por María Beatriz Gentile* –

El paro de mujeres y la marcha del pasado 8 de marzo tuvieron en Río Negro y Neuquén nombres propios. El de Fernanda Pereyra en Rincón de los Sauces, el de Alejandra Zarza en la capital neuquina, el de Carina Apablaza y su hija Valentina en Las Ovejas, el de Laura Painefilú en Junín de los Andes, los de Ruth Sagaut, Natalia Baez, Gisell Monje, Laura Domínguez y AlenCoronado en Bariloche, el de Jesica Campos en El Bolsón, los de Zulema Walter y Silvia Vázquez Colque en Viedma.

Todas víctimas de femicidios cuyos autores en su mayoría están libres o prófugos o no han sido encontrados o directamente se los dejó de buscar.

También estuvieron las mamás. La de Micaela Bravo, la de Karen Alvarez y la de Emiliano Collueque. Lo hicieron junto la mamá de Verónica Villar, asesinada junto a Paula y María Emilia en tiempos en que se hablaba de triple crimen y no de triple femicidio. Y todas ellas fueron acompañadas por esas dos mamás de la plaza que llevan muchos años marchando por sus hijos y por los hijos de otros, la mamá de Oscar Ragni y la de Roberto Rigoni.

El territorio de la calle se disputó en cada esquina y en cada gesto. Las diferentes manifestaciones fueron construyendo su propio recorrido, señalando estaciones y reelaborando lugares de memoria colectiva en tono local.

En Bariloche el monumento de Julio Argentino Roca, emplazado en el corazón del Centro Cívico de la ciudad, fue vestido con un enorme pañuelo verde de la campaña por el aborto legal, seguro y gratuito. Una imagen poderosa que articula la larga duración en la historia argentina con el presente, desafiando ideologías y tradiciones.

En Cipolletti fue la emblemática Comisaría Cuarta – Centro de Detención Clandestina durante la dictadura de 1976- una de las paradas obligadas. Allí las mujeres policías que la custodiaban fueron sorprendidas por una manifestante que corrió hacia ellas y las besó una por una. Un gesto de vida para un lugar señalado por la muerte.

En Neuquén nombres propios de sacerdotes acusados y condenados por pedofilia y abuso sexual pintaron de negro el vallado con que se protegió a la catedral. En todas las ciudades del país el mensaje fue el mismo: repudio a la intervención de la Iglesia sobre los cuerpos y las vidas de las mujeres. Otra estación obligada fue el Tribunal Superior de Justicia, allí máscaras blancas colgaron recordando a las mujeres que murieron en el 2017. Y una necesaria parada fue frente al Comando del Ejército, “resistimos el terrorismo de ayer y de hoy” fue una consigna.

En todas partes el Movimiento de mujeres expresó una articulación muy amplia de derechos. Sin duda es hoy uno de los movimientos que, entre otras cosas, recupera la perspectiva política del concepto de ciudadanía, en el sentido de intervenir en la promoción de sus derechos en el marco de la comunidad política.

En los años ‘80 la noción cívica de la ciudadanía fue sobreestimada. El civismose presentó como sustento de una moralidad pública no corrompida por el corporativismo, el estatismo y todo aquello que atentara contra el interés individual del elector, contribuyente o vecino. La pérdida de la perspectiva política implicó también la devaluación de la noción de comunidad, de interés público y de bien común.

Por el contrario hoy y de manera similar a lo que significó el Movimiento de Derechos Humanos en la Argentina, en la diversidad y heterogeneidad de grupos sociales que se identificaron con este 8M fueron expuestas dos cuestiones que ayudan a repensar el civismo del siglo XXI: la primera es que si bien el concepto de ciudadanía no ayuda a mitigar la lucha de clases como pretendía T.H. Marshall, constituye un mecanismo capaz de articular sectores que conciben el interés público de diferente manera. La segunda, es que el “interés público” existe y se ejercita constantemente más allá del sufragio.

Por último y como escribió Mario Wainfeld “A primera vista el 8M se parece cada vez más a los actos del 24 de Marzo. Arraigan en el pasado, mientras interpelan y exigen por los derechos humanos de ayer, de hoy y de siempre”.

(*) Historiadora, ex delegada de la secretaría de Derechos Humanos de la Nación, decana de la facultad de Humanidades de la Universidad Nacional del Comahue.

Fuente: Va Con Firma
Foto: Archivo – Marcha 8M en SMA