por Ernesto Rufino –

Los empujones al interior de la derecha -que como cada vez que se siente ganadora se pone sangrienta- van en aumento. Ante una caída que no se detiene, resumida en encuestas no oficiales que muestran a Cambiemos arriba con 24.8 y al kirchnerismo con 17, el MPN sólo puede mostrar 9 magros puntos de intención de voto. Los cambiemitas asumen con lógica que son los principales beneficiarios de este desplome histórico, y observan con regocijo los apuros del oficialismo provincial.

En el medio de la crisis emepenista, Omar Gutiérrez va a succionar calcetines a la Rosada, pero es probable que no consiga más que protección a la calabresa para su padrino político, el hoy rostizado Jorge Augusto. El Movimiento quedó groggy con la denuncioa de El País (ya caracterizado como el caso Sapag-Coco), y el amarillismo en pleno salió a darle, convencido de estar listo para ser el próximo patrón del estado neuquino. El Pechi, los pastores y los apresurados precandidatos que brotan por doquier ya se frotan las manitas, mandando a los comentaristas afines a hacer leña de semejantes troncos caídos.

Da para suponer que la turcada no se va a quedar en el molde. Ya se sienten rumores de alianzas hasta ayer impensadas entre el partido provincial y opositores históricos a su hegemonía, unidos por el espanto de un triángulo pintado de amarillo el año que viene. Encima, el goberna también se reveló como un pésimo defensor -y vía twitter- de su mentor, y sólo atina a sobreactuar la disciplina y el control al interior del partido, que está siendo visible y sordamente tironeado por posturas e intereses contrapuestos. Demasiadas tensiones, desilusiones y abandonos que pasan a engrosar al Pro-UCR, sometido a su vez a la incierta suerte del gobierno nacional.

La prueba de lo mal que le dan todas las cuentas de la economía a la alianza Cambiemos es que apuesta todo a endurecer la mano, para fidelizar el núcleo duro securitario y amedrentar a la negrada quilombera. Para el resto, vigilancia y entretenimiento en las dosis que hagan falta. Lo que estos cráneos no ven es que sueltas las fieras no hay orden ni control posible.

Y el campo nacional y popular aparece todavía como un archipiélago más o menos disperso, con algunas que otras rutas de intercambio, sin nada parecido a un paño común para enarbolar, con una variedad de iniciativas sectoriales que aún no se tocan, aunque todos y todas sepan que este es el año para construir una alternativa viable al gobierno de estas derechas tan incapaces como inhumanas.