por Carlos Lator * –

Felipe, Carlos, Héctor y Manuel. Cuatro militantes políticos y sociales del norte neuquino, víctimas de la última dictadura militar. No sólo tienen en común el lugar que los vio nacer, sino también los sueños de que era posible construir un mundo más justo y solidario. Sus biografías, ocultas durante muchos años, salieron a la luz en los juicios de la Escuelita en sus diferentes causas e instancias penales.

Eran jóvenes de la zona norte que en los años ‘70 no superaban los 30 años, hijos de crianceros y de familias trabajadoras que para forjarse un futuro mejor no tenían muchas alternativas: o ingresaban al seminario para ser curas, o se iban al valle a levantar la cosecha o -si tenían más suerte- se empleaban en YPF, una empresa que en esos años iniciaba su auge de producción. Su vinculación con la ciudad y con el mundo del trabajo urbano les despertó la vocación por las tareas comunitarias y el compromiso con los que menos tienen.

Felipe Evangelio Lara había nacido en Los Menucos (Villa del Curileuvú) y estaba casado con Margarita Gómez con quien tuvo dos hijos: Horacio y Carina. Alternaba su estadía entre Chos Malal y Neuquén por cuestiones de trabajo. En los barrios Sapere, Villa María y Bouquet Roldán llevaba a cabo su militancia social. Fue detenido el 26 de diciembre de 1977 en horas de la tarde por el Escuadrón 30 de Gendarmería Nacional con asiento en Chos Malal. Esa noche permaneció atado al elástico de una cama de hierro y, al día siguiente, el entonces Oficial de Inteligencia, Ramón Saboredo, de la Agrupación XII, lo trasladó a Neuquén capital en su auto particular.

Carlos Chávez era oriundo de Buta Ranquil y al momento de ser detenido, el 14 de junio de 1976, trabajaba en YPF en su sede de Plaza Huincul. Estaba casado y tenía una hija. Militaba en el PRT-ERP y colaboraba asiduamente con la iglesia católica en diferentes labores de interés barrial.

Héctor “Tito” Campos, era nativo de Chos Malal y al igual que Chávez, era operario de YPF y adhería a la misma fracción política. El 9 de octubre de 1975, fue asesinado en Tucumán junto a otras 13 personas en el marco del Operativo Independencia.

Manuel González, también de Chos Malal, había ingresado a YPF a comienzos de 1970. Fue seminarista en el Colegio Salesiano de Fortín Mercedes y aunque no tenía militancia partidaria, poseía una fuerte inclinación por el trabajo social. Vivía en Cutral Co, pero se desempeñaba en el comedor que la compañía petrolera tenía en Rincón de Los Sauces. El 30 de septiembre de 1977 un avión con efectivos militares aterrizó en el pueblo. Lo fueron a buscar, lo detuvieron y lo trasladaron al Batallón 161 de la ciudad de Neuquén.

Estos casos estaban condenados al olvido si no hubiera sido por el accionar de los organismos de derechos humanos y por sus propias familias que, después de muchos años, decidieron abandonar el miedo y reconstruir sus historias.

El 24 de agosto de 2007 la familia de Manuel González solicitó a la Justicia Federal de Neuquén que se investigue su desaparición. Grande fue la sorpresa del vecindario rinconense cuando se enteró que en esa localidad también había personas desaparecidas.

Ese mismo año, el sobrino de Felipe Lara, “Fito”, y su primo Horacio (hijo de Felipe) hicieron lo propio en la Justicia Federal de Zapala, después de una paciente investigación que les llevó años, atando cabos e interpelando al pasado con las nuevas preguntas del presente.

Durante bastante tiempo se elaboró un discurso oficial que sostenía que en Neuquén no era significativo lo que había ocurrido durante la última dictadura militar, y mucho menos en el interior de la provincia. Claro, es que el temor a las represalias, la falta de información, el aislamiento, y la carencia de medios de comunicación fueron abortando cualquier posibilidad de que estos hechos se hicieran públicos.

La anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final en el año 2003 también fueron la clave para que estos delitos se pudieran denunciar e investigar y  que sus autores fueran llevados a juicio.

En un momento donde la política de derechos humanos –de ayer y de hoy- está en riesgo, al extremo de que el presidente Macri las calificó de “curro”, es importante recuperar la identidad de estos sujetos sociales que en una época de la corta historia neuquina, tuvieron que pagar con su vida la decisión de profesar una idea o desafiar el orden establecido.

Como dice el profesor e investigador Hugo Vezzetti: “…el deber de la memoria en términos de la construcción democrática nos impone el reconocimiento de herencias, deudas y obligaciones que cimentan una vida social en común. Hay que restituir al pasado su compleja pluralidad, abrir los sentidos que lo habitan y que persisten disponibles para el porvenir…”

Esa es la ardua tarea que seguimos teniendo por delante: ¡¡Memoria, Verdad y Justicia!!

(*) Ex Intendente de Chos Malal

Fuente: Va Con Firma