por Osvaldo Pellin –

El ponderado y hoy ignorado Plan de Salud de Neuquén comenzó con la atención prioritaria del niño debido a las altas tasas de morbimortalidad infantil que ostentaba la provincia por las décadas del ’60 y del ’70. Alcanzaban a superar con registros insuficientes más del 120 por mil nacidos vivos.

Se abordó el problema con medidas sencillas pero efectivas de prevención con vacunación contra los daños prevalentes, aquellos para los que se contaba con vacunas: tos convulsa y sarampión especialmente, lográndose altas coberturas y gran colaboración y confianza de la población en general. Para llegar a tan altos índices de inmunizados se desarrolló una estrategia de vacunación domiciliaria en especial en las zonas rurales mediante las visitas periódicas y programadas a localidades rurales dispersas y poblaciones originarias. Se incorporaron jóvenes pediatras con buena formación, la mayoría provenientes del Hospital de Niños de Buenos Aires, discípulos del eminente pediatra Carlos Gianantonio, para la atención primaria y secundaria de niños.

Se fueron creando infraestructuras de servicios en las cabeceras zonales (Zapala, San Martin de los Andes, Chos Malal) y se abordó el desarrollo concomitante de la atención neonatológica. Todo realizado en dos años aproximadamente, desde principios de 1971 a finales de 1972.

El resultado obtenido fue espectacular bajando de forma contundente las tasas de la mortalidad infantil tardía y más lentamente la mortalidad neonatal, situación que entusiasmó al poder político que logró de ese modo gran prestigio social por las medidas encaradas.

Finalmente, menciono un hecho fundamental que cambió la fisonomía del actual hospital Castro Rendón: se instituyó la dedicación exclusiva de los profesionales en un esfuerzo tendiente a prolongar los horarios de atención y el compromiso con el sector público.

Aquel empuje extraordinario que ganó la admiración de los organismos internacionales dedicados a la salud se mantuvo con pocas oscilaciones aun en plena dictadura que se vio obligada a frenar sus primeros ímpetus reformadores. Empero el sistema creado soportó sin deterioros evidentes esos intentos salvo la discrecional e injusta sanción aplicada a algunos destacadísimos profesionales de la pediatría afectándolos con traslados disciplinarios y exclusiones que tendían a despoblar de los mejores médicos al sistema. Con ello se pretendía disciplinar al equipo de salud.

Se atravesaron los tiempos de la novel y recuperada democracia hasta llegar a las privatizaciones del gobierno del ex presidente Menem, cuyos afanes ya no pasaban por sostener el sector público sino por financiar abiertamente al sector privado.

Es el día de hoy que la infraestructura pediátrica de la provincia en el sector público cuenta con idénticos recursos semejantes a los de 30 años atrás. Se ha debilitado la prolongación horaria, las estrategias de atención primaria de la salud y la atención médica del niño aparece desalojada del lugar que debería ocupar territorial e institucionalmente.

Las razones son múltiples y es difícil en tan breve comentario especificar a todos. Pero el más notable es que quienes conducen la salud carecen de los conocimientos y la experiencia adecuada para afrontar problemas tan complejos del ámbito específico de la salud.

Terminamos señalando que los registros de estadísticas vitales de salud en la provincia empiezan por no ser suficientemente difundidos porque se han dispersado o simple y llanamente no se han compilado.

En suma el Plan de Salud nació atendiendo la salud de los niños de la provincia siendo su principal motor para extender sus bondades durante varias décadas.

Hoy el Plan de Salud de Neuquén aparece decadente justamente en el mismo lugar donde nació y afectando con dureza a quienes había protegido prioritariamente: los niños de la provincia.

Neuquén carece de atención médica pediátrica y por el tiempo transcurrido desde que se iniciara esta crisis y su no solución, habla de incompetencia y de una gestión inexcusablemente culposa.

Fuente y foto: Va Con Firma