irrestricta. Aun así, no hubo enseguida pronunciamientos institucionales partidarios. Aparecieron algunos dirigentes. Por ejemplo, Ana Pechen, quien era a la sazón vicegobernadora de la provincia. Pechen, actualmente participando del MAPO en el partido provincial, hizo saber de su solidaridad con el ex gobernante ahora acusado. Después, apareció en escena, también por las redes sociales, en este caso Twitter, el propio gobernador Gutiérrez, haciendo causa común contra la “difamación” de la que sería víctima Sapag. Gutiérrez es el presidente del MPN, pero su twitter es personal, no refleja institucionalmente al partido.

El silencio mayoritario en el MPN solo puede augurar mayor enjundia en la interna que se viene, sobre todo, después del lanzamiento de Gutiérrez en Loncopué, en un acto casi protocolar, sin mayor entusiasmo, en donde solo pudo constatarse la decisión de apresurar la precandidatura, impulsada por el núcleo duro del Gobierno y por los intendentes dependientes del gobernador de turno, que son siempre la mayoría, sea quien sea el que esté en la Casa de Gobierno.

Se verá cómo juega el affaire Sapag-Coco en la interna del MPN. Lo que sí es seguro es que la oposición, encarnada particularmente en Cambiemos, disfrutará del momento. Se vieron ya expresiones apuntando a la manera que el partido en el gobierno manejó los asuntos petroleros. Se expidió el diputado nacional Leandro López, y la diputada provincial Carolina Rambeaud, quien puso el dedo en una llaga todavía sin cerrar, la de la venta del yacimiento Amarga Chica, usando para eso publicaciones del diario Río Negro, el mismo (ahora con otra conducción) que publicó generosamente el tema surgido desde Andorra.

Esta situación, con la importancia innegable que tiene, está en la superficie. Pero tal vez no sea lo más importante en la profundidad de la coyuntura. Motivos de sobra tiene el gobierno de Gutiérrez para preocuparse. Por ejemplo, en la larga continuidad de la crisis del sistema de Salud, encarnada ahora en el descalabro del servicio de pediatría, que en el caso del hospital de Centenario, cumplió 200 días sin médicos. Por ejemplo, en las escuelas y su destino incierto, dado que el gremio docente ATEN, alimentado además por la coyuntura nacional, parece encaminarse a negar el comienzo de las clases.

Tal vez sea el momento para empezar a mirar la viga en el ojo propio, antes que la paja en el ojo ajeno.

Fuente: Diariamente Neuquen