por Sebastián Enricci –

Entendemos por Estado ausente cuando éste se retira de sus prerrogativas básicas y deja en manos del llamado mercado la regulación de la producción de bienes y servicios a la espera de que la simple fórmula del libre juego entre la oferta y la demanda cubra lo que en esencia el Estado no puede generar. Por otro lado el Estado presente es aquel que por desiciones políticas interviene fuertemente en todo el andamiaje económico del país y que por ende entorpece la creación de la riqueza necesaria para el progreso de la sociedad.

Hay quienes postulan que el Estado es “visible o invisible” porque éste siempre actúa por acción directa o por omisión consciente y aplica políticas públicas en mayor o menor medida que deben generar oportunidades de desarrollo a todos los sectores y actores de la sociedad en su conjunto.

Otras voces indican que lo verdaderamente importante, mas allá de la dicotomia entre Estado ausente/presente o visible/invisible, es la eficacia en las políticas públicas que aplica un gobierno para lograr los objetivos que en última instancia siempre deben mejorar la calidad de vida de los ciudadanos y que le son impuestas por la Constitución Nacional: educación, salud, justicia, vivienda digna, jubilaciones y un muy largo etcétera.

Pero lo llamativo es que el Estado Argentino que preside Mauricio Macri se dice presente y es ausente, es visible pero también invisible y el resultado de dos años de gobierno indican que es inevitablemente ineficaz.

Los argentinos nos enfrentamos a un nuevo paradigma: “El Estado desertor”.

En este punto se abre un abanico de infinitas preguntas que pueden darnos una pauta.

– ¿Se despidieron indiscriminadamente de reparticiones del Estado a millones de trabajadores? ¿Se propició sean expulsados del sector privado millones?

– ¿Se eliminó una Ley que terminaba con el monopolio de la información y garantizaba el libre ejercicio de la libertad de prensa y expresión?

– ¿Se eliminaron impuestos a las grandes corporaciones mientras se le aumentan al resto de los contribuyentes menores?

– ¿Pagaron la deuda externa sin negociación y al mismo tiempo endeudaron al país por 100 años sólo para afrontar gastos corrientes del Estado?

– ¿Decretaron por “Necesidad y Urgencia” modificar de un plumazo 140 leyes sin mediación del Poder Legislativo y tampoco del Poder Judicial?

– ¿Acaso será característica esencial de este paradigma que sus ministros y hasta el propio Primer Mandatario descrea de sus políticas económicas y mantengan sus fortunas en paraísos fiscales?

– ¿Incrementaron en más de un 50% el déficit fiscal que heredaron?

– ¿Combatieron la inflación con medidas que sólo degradan el poder adquisitivo de la clase media impactando de lleno y negativamente en los trabajadores de la salud pública, la educación pública, en los jubilados, en las personas con capacidades diferentes y en aquellos que aun se encuentran en la pobreza?

– ¿Aplicaron protocolos de seguridad que sólo lesionan el derecho de huelga y protesta en detrimento de los derechos laborales y civiles consagrados en nuestra Carta Magna?

– ¿Aplicaron protocolos de seguridad que sólo traen como consecuencia más criminalidad y el aumento desmedido del uso de la fuerza pública contra su propio pueblo?

– ¿Desnaturalizaron el derecho básico de toda república democrática al eliminar el concepto de que toda persona es inocente hasta que se demuestre lo contrario?

– ¿Encarcelaron a ex-funcionarios sin juicio previo hasta el límite de suprimir el debido proceso de defensa en juicio?

La mayoría del pueblo argentino, sea cual fuere su pensamiento politico responderá que sí a muchas de estas preguntas.

Entonces qué caracteriza al Estado Desertor: ¿el neolibelarismo, el conservadurismo, el proteccionismo, el garantismo, la desidia o es simplemente abandono?

No podemos dejar fuera de este análisis los alarmantes datos de la pobreza y en este tópico alguien dirá que el Estado desertor es aquel a quien no le interesa acortar la brecha entre los que menos tienen frente a los más poderosos y que esta característica es inherente a todos los gobiernos por igual. Pero ¿acaso este nuevo concepto del Estado desertor genera las condiciones para una estratificación ascendente mediante una coherente redistribución de la riqueza?

Para concluir y frente a la catarata de respuestas afirmativas a las preguntas antes planteadas se puede afirmar que no sólo esta novedosa caracterización del Estado desertor, que representa Mauricio Macri desde el gobierno nacional, es ineficaz sino que además es paranóico, inepto, irresponsable en la administración de la cosa pública y desinteresado de los destinos del pais. En definitiva abandona tanto sus funciones básicas como sus obligaciones.

Como colorario, el Poder Judicial, en sus más altas esferas, llamativamente es quien sustenta este nuevo paradigma y se convierte en cómplice por no cumplir con su más elevado propósito, que no es otro que el de velar con recelo por la legalidad constitucional, las garantías constitucionales y el ordenamiento jurídico de la Nación.

Fuente: Agencia Paco Urondo