por Carlos Imondi* –

El 7 de marzo se recuerda un nuevo aniversario del natalicio de Ramón Carrillo. Nació en Santiago del Estero, en 1906. Se trata del hombre que ocupó uno de los lugares más trascendentes de nuestra historia sanitaria. Fue el primer ministro de Salud Pública. Defensor de la Salud como un derecho social irreemplazable.

Desde la creación de la Secretaría de Salud a cargo de Ramón Carrillo en 1946, convertida en ministerio a partir de la reforma constitucional de 1949, durante el gobierno de Juan Perón, se trabajó intensamente en garantizar el acceso digno a la salud para todos los argentinos y argentinas, entendiendo como un derecho, que debía ser garantizado por el Estado a través de políticas públicas concretas de manera de posibilitar una atención médica de calidad y gratuita.

Los logros más significativos, entre otros, estuvieron vinculados a la erradicación de enfermedades endémicas, descenso drástico de la mortalidad infantil, duplicación del número de camas hospitalarias. Durante su gestión se inauguraron 234 hospitales gratuitos, haciendo hincapié en la medicina preventiva y en una política de organización hospitalaria que fue ejemplo en el mundo y que aún es asombrosa.

Algunas de sus célebres frases que dan cuenta de su obra, además de admirable, sigue siendo una tarea inconclusa en demasiados lugares del mundo:

“Solo sirven las conquistas científicas sobre la salud si estas son accesibles al pueblo.”

“Los problemas de la Medicina como rama del Estado, no pueden resolverse si la política sanitaria no está respaldada por una política social. Del mismo modo que no puede haber una política social sin una economía organizada en beneficio de la mayoría.”

“Frente a las enfermedades que genera la miseria, frente a la tristeza, la angustia y el infortunio social de los pueblos, los microbios, como causas de enfermedad, son unas pobres causas.”

 

Realizó sin vacilar un extraordinario trabajo territorial, fortaleciendo la Atención Primaria de la Salud con políticas sociales, basado en resolver las necesidades sanitarias de nuestro pueblo cuyogran objetivo fue poner la medicina en función social.

En un exilio dramático de aquella época, falleció un 20 de diciembre de 1956, a los 50 años, en un pequeño pueblo del norte de Brasil, enfermo, pobre, pero fiel a su pensamiento, supo entregar en el ámbito de la salud toda su capacidad y esfuerzo a las necesidades concretas de la gente.

Como contrapartida, hoy tan distante con épocas de exclusión y de individualismo, estamos padeciendo los duros embates del gran “cambio”, ya que lejos de fortalecer el sistema de salud argentino lo van convirtiendo en desánimo, debilitándolo y haciéndolo cada vez más “visible”, con un sistema de salud precarizado por falta de presupuesto. Sin una mirada integral acerca del proceso de salud-enfermedad-atención y cuidado, con abandono de programas, falta de condiciones edilicias, de recursos humanos, de nuevos equipamientos, de participación popular, cerrando servicios en un contexto en el que nuestra provincia no escapa a esta realidad. Eso, a pesar otrora de haber sido el servicio de salud un orgullo neuquino.

Además, y para desviar el eje del deterioro persistente y como “cortina de humo” se anuncia en la provincia de Jujuy lo inimaginable, tener la intención de cobrar la atención brindada a personas extranjeras en hospitales públicos, cuya estadística en recibir cuidado en salud (0,3%) es totalmente escasa y casi podría decirse nula.

Vale recordar que la Constitución Nacional dispone en su artículo 20: “Los extranjeros gozan en el territorio de la Nación de todos los derechos civiles del ciudadano (…). No están obligados a admitir la ciudadanía, ni a pagar contribuciones forzosas extraordinarias”.

Los Tratados Internacionales de Derechos Humanos plantean que su interpretación siempre debe resolverse a favor de la no discriminación y ateniéndose a la imposibilidad de usar determinadas categorías -como la nacionalidad- para obstaculizar o impedir el ejercicio de derechos.

Por lo que podríamos afirmar que la nacionalidad como categoría de selección para el pago de las prestaciones de salud es ilegal, inconstitucional y se encuentra por fuera de los Tratados Internacionales firmados por nuestro país.

 

Pero, no sólo el cobro de aranceles a las personas no residentes, sino que lo más preocupante es que tienen en agenda la implementación de un sistema de seguros provinciales de la mano de la Cobertura Universal de Salud (CUS), que nada tiene que ver con los principios de justicia, equidad y universalidad que caracterizan al sistema público de salud argentino, ya que se busca principalmente generar un mercado de salud, donde el financiador continúe siendo el Estado, pero los servicios sean prestados por empresas privadas.

La principal crítica es que “la cobertura promovida por los seguros no garantiza el acceso a los servicios, medicamentos, tratamientos y estudios. Al contrario, los seguros presionan a los Estados para que su `canasta de cobertura´ (aquella que los seguros están obligados a ofrecer a sus pacientes, ahora clientes) sea cada vez más reducida”. La discusión sobre la implementación de este modelo neoliberal aplicado al campo de la salud es el verdadero debate que tenemos por delante ya que parece que para el “cambio”, “lo último es la Salud” y para eso es ineludible un Estado presente al servicio de la gente, que contrasta con la realidad y porque el ajuste al que estamos sometidos parece que no tiene fondo.

En honor al doctor Ramón Carrillo, como la manera más interesante de repensar la Salud que necesitamos, sería importante comenzar a retomar, con convicción su legado: de equidad, de justicia social, de inclusión, de participación, solidaridad, compromiso por el otro, casi como una obligación moral para poder hablar en nombre de la defensa de la Salud Pública. Y en contra de su desintegración y mercantilización, replanteando no tanto lo que ocasiona enfermedad sino qué es lo que  ocasiona y nos mantiene sanos: más y mejores fuentes de trabajo, jubilaciones, redes de agua potable, cloacas, viviendas, escuelas, universidades, deportes, hospitales, desarrollo científico nacional, cultura, y por supuesto más acciones de prevención,  promoción y protección de la salud.

Vaya un homenaje al hombre que revolucionó la historia sanitaria argentina y porque necesitamos que tarde o temprano reaparezca un debate sanitario para convertir nuevamente la Salud en una bandera social.

(*) Odontólogo, ex director del Hospital Dr. Ramón Carrillo de San Martín de los Andes.

Fuente: Va Con Firma