orprendió anoche al mundo al anunciar que el presidente norteamericano, Donald Trump, aceptó una invitación del dictador norcoreano, Kim Jong-un, para reunirse a discutir sobre el polémico plan nuclear del régimen comunista. Sería el mayor paso de distensión en un conflicto que tiene en vilo a toda Asia y a Occidente.

La reunión, inédita entre dos mandatarios de esas naciones, se produciría en mayo próximo, según Seúl. Sin embargo, la Casa Blanca, que confirmó el anuncio, señaló que la reunión será “en un lugar y momento a ser definido”.

“Kim Jong-un habló sobre desnuclearización con los representantes surcoreanos, no sólo de congelamiento. También, que no habrá pruebas de misiles durante este período de tiempo. Se está haciendo un gran progreso, pero las sanciones se mantendrán hasta que se llegue a un acuerdo. ¡Se está planeando el encuentro!”, escribió anoche Trump en Twitter.

“Trump dijo que se reunirá con Kim en mayo”, agregó Chung, en el avance más significativo de las relaciones entre los dos países, enfrentados desde la llegada del republicano al poder por el acelerado desarrollo del programa nuclear norcoreano y las amenazas recíprocas de los dos gobernantes.

La vocera de la Casa Blanca, Sarah Sanders, confirmó la invitación y agradeció al gobierno del presidente surcoreano, Moon Jae-in. “Él [Trump] aceptará la invitación de reunirse con Kim Jong-un en un lugar y momento a ser determinados. Esperamos la desnuclearización de Corea del Norte. Mientras tanto, deben continuar todas las sanciones y la máxima presión” sobre Pyongyang, dijo Sanders en un comunicado.

El propio Trump había anticipado que el gobierno de Corea del Sur haría un “gran anuncio” en relación a Corea del Norte, aunque no dio ningún detalle sobre el contenido del mismo. Y fue el magnate republicano en persona, que trasladó la información a un grupo de periodistas que en ese momento se encontraba en la Casa Blanca.

Flexibilidad

Se trata de otro paso en la nueva línea diplomática de Kim, que viene exhibiendo signos de flexibilidad desde principios de año, cuando anunció la participación de atletas norcoreanos en los Juegos Olímpicos de Invierno que iban a tener lugar en febrero en Corea del Sur, a solo 70 kilómetros de la frontera común.

En su nueva agenda diplomática, Kim también tendrá una cumbre con el presidente surcoreano, en lo que será la tercera reunión entre las máximas autoridades desde el final de la Guerra de Corea (1950-1953).

Durante el encuentro de esta semana en Pyongyang, el régimen de Kim se mostró dispuesto a renunciar a su controvertido programa nuclear a cambio de garantías internacionales a su seguridad nacional, señalando sobre todo a Estados Unidos, al que considera su principal amenaza. Washington mantiene una masiva presencia militar en Corea del Sur, con cuyo ejército realiza frecuentes ejercicios conjuntos.

Hasta ahora, Estados Unidos se mostraba escéptico sobre las verdaderas intenciones de Pyongyang desde el comienzo del deshielo con sus vecinos de Corea del Sur, con la cual mantienen una de las fronteras más nutridas de armas del mundo.

Fuente La Nación