Hacia el 8M

Oigan, mujeres de las casillas, oigan
mujeres de la ruta, de los tinglados
y de los galpones, óiganme, mujeres
que hacen pastar al ganado y se queman al sol
como culebras, óiganme, las amo y las he amado,
siempre. Maternando en los colectivos, dando
oscura, agria leche, o tibia y dulce, las he visto
cubiertas de asfódelos, en mi memoria, aún
las afantasmadas, las idas, las difíciles figuras perdidas
en la noche del tiempo. He paseado
con ustedes, en trenes, las he visto
correr bajo la lluvia en altos tacones rojos, martirizadas
en la ardiente cocina del patrón, golpeadas, tiradas
en las banquinas, moliendo maíz, o sacando el piojo
al perro, al niño, al mono, sin muecas de asco
o de rencor hirviendo la carne, la sopa,
los trapos infectos de los enfermos, o quemando azúcar
ante el muerto o la tripa del hijo, o la mierda del ajeno.
Las he visto en las alcantarillas. Mi ciudad es una cartografía
del horror, el campo es una cartografía del horror, las casas,
las piezas, los puertos, los ríos, las fábricas, las iglesias son
una cartografía del horror. ¿Nos hemos acostumbrado?
¿Nos da pereza? No nos importa verlas secas, heridas, marcadas,
perdiéndose, los ojos vueltos hacia adentro, los puños
apretados, la flor de la mansedumbre y la resignación,
incubado por siglos el huevo de la vergüenza y la rabia ha parido
mujeres muertas. Pero yo en trenes, óiganme, en casillas,
óiganme, mujeres de los barrios altos, en los hornos, manejando
camiones, arando el campo, barriendo suelos ajenos en
hospitales, óiganme mujeres que en la noche, las amo
y las he amado. Aún tocadas por la codicia, el espanto,
la guerra, óiganme mujeres, soy la hermana que también,
si, no sé por qué o cómo, sí, también, se me tuerce la boca,
¿saben? Sí, yo también he sido el cuerpo donde ha caído la mano
equivocada, el palo, la humillación, la tensada cuerda del
desprecio. También he sido aquella vez en que me ahogaron,
ahogándome, quitándome del medio la palabra, el uso
del aire, la respiración cortada, el cuerpo una interrogación,
una oscuridad, un corte, también he sido lo que todas nosotras,
una noche, o un día, algún día, hermanas mías. Las amo
y las he amado. Yo he sido todas, he sido
yo, óiganme, mujeres del aire, de las casillas, de las rutas,
golpeándome las costillas, hemos sido todas una, invencibles,
unidas invisiblemente como las majadas por el trueno,
corriendo, de aquí para allá, haciendo dulzura, comida, lavando
hijos, trastos, hemos sido la fuerza de este mundo, la rotura
ardiente de nosotras echando vida. ¿Qué mal nos harán, hermanas?
Qué mal nos harán. Somos
un solo cuerpo vibrando.
Estamos a salvo.
Las amo, las he amado.

 

Fuente: Agencia Paco Urondo