por Francisco “Paco” Olveira* –

El Evangelio de Lucas cuenta la parábola de un hombre muy, muy rico que amontonaba y amontonaba. Había tenido una gran cosecha y ya estaba organizando la construcción de un nuevo granero así podría vivir tranquilo muchos años. Pero Dios le dijo: “¡Insensato! Esta misma noche te van a reclamar tu alma…Esto vale para toda persona que acumula para sí misma, y no es rico a los ojos de Dios” termina diciendo el texto (Lucas 12, 13-21)
Es lo que se me vino a la cabeza cuando tras caminar más de cuatro horas subiendo montañas, cruzando tranqueras, ríos y alambrados llegamos el pasado sábado 3 de febrero en la tercera marcha por la Soberanía, la segunda por el camino de Tacuifi, al Lago Escondido (en el Bolsón, Bariloche), actualmente propiedad privada de Joe Lewis, el amigo de Mauricio Macri quien al poco de iniciar su presidencia fue allá a descansar y desde allá hizo una encendida defensa del multimillonario inglés. (Estas marchas son organizadas por la “Fundación Interactiva para Promover la Cultura del Agua” que preside Julio Cesar Urien).
El lugar de una belleza salvaje e inmensa, de repente se transforma en un gran parquizado de pasto bien cuidado, con caminos asfaltados, riego por aspersión, cancha de fútbol, pista para carreras de caballos y una gran mansión que llega hasta los pies del lago.

Gracias a estas marchas fruto del esfuerzo y la organización de los sectores populares y conformada por organizaciones sociales, políticas, sindicales y representantes del Pueblo Rionegrino tuvo que intervenir la justicia destrabándose el fallo judicial que ordena hace años al gobierno provincial que habilite el camino público de Tacuifi para acceder al lago.

Como consecuencia de estas acciones y muy a pesar del magnate Joe Lewis pudimos por ese día acercarnos al lago, eso sí, por un costadito bien vigilados y fotografiados.

Cuando llegamos nos abrazamos, nos bañamos, nos extasiamos, desplegamos banderas argentinas, otras por los presos/as políticos/as de nuestra Patria, comimos, hicimos un breve rezo y nos volvimos. Se había acabado el tiempo, el lago debía volver a ser clausurado…

También en una zona de montañas y lagos, se reunían en días pasados los poderosos de este mundo en el foro de Davos (Suiza) y la ong OXFAM nos decía que el 1% de la humanidad se quedó con el 89% de la riqueza generada en el 2017 y que el 50% más pobre no había recibido nada de nada de esa riqueza.
El Papa Francisco escribe en su Encíclica “Laudato Si” sobre el cuidado de la casa común: “Mientras se deteriora constantemente la calidad del agua disponible, en algunos lugares avanza la tendencia a privatizar este recurso escaso, convertido en mercancía que se regula por las leyes del mercado”.
Por eso me pregunto volviendo a “nuestro” Lago: ¿Es necesario que una sola persona disfrute lo que es de todas y todos? ¿Hasta qué punto llega la ambición humana? Y también me pregunto si realmente es tan difícil para el poder político y judicial abrir un camino accesible y público como dicta nuestra Constitución. ¿O será simplemente que no hay verdadera voluntad?
En lo personal fui como miembro del grupo de curas en la opción por los pobres llevando a mi espalda cual mochila una “casita” con la Virgen de Luján. Más allá de religiones es también un símbolo de la Patria al ser ella para los cristianos católicos la Patrona del Pueblo Argentino. La idea es que cuándo el lago vuelva a ser para todas y todos podamos colocarla sobre la roca en la que hicimos el rezo. Quizás con un breve texto: esta imagen acompañó la recuperación de Lago Escondido, quizás con una frase de María de Nazaret: “Dios derriba a los poderosos de su trono”. Pero para hacerlo necesita de un Pueblo organizado que no se rinda en exigir sus derechos y que ha conseguido, por lo pronto, que la justicia rionegrina obligue al diálogo a las partes en conflicto: un poderoso contra una Nación.

En la Parábola del comienzo de este texto la intervención de Dios puso los puntos sobre las íes. Esa abundante cosecha era un don, un regalo de Dios que debía servir para todos y no sólo para el rico. Por eso el reclamo divino. Ser rico a los ojos de Dios es entender que el mundo, el lago es común, a la vez de todos, en privado para nadie por más dinero que tenga. Es la utopía de Dios: un mundo, un lago para todas y todos; es la utopía de los que caminamos; es la utopía por la que seguiremos marchando.

* Cura en opción por los pobres